Las borrascas de marzo de 2025 dejaron una huella importante en la Comunidad de Madrid. No solo por la lluvia acumulada, sino por el desbordamiento de cauces, las evacuaciones preventivas y los daños en viviendas, garajes, sótanos, vías públicas e infraestructuras. Ahora, más de un año después, la Confederación Hidrográfica del Tajo ha puesto en marcha obras de emergencia en varias presas del río Alberche, entre ellas la presa de Picadas, en la Comunidad de Madrid.
La actuación forma parte de un paquete de reparaciones en las presas de Burguillo, en Ávila; Picadas, en Madrid; y Cazalegas, en Toledo, afectadas por las avenidas provocadas por las borrascas de 2025. Las obras fueron declaradas de emergencia y cuentan con un presupuesto total de 3 millones de euros, según ha informado la CHT.

El impacto de las borrascas en Madrid
El episodio de marzo de 2025 fue especialmente intenso. La Comunidad de Madrid llegó a solicitar al Gobierno central la declaración de zona gravemente afectada por una emergencia de protección civil para los municipios perjudicados por las lluvias. Según el Ejecutivo regional, desde el 5 de marzo, hasta 116 municipios resultaron afectados y se gestionaron 1.007 expedientes relacionados con inundaciones en viviendas, garajes, sótanos, vías públicas, edificios e infraestructuras, además de rescates de personas atrapadas.
La cadena de borrascas dejó además el Plan INUNCAM activado en varias ocasiones, con reuniones diarias de coordinación entre Emergencias 112, los ayuntamientos afectados y los dispositivos de seguimiento de los ríos.

Las Sabinas, el punto más vulnerable entre Móstoles y Arroyomolinos
Uno de los episodios más delicados se vivió en el entorno del río Guadarrama, especialmente en el asentamiento de Las Sabinas, situado entre Móstoles y Arroyomolinos. La crecida del río obligó a mantener evacuadas a unas 450 personas por precaución ante el riesgo de nuevas subidas del caudal.
De ellas, 49 personas aceptaron la alternativa habitacional ofrecida por el Ayuntamiento de Móstoles, mientras que en el polideportivo municipal Ángel Durango de Arroyomolinos se realojó a unas 42 personas, según las fuentes municipales citadas entonces.
Móstoles mantuvo activo su plan de emergencias municipal Inundamost, mientras que Arroyomolinos activó la fase operativa 2 del PLATER-ARROYO para responder a la situación meteorológica y fluvial adversa.

Móstoles pidió la declaración de zona gravemente afectada
El Ayuntamiento de Móstoles fue más allá y solicitó formalmente que su territorio fuera declarado zona afectada gravemente por una emergencia de protección civil tras el tren de borrascas de marzo. La propuesta fue aprobada por unanimidad en el Pleno municipal.
Según recogía la solicitud, entre el 5 y el 24 de marzo la región sufrió el paso de cuatro borrascas consecutivas, Jana, Konrad, Laurence y Martinho, que dejaron lluvias intensas, nevadas, tormentas, desbordamientos de ríos e inundaciones en amplias zonas.
En el caso de Móstoles, el desbordamiento del río Guadarrama obligó a evacuar a más de 400 personas del poblado de Las Sabinas, ubicado en el cauce legal del río. Aunque no hubo que lamentar víctimas, las crecidas provocaron importantes daños en bienes de vecinos, instalaciones y edificaciones públicas y privadas.

Navalcarnero y el suroeste, bajo la presión de los cauces
El episodio no afectó únicamente a Móstoles y Arroyomolinos. La Comunidad de Madrid habló entonces de hasta 116 municipios perjudicados por las continuas borrascas, con daños en infraestructuras, viviendas, vías públicas y espacios privados.
En el suroeste regional, municipios como Navalcarnero quedaron dentro de ese contexto de vigilancia y preocupación por las crecidas de cauces y los daños asociados al temporal, en una zona especialmente sensible por la acumulación de lluvias, la saturación del terreno y la cercanía de ríos y arroyos.
La presa de Picadas, clave en el sistema del Alberche
La reparación que ahora ejecuta la CHT afecta directamente a la presa de Picadas, ubicada en Madrid y situada en el sistema del río Alberche. Este río nace en Ávila, atraviesa el oeste de Madrid y continúa hacia el norte de Toledo hasta desembocar en el Tajo. Sus infraestructuras hidráulicas son esenciales para el abastecimiento, el regadío y la laminación de avenidas.
Durante las borrascas de marzo, los embalses del sistema tuvieron que gestionar una rápida subida de los niveles de agua. La CHT explica que las sucesivas lluvias generaron importantes avenidas y que los embalses llegaron a alcanzar máximos históricos de agua almacenada, lo que obligó a realizar desembalses de cierta entidad.
En esos días, la CHT llegó a actualizar avisos rojos en estaciones de aforo de la demarcación del Tajo. En la Comunidad de Madrid, siete estaciones se encontraban entonces en nivel rojo, una situación asociada a riesgo hidrológico muy peligroso, con probabilidad de inundación en zonas habitadas y cortes importantes de vías de comunicación.

San Juan y Picadas llegaron a desembalsar caudales muy significativos
Durante el episodio, los embalses de San Juan y Picadas, ambos en la Comunidad de Madrid, llegaron a desembalsar caudales significativos para aumentar su capacidad de resguardo ante la previsión de nuevas lluvias. Europa Press recogió entonces que ambos embalses estaban soltando agua en el marco de la gestión de las avenidas.
La propia CHT defiende ahora que las presas de Burguillo, Picadas y Cazalegas cumplieron correctamente su función de laminación durante las avenidas, sin que se viera comprometida en ningún momento la seguridad de las infraestructuras. Aun así, considera necesario reparar de urgencia algunos daños para optimizar su funcionamiento y mantener la seguridad ante futuros episodios.
Obras de mejora en Picadas
En el caso de Madrid, los trabajos se centran en la mejora estructural y de estanqueidad de las compuertas de la presa de Picadas. Según la CHT, estas obras han obligado durante las últimas semanas a realizar maniobras para rebajar niveles de columna de agua, respetando los caudales ecológicos y en coordinación con las administraciones locales del entorno afectadas.
Las actuaciones han sido encargadas a TRAGSA y forman parte de las labores de mantenimiento y conservación de presas estatales, consideradas básicas para mantener los estándares de seguridad de estas infraestructuras.

Una reparación con la memoria de marzo aún reciente
Las obras de emergencia en Picadas llegan con el recuerdo todavía vivo de aquellas semanas de marzo en las que las lluvias pusieron en jaque a buena parte de la región. En el suroeste madrileño, el impacto fue especialmente visible en Móstoles y Arroyomolinos, con la evacuación de Las Sabinas, mientras que otros municipios como Navalcarnero formaron parte del mapa de localidades afectadas por un episodio que dejó más de un centenar de municipios perjudicados en la Comunidad.
La intervención de la CHT no borra los daños de aquellas borrascas, pero sí apunta a una necesidad evidente: reforzar las infraestructuras hidráulicas para que, cuando vuelva un episodio extremo, las presas estén preparadas para contener el golpe del agua.
