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Hace más de doscientos años arrancó uno de los proyectos de ingeniería civil más ambiciosos e importantes de la España de la época, y lo hizo en la confluencia de los municipios de Torrelodones, Las Rozas y Galapagar. La presa de El Gasco se diseñó para ser la presa más alta del mundo y lleva desde finales del siglo XVIII en pie, manteniéndose en un estado prácticamente igual al día en el que se abandonó su construcción.

El objetivo de esta gran edificación era conectar con un canal navegable la ciudad de Madrid con el océano Atlántico, pasando por Sevilla. Para ello se necesitaba construir una presa en el río Guadarrama, en lo que sería el primer tramo de un trazado que pasaría por Madrid, Aranjuez y Castilla-La Mancha, antes de cruzar Sierra Morena a través del puerto de Despeñaperros, y continuar en paralelo al río Guadalquivir, bordeando Córdoba y finalizando el trayecto en Sevilla. Desde la capital hispalense el río Guadalquivir era navegable hasta Sanlúcar de Barrameda, por lo que la capital española tendría conexión con el océano Atlántico a través de los ríos.

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El proyecto de construcción de la presa de El Gasco está fechado en 1785

Las obras de esta notable construcción comenzaron en 1786, en tiempos de Carlos III, pero nunca llegaron a finalizar. El derrumbe parcial de la inacabada presa en 1799 acabó con el sueño de navegar desde Madrid hasta Sevilla. Su elevado coste y compleja ejecución, gestión y mantenimiento impidieron que la obra se reanudara y se dejó abandonada, manteniéndose hasta nuestros días prácticamente sin otra alteración que el desgaste producido por doscientos años de historia y el crecimiento de la vegetación en algunos puntos de la presa. La presa de El Gasco se puede contemplar en la actualidad en un estado similar al día en el que finalizaron las obras, pudiéndose incluso pasear por la parte superior de la misma.

La presa, llamada El Gasco por estar situada en el monte homónimo dentro del Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama, serviría para captar y abastecer del agua necesaria al Real Canal del Manzanares mediante el nuevo canal del río Guadarrama. Esta construcción también facilitaría el transporte de materiales hacia el río Manzanares para la construcción del resto de la infraestructura en las obras emprendidas en Madrid y Aranjuez.

La construcción de la presa de El Gasco duró doce años hasta que una fuerte tormenta provocó el derrumbe de parte del muro

Accidentada y convulsa construcción

Ante la ausencia de técnicos nacionales que pudieran afrontar un proyecto de estas características, se recurrió a un ingeniero militar francés al que muchos consideraban el mejor de su época: Carlos Lemaur. Durante tres meses, Lemaur y sus cuatro hijos, también ingenieros, se dedicaron a la recopilación de datos para desarrollar el proyecto. El plan del canal se desarrollaba a lo largo de 771 kilómetros de longitud, conectando la capital española con el océano Atlántico a través de la comunicación de las aguas de los ríos Guadarrama, Manzanares, Tajo y Guadalquivir.

La primera traba a la que se enfrentó el proyecto fue la inesperada y repentina muerte de Lemaur padre en el mismo noviembre de 1785 en que presentó su proyecto. El Banco Nacional de San Carlos, que financiaba la operación, valoró las circunstancias y decidió que la ejecución de las obras en El Gasco recayese sobre los hijos del fallecido.

Patrimonio Cultural está en conversación con los ayuntamientos de Las Rozas, Galapagar y Torrelodones para favorecer las actuaciones necesarias para la conservación de la presa de El Gasco

Aunque la obra comenzó en 1786 con la petición del Banco Nacional de San Carlos al rey para que se comisionara a los hijos de Lemaur para la construcción, los trabajos efectivos no arrancaron hasta enero de 1788 con apenas cien hombres. En ese año, en cuanto al canal del río Guadarrama, concluyeron las cuatro leguas (unos 19 kilómetros) que median entre la presa y Las Rozas. Para 1788 ya habían abierto 25 kilómetros de los casi 50 que separaban la presa del puente de Toledo, donde se produciría el enlace con el Canal del Manzanares. En cambio, las obras en la presa de El Gasco avanzaban a un ritmo más lento.

En el proyecto ya estaban trabajando en aquel momento entre 2.500 y 3.000 personas. En ciertos momentos el número de trabajadores llegó a alcanzar, incluso, los 5.000. Entre ellos había un importante número de presos que conmutaban su pena a cambio de realizar trabajos en el canal.

