Quizá sea el uniforme, la experiencia o una combinación de ambas lo que hace que Rosa Santana hable con absoluta seguridad sin rehuir ningún tema. Tiene claro que sin sensibilidad y cercanía es imposible realizar su labor dentro de la Unidad de Violencia de Género de la Policía Local de Getafe, de la que se siente muy orgullosa.
Por eso, asume como natural llevarse en la cabeza a las mujeres y a los niños que atiende cuando acaba su jornada. Imposible lo contrario.
PREGUNTA: Rosa, tú que eres de las primeras mujeres en incorporarse a la Policía Local de Getafe. Supongo que se han producido cambios en estas casi tres décadas, ¿no?
RESPUESTA: Cuando empezamos a llegar nosotras, en el 97, era un cuerpo anclado en el régimen anterior. Ahora, sin embargo, es un cuerpo moderno con nuevas perspectivas, preparado para atender delitos de odio, de violencia de género, de medio ambiente; hay agentes tutores que hacen seguimiento e intervención en los colegios. Son temas que, en aquel momento, no se tocaban, porque la Policía estaba dedicada exclusivamente a Tráfico y a Seguridad Ciudadana, básicamente. Ahora, hay mucha sensibilidad y mucha implicación social.

P.: ¿Y esa sensibilidad, entiendo, es fundamental para tratar temas de violencia de género, que es de lo que te ocupas ahora?
Sí, desde luego. Para empezar, te implicas con las víctimas, porque el trato es muy cercano. Aunque desde fuera haya gente que diga que no nos importan las mujeres, hay casos que te calan y en los que te implicas personalmente para poder ayudar. Aunque sabes que tienes que poner tierra de por medio, porque termina afectándote psicológicamente, lo haces, sobre todo, si se trata de situaciones extremas o de alto riesgo.
P.: ¿Crees que hay mucha crítica injustificada sobre vuestro trabajo?
R.: Mira, nosotros ahora somos siete personas en la Unidad de Violencia de Género -cuatro mujeres y tres hombres-, y te puedo decir que el trabajo que hacemos con las víctimas y el trato que les damos es buenísimo. Hacemos localización, acompañamiento, asesoramiento. Hacemos todo lo que podemos hacer, y por su parte no hay ninguna queja. Al contrario, ellas nos felicitan. Te digo más, la Policía Nacional nos ha llamado varias veces para que nos ocupemos de una víctima, por petición de la propia mujer.
P.: ¿Cómo te enfrentas a un caso de violencia de género?
R.: Lo primero, has de situarte un poco al margen para hacer bien tu trabajo y aplicar todos los protocolos. El primer paso de la intervención es separar a la víctima del agresor, después asesorarla y evitar que se arrepienta de denunciar. Hay víctimas vulnerables que no quieren ver detenido a su agresor, o porque no tienen a dónde ir, o porque te dicen que es el amor de su vida. Y ahí tienes que vértelas para solucionar el tema teniendo en cuenta que en violencia de género no existe la mediación.

P.: ¿No?
R.: No. El protocolo es claro y él va detenido. Alguno dirá que las mujeres también pegan a los hombres. No digo que no, pero en esos casos, yo detengo a los dos y luego decide el Juez. Pero en el día a día, sabes detectar perfectamente esas situaciones y sabes diferenciarlas de una de violencia de género, que son la mayoría que se producen cuando un hombre agrede a una mujer.
P.: ¿Y si hay menores?
R.: Pues si hay menores y se quedan solos porque la madre tiene que ir a un hospital, se busca a la familia. Si no, los llevamos a un centro de acogida.
P.: Rosa, ¿tú crees que hay más violencia de género o más denuncias por estos delitos?
R.: Mi opinión es que se denuncia más, porque se ha visibilizado el problema y las mujeres están más concienciadas. La Ley de 2004 sobre Violencia de Género fue importantísima y sigue siéndolo, tanto para las mujeres españolas como para las migrantes que vienen con mentalidades más tradicionales y ven que aquí no se ve ‘normal’ lo que les pasa cuando su pareja las maltrata. Al contrario que ellos, porque el hombre que viene de fuera, si maltrataba en su país, también lo hace aquí. Es verdad que la Ley no se ha modificado en 20 años y necesita algún cambio, pero ha marcado un antes y un después.

