ARTÍCULO DE OPINIÓN/ «Una DANA sin precedentes, daños incalculables, un número inasumible de fallecidos y un descontento social que no deja de crecer.
Las catástrofes naturales ponen a prueba, al menos, tres aspectos de una sociedad: la capacidad de prevención de sus gobernantes, la capacidad de reacción de sus servicios públicos y la utilidad de sus representantes políticos. El primer aspecto suele saltar al debate público cuando falla, el segundo revela cómo se ha cuidado e invertido durante los últimos años lo público, mientras que el tercero se construye sobre el terreno. Detengámonos sobre este último.
Lo que hoy está en disputa es quienes son parte de la solución y quienes son percibidos como un estorbo. Sobre algo tan sencillo como esto late, en circunstancias como la que estamos viviendo, la definición de las fronteras del pueblo. «Sólo el pueblo salva al pueblo», rezan las pancartas y los mensajes en redes sociales. Pero ¿quiénes son considerados como parte del pueblo y quienes no? Esta es la cuestión que lamina nuestro tiempo (de crisis orgánica) y que condiciona el sentido político que se le dé a la crisis valenciana.

Cuando Los Reyes, el Presidente del Gobierno y el Presidente de la Generalitat visitaron la zona cero fueron recibidos con barro y abucheos porque se les concebía como un estorbo, como algo ajeno a la solución. Esto es algo que se construye políticamente, apela a los sentimientos y no entiende de institucionalidades o competencias. Por eso, los operadores ultras no han parado de alimentar la máquina de la confusión y la desinformación desde el primer momento, no dudando en emplear fake news, granjas de trolls en redes sociales y escuadristas violentos para surfear el descontento popular, dibujar a un enemigo e inocular odio. El malestar es legítimo y ya estaba ahí, lo que están tratando los ultras es de darle su sentido: un sentido reaccionario.
«El malestar es legítimo y ya estaba ahí, lo que están tratando los ultras es de darle su sentido: un sentido reaccionario«
Sin embargo, hay margen para construir utilidad en un sentido democrático. Es la política de los hechos concretos, de la cercanía y de las soluciones. La que entiende la comunidad como una alianza entre lo público y la sociedad civil organizada, en este caso mediante redes de voluntariado y apoyo mutuo. La que convierte la solidaridad en hechos y los hechos en orgullo colectivo por ayudar a quien más lo necesita porque, como decían, La patria es el otro.

Un ejemplo lo hemos visto con la política municipal, en Alcorcón, donde desde el primer día se organizaron brigadas de bomberos voluntarios que el jueves ya estaban saliendo hacia las zonas afectadas y no han parado de trabajar ni un solo día. También cómo su empresa pública, ESMASA, se ha puesto al servicio de la enorme ola de solidaridad de las vecinas y vecinos, dándoles espacios para practicar voluntariado e infraestructura para gestionar la recogida masiva de ayuda. Algo, por cierto, que sin la voluntad política de su equipo de gobierno no sería posible, especialmente del concejal de Seguridad Ciudadana, David López, y la teniente de alcaldesa, Raquel Rodríguez, que han gestionado sus áreas bajo el principio de actuar y poner facilidades (medios, espacios y recursos) a quienes quieren ayudar.
«Quien cometa el error de enredarse en un complejo laberinto burocrático estará entrando en una vía muerta. Las soluciones están sobre el terreno, no en los despachos»
Porque es el momento de ser útiles. Es lo que exigen tanto la sociedad valenciana como la española. Quien cometa el error de enredarse en un complejo laberinto burocrático estará entrando en una vía muerta. Las soluciones están sobre el terreno, no en los despachos.
Hechos en vez de palabras, acciones en vez de declaraciones, ejemplos en vez de lecciones y soluciones en vez de problemas. Ahí está el espacio para darle una respuesta a una tragedia que todavía nos tiene conmocionados, pero también para reconstruir la confianza en una política democrática que debería ser percibida no sólo como justa, sino también como útil.»
David Comas es politólogo por la Universidad Complutense de Madrid, con máster en Liderazgo por la Universidad Carlos III y Máster en Política Mediática por la UCM. Ha trabajado como analista político, jefe de estrategia y director de campañas electorales
