Publicidad

OPINIÓN / AITOR FERNANDEZ

Aquella zamarra blanquiazul

 

 

FÚTBOL / 18 JUNIO 2014 / La primera y única vez que el CD Leganés ha logrado el ascenso a Segunda División, éste que les habla tenía dos años. Apenas con tres o cuatro más, una tarde de verano, mientras jugaba en el parque apareció mi padre con una bolsa debajo del brazo. Reiteradamente pregunté qué había en su interior hasta que logré saber que era una camiseta de fútbol. Apresurado, di por hecho que se trataba de la de España con el nombre de Guardiola. Pero no, la respuesta de mi padre fue “mucho mejor”. Al abrir el regalo y ver la camiseta con rayas blanquiazules mi alegría se tornó en indiferencia. No era lo que esperaba y pese a que ya era un habitual del Rodríguez de Miguel, en la mayoría de encuentros incluso me aburría. De hecho, el principal recuerdo que tengo del campo donde ahora se asienta la Plaza Mayor es cómo nos cambiábamos de fondo según donde atacara el Leganés. A veces me aburrían tanto los partidos que hasta me daba la vuelta para ver los partidos de fútbol sala que se jugaban en una de las espaldas del campo.

La plantilla del CD Leganés en 1978

He crecido y aún conservo esa camiseta. Ahora celebro los goles del CD Leganés dándole a la tecla y mientras escribo este artículo veo a niños desde la ventana con camisetas del Leganés. Pienso que quizá, como yo en su momento, prefieran tener la de Cristiano Ronaldo, Messi o Koke.  “Yo me pido Fer Ruiz”, le dice un niño a otro horas después de ganar al Hospitalet. “Yo Carlos Álvarez”, le responde su compañero de patadas a la redonda. Sorprendido escribo y pienso que quizá esté equivocado, que  ahora los héroes también están dentro de esta ciudad antaño dormitorio.

Publicidad
Antiguo campo del Leganés en los años 80

Y uno de ellos, aunque sin capa y sí con mono de trabajo, es Asier Garitano. Él y su equipo han logrado hacer olvidar la alargada sombra de Pablo Alfaro. Llegó con la vitola de falto de personalidad y ha conseguido conformar el equipo más reconocible de la última década.  Prudente, hasta dentro del cuerpo técnico y vestuario hablan de lo que le cuesta esbozar una sonrisa. El domingo tiene que ser el día.

Aunque he de reconocerles que yo sí le vi muy contento un día. Corría mediados de septiembre y el Leganés entrenaba por la tarde. Subí para entrevistar a alguien y de paso hice un “robo” a Garitano. “Rápido Aitor, que juega la Real”, me dijo sonriendo justo antes del primer partido de la Champions League. Pese a haber jugado muchos años en la cantera del Athletic, el entrenador del Leganés es, como buen “giputxi”, muy de la Real Sociedad. Ese día estaba muy contento. Casualmente, ante el Sanse, el filial donostiarra, tuvo uno de sus días más amargos como pepinero. Dio un tirón de orejas a sus jugadores en rueda de prensa y a partir de ahí cambió la dinámica del equipo. Con algún altibajo, claro, pero siempre trabajando hasta llegar a jugar la final de Champions de este próximo domingo.

Son las ocho de la tarde en Plaza Mayor. Suena el reloj de autómatas. Las terrazas están llenas y en los balcones se funden las banderas de España con una del Leganés. Los niños patalean la redonda con la inocencia propia de la edad. Los padres, que ya vivieron el ascenso del 93, quizá piensen en regalarles la zamarra blanquiazul a sus hijos.  

Publicidad

AITOR FERNÁNDEZ

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.