España, principios de los años 70. El país bosteza bajo el peso de una dictadura que languidece, pero que aún mantiene sus garras firmemente clavadas en la vida cotidiana de las mujeres. En este escenario, la Sección Femenina de la Falange dicta el manual de la «buena española», una mujer abnegada, silenciosa y confinada al ámbito doméstico.

Pero en los márgenes de esa norma, en campos de tierra y barrios obreros como Villaverde, un grupo de jóvenes decidió que su lugar no estaba frente al altar ni en la cocina, sino persiguiendo un balón.
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