El yacimiento carpetano de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez
El yacimiento carpetano de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez

Contenido Patrocinado_ Hace más de 2.500 años de antigüedad, en el espacio que ocupa actualmente el parque Miralrío, en el Casco Antiguo de Rivas Vaciamadrid, hubo un asentamiento carpetano, un pueblo de origen celtíbero que ocupó el centro de la Península Ibérica antes de la conquista romana.

Algunos de sus asentamientos se hallaban en riscos y escarpaduras (de ahí posiblemente el nombre de carpetanos), en los que habitaban las cuevas. Miralrío es ejemplo de lo que pudo ser un núcleo pequeño localizado en el sureste de la Comunidad de Madrid, próximo a los cortados de Rivas.

Aquí fue descubierto en 1996 el yacimiento carpetano de Miralrío, un enclave arqueológico que posee restos de asentamientos prerromanos pertenecientes a las Edades del Bronce y del Hierro y que es «el único yacimiento carpetano visitable que queda en la Comunidad de Madrid».

El yacimiento carpetano de Miralrío

Así lo aseguran desde la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Rivas, que ha acompañado a un equipo de Noticias para Municipios para conocer los principales secretos que esconde este yacimiento carpetano de más de 2.500 años, que fue abierto por primera vez al público en 2009.

Gracias al impulso de la Concejalía de Cultura y al área de Turismo, el recinto está organizado para las visitas e incluye los cimientos de dos estancias y su réplica a escala natural, que permiten hacerse una idea muy aproximada del modo de vida.

«Nos encontramos en el yacimiento de Miralrío, es un yacimiento carpetano que se descubrió en los años 90, cuando se hicieron las prospecciones arqueológicas para construir las urbanizaciones que tenemos aquí al lado», nos cuenta el equipo municipal a los pies del propio yacimiento arqueológico.

Estos restos, los únicos que se encontraron en esta zona, corresponden a un asentamiento carpetano, que va desde la última Era de Bronce hasta la Segunda Edad de Hierro, entre los años 1.300 a.C. a los años 500-300 a.C.

Centro de visitantes del yacimiento carpetano de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez
Centro de visitantes del yacimiento carpetano de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez

Tres fases de ocupación diferentes

«Lo que vamos a ver hoy aquí son tres fases de ocupación diferentes, con diferentes retos«, nos detallan desde el Consistorio en una visita por los restos arqueológicos, que están siendo puestos en valor por el actual equipo de Gobierno, en especial desde la Concejalía de Cultura.

Lo primero que se aprecia en la visita son unos pequeños agujeros, cuyo nombre real son silos, correspondientes a la última edad de bronce, que servían fundamentalmente para «para almacenar grano y cereales, para poder garantizar la cosecha y los alimentos durante todo el año».

«Evidentemente no tenían neveras en esos momentos y los silos mantenían la temperatura constante durante todo el año, ya que estaban forrados de arcilla. Si nos fijamos, vemos como están fuera de la construcción. Esto no es real, estos silos estaban dentro de las construcciones, lo que pasa es que no quedan restos de la construcción de entonces, ya que era una construcción hecha con paja y barro, de la cual no quedan ningún tipo de restos», se explica en la visita.

Lo siguiente que encontramos son unas pequeñas bases pétreas, dos en concreto, que corresponden a la Segunda Edad de Hierro. Según los arqueólogos que hicieron el estudio, «son pilares centrales de una casa ovalada, de la cual lo único que quedan son estos dos restos».

Centro de visitantes del yacimiento carpetano de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez
El yacimiento carpetano de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez

Una vivienda agrícola, sin ventanas ni chimeneas

«Después, lo que vemos más llamativo y que mejor se ha conservado es este zócalo pétreo, que corresponde a los cimientos del asentamiento carpetano de la Segunda Edad de Hierro, entre 500 y 300 a.C.», nos enseñan, en lo que parece ser «una pequeña vivienda agrícola de planta simple, con dos estancias, una en la que hacían vida, y otra de almacén o establo«.

Si nos fijamos bien en los restos arqueológicos, vemos dos zonas más oscuras en la vivienda que corresponden, la primera, al hogar, que servía para calentarse y la segunda, pegado al muro, el espacio que tenían «para cocinar gachas, tortas y diferentes alimentos».