P.: ¿Qué caso o casos te han impactado especialmente?
R.: Recuerdo varios. Uno, el de una mujer de 73 años que me recordaba a Ana Orantes. Nos contó que su marido la violaba, que la molía a palos en mitad del campo donde vivían y así aguantó toda la vida, retirando las denuncias que ponía.
También, me acuerdo especialmente de una mujer polaca, muy trabajadora. Su hija tenía 24 años, y cuando acabó Derecho, le planteó denunciar las palizas que le daba su padre. Lo que se me quedó grabado de aquella mujer fueron sus ganas de salir adelante y su determinación a no pasar ni una más, ahora que su hija tenía un porvenir. Tuvimos que ponerle protección porque cuando se emborrachaba, la esperaba en el garaje, pero ahora nos llama de vez en cuando y nos cuenta lo bien que está.
Y luego está el caso de Carolina, la mujer asesinada en Getafe en 2023. Eso fue terrible. Cuando pasa, se te cae el alma a los pies y te preguntas en qué hemos fallado. Pero es que es imposible proteger a una mujer las 24 horas.
«La violencia de género no va a acabar nunca. Es como decir que vas a acabar con los robos».
P.: Carolina sí había denunciado.
R.: Sí, efectivamente, pero si nos fijamos en las cifras, vemos que estas situaciones, los asesinatos, se producen más entre las mujeres que no han denunciado. A ver, es que estar detenido y pasar por el calabozo o por el juzgado, siempre impone. Por eso es tan importante que las mujeres denuncien, es la única forma para que el sistema se ponga en marcha y evitar lo que no queremos que pase.
P.: Debe ser frustrante estar siempre en la parte más profesional de este tema, ¿no?
R.: Pues siempre siempre no eres tan profesional. Hay veces que te puede la rabia y, emocionalmente, se te va de las manos, pero tienes que poner distancia aunque te cueste. Por ejemplo, cuando te enfrentas a un maltratador que no quiere hablar con una agente, por el hecho de ser mujer.
P: Volviendo al cuerpo y sobre el hecho de lo que implica ser mujer, ¿todos los altos mandos son hombres?
R.: A ver, ser mujer en la Policía es complicado, no hay que negarlo. Es un cuerpo tradicionalmente masculino en el que han ido entrando una o dos mujeres por promoción. Y, luego, para promocionar, también, porque están las necesidades familiares. Pero quiero pensar que esto va a ir cambiando, aunque vaya despacio. De hecho, en nuestro municipio gobierna una mujer, tenemos un montón de concejalas, la jueza de Getafe de violencia de género es mujer y es un portento. En fin, que hay muchas cosas que hacen pensar que todo va a cambiar más.
«A veces sientes mucha rabia cuando te encuentras con un maltratador que se niega a hablar con una agente por el hecho de ser mujer».
P.: ¿Crees que algún día desaparecerá la Unidad de Violencia de Género por innecesaria?
R.: Yo creo que la violencia de género no va a acabar nunca. Eso es como decir que vas a acabar con los robos. Es que los hombres que son maltratadores no se identifican como tal, y si lo hacen, en muchos casos es porque quieren salir de prisión. Quizá haya alguno recuperable, pero no es una generalidad.
P.: Por último, ¿dirías que el ser Policía es un trabajo que recomendarías a las chicas que están pensando a qué dedicarse?
R.: Desde luego, porque es un buen trabajo. En ese sentido, creo que tenemos que apoyarnos entre nosotras y crear un ambiente de sororidad con las nuevas compañeras que entran.
