Anoche, mientras Ángeles Caballero presentaba Orfidal y Caballero en el Espacio Mercado, tuve la sensación de estar asistiendo a un regreso. No a un retorno físico —Ángeles nunca ha dejado de ser de aquí—, sino a un regreso emocional: el de una mujer que escribe desde la herida, desde el bolsillo, desde la carcajada que viene justo después de llorar.
A su lado el actor, Raúl Tejón, también getafense, la acompañó con la complicidad de quien entiende que la clase no es un concepto sociológico, sino una forma de mirar el mundo.
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