El Papa León XIV ha criticado este lunes ante el Congreso de los Diputados la «descalificación permanente del adversario» y ha abogado por «una justa delimitación del poder público».
«Dentro de las propias sociedades es urgente construir una cultura de la reciprocidad. La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz», ha asegurado el Pontífice.
A su vez, ha invitado a los diputados a «desarmar el lenguaje» porque «la firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación».

Además, «sin confundir el plano jurídico con el moral», ha abogado por «una justa delimitación del poder público» y por «límites morales del poder».
«Ser libre no significa únicamente estar libre de coacciones o disponer de muchas posibilidades de elección; significa poder reconocer el bien y adherirse a él responsablemente. Por eso -ha agregado-, toda sociedad efectivamente libre requiere también una justa delimitación del poder público, de modo que la libertad de las personas, de las comunidades y de las asociaciones no sea indebidamente restringida», ha subrayado.
La migración, en «la conciencia de las naciones»
También ha avisado de que «el trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional» y «exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos».

En este sentido, ha afirmado que hay una «doble exigencia de justicia social: ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración».
«Numerosos hombres, mujeres y niños se ven obligados, por circunstancias muchas veces dramáticas, a partir de sus comunidades y dejar atrás seres queridos, historias y vínculos. Esta realidad rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica: constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica. Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos», ha aseverado.

Siete minutos de aplausos
Tras el discurso de media hora del Jefe de Estado del Vaticano, los diputados y senadores congregados en el Salón de Plenos del Congreso han ovacionado durante siete minutos de aplausos y vivas el discurso pronunciado por León XIV, el primero que da un Pontífice en la sede de la soberanía nacional. Lo han hecho todos salvo algún caso aislado como la portavoz de Junts, Miriam Nogueras, que ha optado por no aplaudir.
Robert Prevost ha entrado en el Salón de Plenos acompañado de la presidenta del Congreso, Francina Armengol, y el del Senado, Pedro Rollán. Todos los presentes le han recibido puesto en pie, pero no todos han aplaudido a su llegada.
Entre los que han optado por no hacerlo estaban el portavoz adjunto de Sumar, dirigente de Izquierda Unida y secretario general del Partido Comunista de España (PCE), Enrique Santiago, y los también diputados de IU Nahuel González y Toni Valero.

El discurso de Armengol
Sin embargo, los tres han aplaudido después el discurso de Armengol, igual que han hecho los demás portavoces parlamentarios y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, si bien el líder de Vox, Santiago Abascal, sólo se ha unido al final con unas palmadas contadas y no lo han hecho sus compañeros de bancada.
Tras el discurso, todos se han vuelto a poner en pie y le han reconocido con aplausos, pero no así Nogueras, que en el saludo previo había instado a León XIV a hablar en catalán en Barcelona. Sí ha aplaudido al Papa el portavoz de Junts en el Senado, Eduard Pujol.
El aplauso se ha prolongado durante siete minutos con la mayoría del hemiciclo puesto en pie y se han escuchado varios vivas al Papa.
