Vecinos de Alcorcón, hartos tras cinco años sufriendo un burdel clandestino -Rubén S. Lesmas
Vecinos de Alcorcón, hartos tras cinco años sufriendo un burdel clandestino -Rubén S. Lesmas

Los vecinos del número 7 de la calle Espada, en pleno centro de Alcorcón, aseguran estar al límite. Después de cinco años conviviendo con lo que identifican como un ‘burdel clandestino’ instalado en uno de los bajos del edificio, la comunidad denuncia que la actividad se ha vuelto insoportable.

Pese a una breve interrupción durante el verano, cuando el edificio se llenó de carteles denunciando la situación y varios medios de comunicación se hicieron eco de los problemas, la actividad clandestina ha reaparecido en el portal, mientras crece la sensación de abandono entre quienes viven en el inmueble.

Luis, presidente de la comunidad de propietarios, ha explicado a Noticias para Municipios que el problema comenzó ya hace aproximadamente cinco años, durante la pandemia, aunque durante la primera etapa el volumen de clientes era «relativamente reducido». La situación, según su relato, empeoró progresivamente hasta hacerse insostenible hace dos años.

«Al principio no era especialmente molesto el tema, digamos que la actividad era baja. Sabíamos que había algo y rápidamente nos dimos cuenta de que era un burdel, pero, como nadie hacía nada, la actividad empezó a aumentar y hace dos años se volvió algo ya insostenible», cuenta a Noticias para Municipios.

El edificio alberga a 17 familias, con alrededor de 30 adultos y diez menores, según los datos facilitados. Entre ellos hay niños, personas mayores que viven solas y vecinos de más de 80 años que, aseguran, se ven afectados por el tránsito de clientes y los episodios que se producen en las zonas comunes.

Luis, el presidente de la comunidad de vecinos, que denuncia cinco años sufriendo un burdel clandestino -Rubén S. Lesmas
Luis, el presidente de la comunidad de vecinos, que denuncia cinco años sufriendo un burdel clandestino -Rubén S. Lesmas

Entre 15 y 7 clientes diarios en el burdel

La última esperanza de los residentes llegó en agosto, cuando varios medios de comunicación acudieron al inmueble para conocer de primera mano sus denuncias. Según explica Luis, la repercusión informativa provocó que la responsable del establecimiento se pusiera en contacto con él para comunicarle que iba a interrumpir la actividad.

«En un momento dado, contactó conmigo un periodista, y a partir de venir en agosto ese periodista, vinieron otros periodistas de otros medios, de todas las cadenas. Esa misma semana la mujer me llamó y me dijo que paraba, que despedían a las chicas y que les dejáramos un tiempo para reorganizarse», relata.

Sin embargo, la tranquilidad duró poco. El presidente asegura que la actividad se interrumpió durante apenas 15 días y que, después, las visitas comenzaron a regresar paulatinamente. «El parón fueron 15 días, poco a poco han ido volviendo, y como ven que nadie hace nada, otra vez», lamenta.

La comunidad calcula que antes de esa interrupción acudían alrededor de 15 hombres al día. Actualmente, según la estimación de Luis, la cifra se sitúa en torno a siete diarios. Aunque el volumen sería menor, los vecinos sostienen que las molestias y la preocupación por su seguridad continúan.

Entrada a la vivienda donde los vecinos denuncian que existe un burdel clandestino -Rubén S. Lesmas
Entrada a la vivienda donde los vecinos denuncian que existe un burdel clandestino -Rubén S. Lesmas

«Tenemos miedo porque no sabemos lo que nos vamos a encontrar»

El principal temor de los residentes se concentra en el portal, el espacio que todos deben atravesar para entrar y salir de sus viviendas. Luis asegura que algunos clientes presentan signos de encontrarse bajo los efectos del alcohol o de otras sustancias y denuncia situaciones que considera intimidatorias.

«Ahora no estamos en los 15 tíos diarios, pero estaremos en los siete diarios más o menos, pero en las mismas condiciones, que te vienen puestos, te vienen borrachos, ambas cosas, y tenemos un verdadero problema, tenemos miedo, porque no sabemos lo que nos vamos a encontrar», afirma.

Los vecinos sostienen que el trasiego se produce a cualquier hora, desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche. La situación, explican, dificulta la convivencia y genera inquietud, especialmente entre las personas mayores y las familias con menores.

Luis denuncia incluso que los residentes se cruzan habitualmente con clientes en las zonas comunes y que algunos vecinos han sufrido gestos de intimidación. Otros residentes han relatado episodios de ruidos, suciedad y desperfectos en el portal, además de la presencia de residuos en los buzones.

Vecinos de Alcorcón, hartos tras cinco años sufriendo un burdel clandestino -Rubén S. Lesmas
Vecinos de Alcorcón, hartos tras cinco años sufriendo un burdel clandestino -Rubén S. Lesmas

Ocho denuncias ante la Policía Municipal y la Policía Nacional

Ante el aumento de las molestias, los propietarios decidieron recurrir a las fuerzas de seguridad. Luis asegura que la comunidad ha presentado denuncias ante la Policía Municipal y la Policía Nacional para poner en conocimiento de las autoridades los problemas que, según sostienen, sufren desde hace años.

El presidente cifra en ocho las denuncias presentadas: cuatro ante la Policía Municipal y otras cuatro ante la Policía Nacional. Pese a estas actuaciones, los residentes consideran que no se ha producido una respuesta capaz de resolver el conflicto. «Después de tantas denuncias, la Policía ya ni viene, vienen a preguntar qué tal estamos», afirma Luis.

Según su testimonio, el Ayuntamiento de Alcorcón habría iniciado un expediente por una posible actividad económica ilegal, pero la comunidad no habría recibido nuevas noticias sobre su evolución. Fuentes municipales han trasladado a Noticias para Municipios que la investigación ha quedado en manos de la Policía Nacional.

Portal del edificio donde los vecinos denuncian cinco años sufriendo un burdel clandestino -Rubén S. Lesmas
Portal del edificio donde los vecinos denuncian cinco años sufriendo un burdel clandestino -Rubén S. Lesmas

Un negocio que se presenta como centro de masajes

La actividad del local es uno de los puntos de conflicto. Los responsables del establecimiento sostienen que trabajan como un centro de masajes. Sin embargo, Luis ha asegurado haber encontrado páginas web en las que el negocio se anunciaba como un burdel y haber obtenido por teléfono información sobre sus tarifas y horarios.

La reanudación de la actividad ha llevado a los vecinos a recuperar los carteles con los que denuncian públicamente su situación. Para la comunidad, el breve parón de agosto demuestra que hubo una interrupción temporal, pero no una solución definitiva.

Los residentes insisten en que no pretenden convivir con una situación que consideran incompatible con la tranquilidad de sus hogares y reclaman que las administraciones aclaren qué medidas pueden adoptar ante las denuncias presentadas.

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