Este 1º de Mayo, todo el país se llenará de pancartas para celebrar el Día Internacional del Trabajo. Un derecho universal que, sin embargo, sigue apartando las reivindicaciones específicas de las mujeres y sí se centra en las de los hombres, como si tuvieran un carácter global.
Según los últimos datos publicados por la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE) ofrecen una radiografía preocupante sobre la situación del empleo femenino en España. La tasa de paro entre las mujeres ha escalado al 12,72% en el primer trimestre de 2025, lo que se traduce en 1.479.000 mujeres desempleadas. Son 116.500 más que en el trimestre anterior y representan la mayoría del aumento total del desempleo, que alcanzó las 193.400 personas.

El dato no es aislado: España se consolida como el segundo país de la Unión Europea con mayor tasa de paro femenino, solo por detrás de Grecia, según datos de Eurostat. Mientras la media europea de desempleo entre mujeres es del 6,1%, en España se duplica.
Una recuperación que no llega para todas
A pesar de la recuperación económica general, las mujeres no se benefician de manera equitativa. La economista y experta en género María Ángeles Durán señala que “el mercado laboral sigue siendo ciego al género. Las mujeres continúan sufriendo mayores tasas de temporalidad, parcialidad involuntaria y desempleo estructural”.
Las mujeres están sobrerrepresentadas en sectores de alta precariedad, como los cuidados, la hostelería y el comercio. Por contra, están subrepresentadas en sectores estratégicos y mejor remunerados como el tecnológico. En este, la tasa de desempleo entre mujeres formadas en ciencia o ingeniería alcanza el 9,7%, una de las más altas de la UE.

La feminización de los cuidados también impacta directamente en la empleabilidad. Muchas mujeres abandonan el mercado laboral o se ven obligadas a aceptar empleos a tiempo parcial para atender responsabilidades familiares. Según el INE, el 93% de las excedencias para el cuidado de hijos o familiares las solicitan mujeres.
La brecha salarial sigue sin cerrarse
El salario medio de las mujeres en España continúa siendo inferior al de los hombres. La última Encuesta de Estructura Salarial del INE sitúa la brecha en el 17,09%. Esto significa que, de media, las mujeres cobran casi 5.000 euros menos al año que los hombres por realizar trabajos equivalentes. La diferencia se agrava en los sectores privados y en los tramos altos de edad y responsabilidad.
“Las mujeres están sistemáticamente infravaloradas en el mercado laboral, tanto en lo simbólico como en lo económico”, afirma Carmen Castro, doctora en Economía y fundadora de la plataforma feminista feminismoigualdad.org. “La brecha salarial es la manifestación más visible, pero detrás hay un sistema que penaliza la maternidad, el cuidado y la conciliación como si fueran decisiones individuales y no responsabilidades sociales”.

Un problema estructural y persistente
No se trata de una anomalía temporal. En las últimas dos décadas, la tasa de paro femenina ha sido consistentemente más alta que la masculina, incluso en periodos de crecimiento económico. Además, la contratación indefinida para mujeres sigue siendo más baja y la parcialidad forzada más elevada. De las personas que trabajan a tiempo parcial sin desearlo, el 62% son mujeres.
“Estamos ante un fenómeno estructural que requiere intervenciones profundas, no parches temporales”, subraya Pilar Gómez Rodulfo, técnica de políticas de igualdad en UGT. “Es urgente revisar los incentivos fiscales y laborales, garantizar el acceso igualitario a la formación, fomentar la corresponsabilidad desde edades tempranas y reforzar la Inspección de Trabajo para combatir la discriminación salarial”, añade.
Una desigualdad laboral que nos aleja de Europa
La comparación con la Unión Europea evidencia el rezago de España en materia de igualdad laboral. Mientras países como Suecia, Países Bajos o Alemania han reducido la brecha de empleo entre mujeres y hombres, España mantiene una diferencia de casi 11 puntos en la tasa de actividad.
Además, la incorporación de mujeres al mercado laboral está fuertemente influida por el nivel socioeconómico: la participación laboral femenina es mucho más baja entre las mujeres con menos estudios o en entornos rurales, lo que acentúa la desigualdad de clase y territorio.

Un 1 de mayo con mirada feminista
En este Día del Trabajo, múltiples organizaciones feministas y sindicatos han convocado actos específicos para visibilizar la situación del empleo femenino. El lema más repetido: “Igualdad en el trabajo, ya”.
La ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha reconocido en una reciente comparecencia que “el empleo digno y en igualdad para las mujeres es una prioridad del Gobierno”. Entre las medidas previstas para 2025 destacan la reforma de los permisos de paternidad para fomentar la corresponsabilidad, planes de igualdad obligatorios para las pymes y sanciones más duras para empresas que mantengan brechas salariales injustificadas.
Sin embargo, desde las asociaciones de mujeres trabajadoras se insiste en que las promesas deben convertirse en acciones. “No podemos esperar más. La igualdad laboral es una cuestión de justicia, no de eficiencia económica”, afirma con rotundidad María Recuero, secretaria general de UGT Mujeres.
Conclusión: igualdad laboral, una deuda pendiente
Los datos de esta EPA son un recordatorio de que, a pesar de los avances legislativos y sociales, las mujeres siguen en desventaja en el mundo del trabajo. La desigualdad no es solo una brecha en los datos, es también una realidad cotidiana que impacta en la autonomía económica, la salud mental, las pensiones y las oportunidades de futuro de millones de mujeres en España.
Este 1 de mayo, la reivindicación feminista vuelve a poner sobre la mesa una verdad incómoda: la igualdad laboral sigue siendo una promesa incumplida.