«Ellos no habían desarrollado las técnicas suficientes para hacer ventanas o chimeneas. Entonces, dentro era muy oscuro, húmedo, frío, no tenía las mejores condiciones para pasar la jornada dentro, por lo que dentro solo dormían o prenoctaban y la vida la hacían sobre todo fuera», detalla el guía municipal.

Pero, si no tenían ventanas ni chimeneás, ¿cómo hacían para hacer fuego dentro de la casa y que no se llenara de humo?: «no tiene sentido hacer fuego dentro sin tener chimenea, se ahogarían, lo que se descubrió es que ellos hacen el fuego fuera y dentro solamente meten las ascuas, para calentar los alimentos y a modo de brasero, que yo en casa de mi bisabuela lo he vivido«.

El yacimiento carpetano de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez
El yacimiento carpetano de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez

Cerámica y piezas de silex

De esta manera, se cree que los carpetanos metían las ascuas dentro de la casa, donde también tenían unos hornos para procesar el sílex y diferentes tipos de arcilla, con los cuales hacían diferentes instrumentos para cazar y la arcilla para poder almacenar más alimentos, como en los silos, o almacenar bebidas.

Las casas también contaban con un pequeño almacén, donde tenían sobre todo lana, materiales, alimentos, etc. Estas construcciones además tenían un pequeño toldo, que les servía de protección ya que hacían la mayoría de la vida fuera.

Se cree también que los carpetanos desarrollaron también la técnica de la cerámica en torno. También tenían hornos, donde procesaban la cal y el sílex, aunque eran sobre todo agricultores y ganaderos y tenían vacas, ovejas y pequeños animales.

El contexto histórico del yacimiento de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez
El contexto histórico del yacimiento de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez

El pueblo carpetano, conquistado por los romanos

El público puede visitar las instalaciones y conocer cómo vivían los antepasados ripenses, los carpetanos, siglos antes de la llegada de los romanos a la península, cuando ni los propios carpetanos se reconocían a ellos mismos como carpetanos.

«Eran diferentes asentamientos diseminados por el centro de la península ibérica, que el nombre se lo dieron los romanos, que a la gente que habitaba en el centro de la península les llaman carpetanos», nos explican ya desde el centro de interpretación donde se se explica audiovisualmente las características del yacimiento y la historia del pueblo carpetano.

Este asentamiento, particularmente, se encontraba aquí porque «nos encontramos en la confluencia del río Manzanares y Jarama», que entonces «era una zona muy apta para la agricultura, ya que tenían muchos nutrientes que arrastraban los ríos y además estaban en una pequeña zona elevada, lo cual le sirve de autoprotección si llega un ataque·.

«Cuando llegan a los romanos estos asentamientos se concentran en otras zonas, ya que a ellos les interesa que estos poblados carpetanos diseminados se concentren, porque ellos quieren controlar a la población, no les interesa que estén los poblados diseminados y autoprotegidos, sino que estén cerca de vías de comunicación para facilitar el comercio y el control sobre estas poblaciones», añaden.

Centro de visitantes y recreación del yacimiento de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez
Centro de visitantes y recreación del yacimiento de Miralrío, en Rivas/ Yolanda Bermúdez

¿Cómo visitar el yacimiento carpetano?

Según los estudios realizados, «posiblemente este asentamiento en el año 300 a.c. se muda, por así decirlo, donde hoy está La Gavia, el centro comercial La Gavia, cuyo nombre no se lo debemos a nosotros sino al nombre del poblado carpetano que se encontraba allí entonces».

«Esto es una zona estratégica, que está elevada y la cual amurallaron para encontrarse protegidos. Había también un encinar en los alrededores, lo sabemos por los restos de bellotas que se han encontrado. Este encinar presumiblemente ellos terminaron con él para poder cultivar», concluye el guía turístico, que invita a todos los vecinos interesados a visitar el yacimiento carpetano y descubrir más sobre estos antepasados ripenses.

Todos aquellos interesados en visitar este yacimiento carpetano lo puede solicitar a través del buzón de Turismo del Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid. Luego, el Ayuntamiento, a través de las jornadas de puertas abiertas que hace una vez al mes o cada dos meses, también hace visitas y, además, lo incluyen en las visitas guiadas.

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