La psicóloga clínica de la Asociación Getafense de Alcoholicos Rehabilitados El Sur (AGAS), Sofía Cervantes (izquierda), junto a la responsable del Área de la Mujer, Rosa Durán.
La psicóloga clínica de la Asociación Getafense de Alcoholicos Rehabilitados El Sur (AGAS), Sofía Cervantes (izquierda), junto a la responsable del Área de la Mujer, Rosa Durán.

La Asociación Getafense de Alcohólicos Rehabilitados El Sur (AGAS) cuenta con algo más de 200 personas afectadas por el alcoholismo, en proceso de rehabilitación. De ellos, una veintena son mujeres de entre 21 y 80 años. Algunas son enfermas y otras, familiares que les acompañan. Para ellas, AGAS tiene en marcha un Área de Mujer específica que les guía en el proceso de recuperación y donde encuentran la sororidad que se les niega fuera.

Nos lo cuentan la psicóloga clínica de AGAS, Sofía Cervantes, y la responsable del área de mujer desde hace cuatro años, Rosa Durán. Profesional una, familiar de enfermo, la otra, ambas hablan para ‘Ellas’ sobre los problemas añadidos que sufren las mujeres alcohólicas y de lo que esta entidad hace para paliarlo.

PREGUNTA.: ¿Sigue siendo tabú hablar de alcoholismo en la mujer?

RESPUESTA: Todavía, sí. Dentro de lo que es el consumo del alcohol y de las adicciones, la mujer está muy relegada socialmente y estigmatizada por partida doble: como enferma y como madre. A una mujer no se le permite fallar como madre y la sociedad le impone pautas de lo que se espera de ella. Esta presión lleva a muchas mujeres al consumo y ahí sufren el estigma de no cumplir con los cánones exigidos. En muchas impera el silencio.

Sofía (izquierda) y Rosa, psicóloga clínica y socia de AGAS Getafe, posan en el local de la asociación, cedido por el Ayutamiento de Getafe.
Sofía (izquierda) y Rosa, psicóloga clínica y socia de AGAS Getafe, posan en el local de la asociación, cedido por el Ayutamiento de Getafe.

P.: Entonces, ¿también el alcoholismo tiene características de género?

R.: Sí. De hecho, la mujer lleva un consumo de alcohol diferente al del hombre. Quizá por ese estigma social, ellas consumen más en solitario, en ámbitos privados, en las casas; además, esconden las botellas y a los familiares les cuesta más tiempo darse cuenta de lo que pasa. Cuando lo descubren, el nivel de la enfermedad está en un nivel muy alto. Otra diferencia es cómo llegan a la asociación cuando deciden pedir ayuda. Ellos vienen generalmente acompañados de sus parejas, pero ellas llegan solas o, en algunos casos, los menos, acompañadas de amigas.

P.: ¿Y estas singularidades también se ven en la recuperación de una mujer alcohólica?

R.: Debemos partir de la base de que el dolor con el que llegan los enfermos y sus historias son similares. Pero es verdad que, durante el primer año de recuperación, la mujer enferma habla en términos emocionales y su motivación es diferente. Más allá de por ella misma, quiere recuperarse por sus hijos. Tiene esa necesidad apremiante por ellos. El hombre, sin embargo, se centra más en recuperar su trabajo, pero no tiene tan clara la parte afectiva.

Sofía Cervantes, psicóloga clínica de AGAS Getafe.

P.: ¿Y de esto habláis específicamente en las terapias del Área de Mujer de la Asociación?

R.: Sí. Y se nos ponen los pelos de punta en esas sesiones, porque hay mucha profundidad en lo que expresan las mujeres, mucha belleza. La mujer sale del alcoholismo vibrando en amor, sale por sí misma, con mucha fuerza, y vemos cómo va aprendiendo a quererse y cómo van queriendo a sus hijos de un modo que es realmente bonito. No solo los quieren querer bien, sino que quieren establecer relaciones y vínculos sanos. Hay mucha conciencia y, sobre todo, hay mucha palabra, porque ellas hablan mucho más. Las mujeres sacamos mucho y ponemos el sufrimiento en palabras. Por eso, el crecimiento de ellas es de un florecimiento enorme. A los hombres les cuesta más ese aspecto, y estaría muy bien que lo aprendieran.

P.: Según lo contáis, el proceso parece más duro y descarnado en ellas que en ellos

R.: Lo es. Y, además, ellas lo tienen más difícil porque, por un lado, no reciben el mismo apoyo que ellos por parte de, por ejemplo, sus parejas. Y, por otro, porque las propias mujeres las estigmatizan. Ellas se enfrentan solas a su problema y creo que hay que despertar la sororidad y la comprensión entre las mujeres hacia las enfermas alcohólicas. Las mujeres no consumen por capricho o porque sean malas madres, sino porque están enfermas.

P.: ¿Hay alguna característica común entre las mujeres que llegan a la asociación reclamando ayuda?

R.: Yo diría que en común tienen el sentimiento de culpa, que es muy femenino y suele terminar en depresión. Además, tienen destruida la autoestima y sienten mucho dolor, mucha desconfianza y mucha ansiedad. Eso les pasa a las mujeres enfermas, pero también a las parejas, a las familias de los enfermos hombres. La vida de esas mujeres depende de cómo vaya el tratamiento de la otra persona; están en constante vigilancia y en un estado de ansiedad permanente. En la mayoría de los casos, dejan aparcadas todas esas necesidades vitales de la mujer, de crecimiento y desarrollos personal y profesional para centrarse en el enfermo. Por eso, ellas también tienen un lugar destacado en la asociación y en las terapias conjuntas. Es importante que ellos conozcan su situación y cómo están involucradas en la rehabilitación como ellos; son mujeres que también están anuladas por las consecuencias del alcoholismo de sus parejas, y necesitan mucha ayuda.

P.: Entonces, ¿esas diferencias también afectan a los hijos si la enfermedad la padece la madre o al padre?

R.: Desde luego. En general, todos padecen problemas depresivos, pero en el caso de los hijos de madres alcohólica, además, ellos se convierten en cuidadores desde pequeños. No es lo frecuente cuando es el padre el enfermo. Por eso, las socias de AGAS pueden traer a sus hijos. Por un lado, porque algunas no tienen con quién dejarlos y así les facilitamos acudir a las reuniones. Y, segundo, porque es muy importante que los niños entiendan la rehabilitación de sus madres. Según se va produciendo la recuperación, aumenta la felicidad de los hijos y se ve cómo cambian los afectos. Es muy bonito.

P.: Detrás del consumo de alcohol en la mujer, ¿qué hay?

R.: Muchas cosas. Cuando profundizamos con las mujeres en su proceso, nos damos cuenta de que existen situaciones de violencia sistémica, abusos, bulling, rechazo, desapego, falta de cariño y de acompañamiento desde que son niñas. A partir de ahí, forjan personalidades en las que no saben cómo desarrollar el afecto, y la manera de anestesiar ese dolor, de eludir la presión social que tienen como mujeres es a través del alcohol. Pero también encontramos otros problemas como el déficit de atención, hiperactividad, trastornos de la personalidad, etcétera. Por eso es tan importante tratar todos estas cuestiones desde la infancia, para ayudar a prevenir.