Con el paso de los años se desencadenaron los primeros desacuerdos entre los hijos de Lemaur y el Banco, y también entre los propios hermanos, por sus derechos hereditarios sobre el proyecto. Una tensa situación que se incrementó hasta que el derrumbe parcial de la presa de El Gasco en 1799 propició el abandono de las obras para siempre.

El 14 de mayo de 1799, tras una intensa tormenta, una fracción de la presa se derrumbó al colapsar parte del paramento aguas abajo por la acumulación de agua en las celdas interiores. En ese momento estaban levantados 53 metros de altura de los 93 previstos en la presa y 25 kilómetros del canal excavados sobre el terreno.

La declaración de la presa de El Gasco como Bien de Interés Cultural supone la mayor protección prevista en la normativa de patrimonio histórico

Las dificultades técnicas que tenía el proyecto (sobre todo para las obras entre Madrid y Sevilla), el alto coste económico y los informes externos que desaconsejaban continuar con la construcción desembocaron en el abandono definitivo de los trabajos en la presa de El Gasco. Aquello supuso el fin del sueño de unir Madrid con el océano Atlántico a través de un canal navegable. De haber sido terminada, tal y como se destaca en la declaración como Bien de Interés Cultural, la presa de El Gasco «hubiese supuesto un hito en la construcción de este tipo de obras en su época», habiéndose convertido «en la mayor presa del mundo en su momento, con sus 93 metros de altura y 251 metros de longitud».

Bien de Interés Cultural desde 2021

En septiembre del año pasado la presa de El Gasco fue declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Paisaje Cultural por la Comunidad de Madrid. Esta decisión se tomó a instancias de Galapagar, Las Rozas y Torrelodones, «por considerar el valor de esta infraestructura hidráulica como vestigio construido de un proyecto de ingeniería histórica de gran escala y relevancia como merecedor de una protección superior como bien del patrimonio histórico de la Comunidad», explica en Noticias para Municipios el subdirector de Patrimonio Histórico, Lucas García Guirao.

El río Guadarrama, desde la presa

No solo la presa goza ya de esta protección. También los elementos integrantes de la infraestructura, como el canal del río Guadarrama, los 19 acueductos que aún se conservan, el camino de sirga, las vías auxiliares y el conjunto de edificaciones relacionadas con las obras, como la casa del guarda o las canteras de extracción de piedra, están dentro del Bien de Interés Cultural.

El objetivo de esta declaración es «proteger y preservar uno de los paisajes culturales más destacados de la Comunidad de Madrid, con objeto de garantizar su conservación y uso para la ciudadanía y para futuras generaciones«. El nuevo estatus favorece que se eviten impactos patrimoniales negativos y garantiza que «los valores que han llevado a su declaración, incluyendo los paisajísticos, queden preservados», incide García Guirao.

Grietas en parte de la presa de El Gasco

Esta declaración supone para la presa de El Gasco la mayor protección prevista para el patrimonio histórico regional y obliga a los titulares a garantizar su adecuada conservación. Cualquier actuación que se quiera realizar en la presa debe contar, eso sí, con la autorización de la Dirección General de Patrimonio Cultural.

Hasta el momento no se han llevado a cabo intervenciones de restauración en el conjunto de la presa o el canal. Con respecto al futuro, «la Dirección General de Comunidad de Patrimonio Cultural está conversación con los ayuntamientos afectados para prestar asesoramiento y favorecer actuaciones que garanticen la conservación del bien cultural y la seguridad de las personas».

Grafitis y pintadas en la parte superior de la presa de El Gasco

Frente a las acciones de mantenimiento o prevención ante el vandalismo, que ya se aprecia en algunas zonas de la presa, las tareas de conservación son responsabilidad de «los titulares del bien cultural», especifica García Guirao, «principalmente la Confederación Hidrográfica del Tajo y los ayuntamientos afectados».

«En todo caso», añade el subdirector de Patrimonio Histórico, «las personas que realizan este tipo de pintadas y grafitis han de saber que están incurriendo en infracciones administrativas que pueden ser sancionadas con multas de hasta 300.000 euros y que a su vez estas prácticas pueden ser constitutivas de delitos contra el patrimonio histórico«.

Documentación: Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid / Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid / Ayuntamiento de Torrelodones

Olga Martín

Periodista especializada en el ámbito digital. Cuenta con más de 15 años de trayectoria profesional como redactora en diferentes periódicos, agencias de noticias y cadenas radiofónicas, aunque en...

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