María tenía 33 años, dos hijos menores y llevaba aproximadamente un año sometida a un control constante, al aislamiento y al maltrato cuando murió el 3 de septiembre de 2024 en Madrid. El Ministerio de Igualdad la reconoció como víctima mortal de violencia de género. No solo por como murió, sino por todo lo que vivió antes.
Este miércoles, un jurado popular de la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado al hombre que la mató por homicidio con dolo eventual, descartando el asesinato que pedían tanto la fiscalía como la acusación particular. La familia ha anunciado que recurrirá el fallo.

Sin denuncias previas
Es conocido que la violencia de género no empieza con el acto que mata. Comienza mucho antes empelando el control, la humillación y el miedo. La Fiscalía lo tuvo en cuenta y acreditó que el acusado, Yeunel C.F., sometió a María a episodios reiterados de dominación física y psicológica a lo largo de su relación.
La controló el móvil, la aisló de su familia y la utilizó como sostén económico dentro de una dinámica de sometimiento. María nunca llegó a denunciar, como ocurre en tantos casos de violencia machista, lo que explica que no existiera orden de protección ni expediente en el sistema VioGén en el momento de su muerte.
Su silencio no era conformidad, sino miedo, de ahí que el Fiscal solicitara 28 años de prisión solo por maltrato habitual, además de conducción temeraria y asesinato, con las agravantes de parentesco y de género. La Comunidad de Madrid también se personó en la causa por tratarse de un caso de violencia machista.
Con todo, el jurado, sin embargo, optó por la figura del homicidio y descartó que el acusado actuara bajo los efectos de las drogas.

La dejó en el suelo porque «no era tan grave»
Durante el juicio, el procesado reconoció haber abandonado el lugar tras atropellarla porque, según sus propias palabras, la vio «con los ojos abiertos» y consideró que el golpe que sufrió contra la acera no era «tan grave».
En la primera sesión, el tribunal visualizó un vídeo grabado por una vecina desde su ventana que muestra cómo María se situó delante del vehículo del condenado gritando que parara. Ese fue el momento en el que el acusado aceleró con ella aferrada a la puerta del copiloto y la arrastró durante varios metros antes de darse a la fuga.
Una violencia que venía de antes
La tarde del 2 de septiembre de 2024, tras una discusión, el acusado abandonó el domicilio en el distrito madrileño de Puente de Vallecas y se dirigió a su vehículo. María lo siguió e intentó detenerlo colocándose frente al coche.
El hombre abrió entonces la puerta del copiloto —lo que hizo pensar a María que podía subir— y arrancó de repente a gran velocidad mientras ella quedaba colgada de la puerta. A continuación realizó maniobras bruscas, con volantazos y circulando sobre la acera, hasta frenar en seco. Eso provocó que María saliera despedida y sufriera un fuerte golpe en la cabeza. El acusado se marchó sin prestarle ningún auxilio.
La investigación sostiene que el acusado actuó con intención de causar la muerte o, como mínimo, asumiendo esa posibilidad.
María presentó múltiples lesiones y un traumatismo craneoencefálico grave que derivó en muerte encefálica al día siguiente. La investigación sostiene que el acusado actuó con intención de causar la muerte o, como mínimo, asumiendo esa posibilidad. Fue detenido el mismo día de los hechos y permanece en prisión provisional desde el 5 de septiembre de 2024.
María deja dos hijos menores de edad, además de sus padres y hermanos, quienes han reclamado indemnizaciones por los daños sufridos. La aseguradora del vehículo ha consignado más de 380.000 euros en concepto de responsabilidad civil.
