‘Charo’. Así, sin más. A simple pronunciación, el término parece inofensivo, hasta doméstico podría decirse. ‘Charo’, repites. Y se mantiene la cotidianidad de las dos sílabas, habituales en generaciones del babyboom. Sin embargo, lo que era un apodo común, se ha convertido en el siglo XXI en la punta de lanza de una maquinaria digital que ridiculiza y silencia a las mujeres que opinan en público. Atención a esto.
El nuevo informe del Observatorio de la Imagen de las Mujeres (OIM) destapa la anatomía completa de este fenómeno, rastrea su origen, su expansión por la ‘manosfera’ y su analiza pormenorizadamente su consolidación como uno de los insultos preferidos del antifeminismo en redes.

‘Forocoches’, el origen
La investigación, que ha publicado en un informe titulado ‘El uso del término ‘Charo’ en la cultura del odio’, sitúa el primer uso documentado del término en 2011, y, concretamente, en el foro digital ‘Forocoches’. Entre las conversaciones y los chats, ‘Charo’ se definía como la caricatura de una mujer soltera o divorciada, mayor de 30 años, “amargada”, funcionaria y con gustos culturales supuestamente estereotipados.
En el fondo, una figura grotesca diseñada para ser objeto de burla. Sin embargo, con el tiempo, aquel perfil primario evolucionó, creció y se diversificó, dando lugar a palabras derivadas como charocracia, charía o charear, y un léxico paralelo que ha terminado funcionando como código interno entre comunidades misóginas.

El informe de OIM no solo se desmonta el fenómeno, sino que lo coloca en su ecosistema natural que promulga el machismo y la dominancia del hombre. Se trata de la ‘manosfera’, es decir, la red heterogénea de blogs, foros, canales de YouTube, perfiles de X y espacios digitales en los que conviven desde men’s rights activists hasta incels, pasando por troles, conspiracionistas y colectivos de extrema derecha.
Y lo que comparten es una narrativa común basada en la idea de que el feminismo ha arrebatado privilegios masculinos y que las mujeres que defienden la igualdad son una amenaza. En ese marco, ‘Charo’ opera como un significante total que concentra resentimientos, miedos y fantasías de pérdida de poder.
El término ‘Charo’ se emplea en la denominada ‘manosfera’, espacios digitales en los que se promulga el machismo.
El discurso machista, más agresivo
Junto a esa situación, el informe plantea un análisis clave para entender la dimensión real del problema, a través de las quejas ciudadanas recibidas por el organismo en los últimos cinco años y que muestran un repunte del discurso patriarcal más agresivo.
Pero, además, sitúa el acoso y las campañas de desprestigio, especialmente contra mujeres con voz pública —periodistas, políticas, activistas, creadoras, incluso víctimas de violencia de género— en niveles de virulencia inédita. Por ejemplo, se apoya en casos reales como los ataques masivos contra Cristina Fallarás, Silvia Intxaurrondo o figuras políticas como Irene Montero o Pilar Alegría.
En todos ellos, el término ‘Charo’ funciona como una especie de llave universal para desacreditar la palabra de una mujer en cuanto se pronuncia desde un lugar de autoridad o pensamiento propio.

No se esconden
Lo más llamativo de todo lo anterior es que, a diferencia de insultos abiertamente agresivos, ‘Charo’ se usa sin tapujos en redes, medios y cuentas de influencers gracias a su aparente inocuidad. De ahí que se haya convertido en un arma de uso masivo. De hecho, basta un simple “ok, Charo” para tratar de desactivar un argumento feminista.
Desde ahí, el insulto actúa como mordaza simbólica. Eso significa que no se refuta lo que dice la mujer sino que se ridiculiza su figura. Ese mecanismo, según el informe, forma parte de un objetivo más amplio que pretende expulsar a las mujeres del espacio público digital y restaurar una masculinidad hegemónica que se siente amenazada por la igualdad.
Está claro que la normalización del término ha provocado un fenómeno preocupante porque su uso se ha extendido a todas las mujeres que opinan y ya no se dirige únicamente a figuras públicas. Ahora cualquier mujer que defienda derechos humanos, igualdad salarial o denuncie violencias machistas puede ser etiquetada como ‘Charo’.

Apropiación del término para darle la vuelta
El informe alerta, además, de su impacto en las generaciones jóvenes al asociar ‘Charo’ a una mujer supuestamente “no deseable”, “amargada” o “ridícula”, lo que impide que chicas y chicos se identifiquen con referentes feministas positivos.
Sobre todo porque la palabra reduce la participación pública de las mujeres a un chiste, lo que deteriora la transmisión intergeneracional del feminismo y devalúa los logros alcanzados. Sin ir más lejos, lo que parece humor es, en realidad, un mecanismo eficaz para erosionar derechos y desactivar voces críticas.
El movimiento feminista se ha apropiado del término ‘Charo’ y lo utiliza con ironía.
No obstante, el feminismo ha reaccionado al insulto con inteligencia y lo ha resignificado, apropiándoselo y convirtiéndolo en bandera. Por ejemplo, el informe recoge el de una figura relevante en redes feministas como es ‘Barbijaputa’. Ella, en su cuenta X, publicó en un menaje: «Ya tenemos nueva forma de llamarnos entre nosotras: CHARO’».
También, el de la periodista María Sánchez Díez, autora del tuit que dio origen a esa cadena a la cadena de hashtag #JeSuisCharo, convirtiendo el insulto en una herramienta de afirmación colectiva. Y, prácticamente, en una batalla por la igualdad que, como dice el informe, también se libra en los matices del lenguaje y en las palabras que intentan expulsar a las mujeres.
