La emblemática fuente de Neptuno de Madrid ha sido sometida a una restauración ‘exprés’ en los últimos meses debido a los procesos de alteración derivados de su ubicación en una zona de tráfico intenso y de la exposición a agentes ambientales como la lluvia, el viento y los cambios de temperatura.
Entre las patologías detectadas en el monumento se encontraban alteraciones en los morteros de reintegración y juntas, fisuras en la piedra, presencia de sales y biodeterioro causado por líquenes y musgos.
Los trabajos desarrollados por el Ayuntamiento de Madrid han permitido una limpieza en profundidad del conjunto escultórico, la consolidación de los materiales y la eliminación de depósitos perjudiciales, garantizando así su conservación a largo plazo.

Antes de iniciar la restauración, se llevaron a cabo estudios previos en la fuente de Neptuno para caracterizar los materiales y analizar el estado de deterioro del monumento, con el objetivo de asegurar una intervención respetuosa y eficaz.
La Dirección General de Patrimonio Cultural y Paisaje Urbano del Ayuntamiento de Madrid ha liderado esta actuación en el marco de sus competencias en la preservación y puesta en valor del patrimonio histórico municipal.
Camino de los 239 años
La Fuente de Neptuno es uno de los monumentos más icónicos de la capital y forma parte de la ordenación del Salón del Prado, que incluía tres fuentes principales: Cibeles, Apolo y Neptuno. Tan emblemática es su presencia en el centro de la capital que a la plaza donde se ubica se le da popularmente el nombre de plaza de Neptuno pese a que su verdadera denominación es plaza Cánovas del Castillo.

En 1780, el arquitecto Ventura Rodríguez realizó los estudios preliminares y firmó el proyecto de la fuente. Un año después, el adornista Miguel Ximénez ejecutó dos modelos de madera adornados con cera para definir el diseño final.
La construcción de la fuente de Neptuno, que ahora ha afrontado su restauración, fue encargada al escultor Juan Pascual de Mena, pero debido a su avanzada edad, su discípulo José Arias fue quien esculpió la figura de Neptuno y los caballos.
Tras el fallecimiento de Pascual de Mena, la obra quedó inconclusa, por lo que José Rodríguez, Pablo de la Cerda y José Guerra completaron la concha que sirve de carroza al dios del mar, el agua y los delfines. La fuente quedó finalmente terminada el 30 de octubre de 1786.
