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Tras el fenomenal partido jugado frente al Betis, el Getafe perdió chispa ofensiva en su juego de ataque, la misma que ha vuelto mostrar el  con la entrada de refresco de los dos futbolistas

GETAFE/ 3 ABRIL 2019/ El Getafe es el noveno equipo de la competición con más goles anotados. Este dato, contrastado con ser el tercer equipo que menos goles encaja, apunta que los de Bordalás son un equipo que sabe rentabilizar sus ofensivas sin desproteger la retaguardia. Bajo este orden de prioridades, se elabora un rigor táctico que muchas veces encorseta a las posiciones de ataque de equipo, a las que exige verticalidad para el aprovechamiento de los espacios y potencia física para imponerse en las disputas.

Estas claves señaladas suelen dejar poca cabida para otro tipo de futbolistas que sobresalen por aspectos como la precisión en el juego asociativo, necesario a la hora de sortear defensas ordenadas y replegadas. Los marcados rasgos del equipo han hecho que en ocasiones, como la del partido contra el Leganés, el equipo no encuentre alternativas para sorprender a su rival cuando la necesidad de gol acucia. El ahínco del Getafe a veces no es suficiente sin creatividad, por lo que para este equipo, tal y como se ha visto en el último partido frente al Espanyol, se requiere el toque y la inteligencia de Portillo y Jorge Molina. El plan A del Getafe mejora con ellos; el plan B de las urgencias futbolísticas no existe sin ellos.

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Bordalás sacó una nueva idea de su repertorio

Con el marcador en contra y tras los precedentes fallidos, el técnico azulón probó una idea un poco más radical de su juego de ataque para obtener resultados diferentes. El inquebrantable 4-4-2, que permite al Getafe mantener siempre un jugador a la espera de remate, se modificó ligeramente para crear espacios en una defensa rival encerrada para parar los recursos habituales de los azulones.

Con Portillo y Jorge Molina tirados al costado derecho de su ataque para hacer asociación y Mata abierto a la banda izquierda para hacer lo propio, el Getafe hizo el campo más grande. Con un grado de paciencia mayor que el que acostumbra, los jugadores combinaban en superioridad numérica gracias a las incorporaciones de los laterales y un Maksimovic envalentonado por el carril central. El papel del único de los delanteros dispuesto en el hábitat propio de ‘nueve’, Ángel, era el de hallar el hueco en una línea defensiva con excesivo espacio entre sus miembros, al intentar abarcar el ancho del terreno de juego.

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Con Molina y Portillo fabricando juego y sorteando rivales, las oportunidades nacieron y una acabó prosperando para dar el merecido empate. El punto conseguido, de por sí útil, esconde un interesante intervalo de juego que a medio plazo puede aportar mayores premios para un bloque hambriento y un entrenador inconformista con las posibilidades de su pizarra.

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