'Pitu' Aparicio es Educadora Social, activista especializada en sexualidad y drogodependencias.
'Pitu' Aparicio es Educadora Social, activista especializada en sexualidad y drogodependencias.

A Pitu Aparicio, educadora social, activista y feminista, lo de querer ayudar a ‘la peña’ le viene de siempre. Con el tiempo, ha encontrado cómo hacerlo, y mucho han tenido que ver en ello su ‘salida del armario’ y haber pasado por un cáncer de útero. Son experiencias de las que habla a grupos de jóvenes desde hace 10 años, haciendo pensar ‘al pueblo’ sobre sexualidad, drogodependencia y género.

Es consciente de que la forma y el lenguaje que emplea tanto en sus charlas como en su cuenta de Instagram la convierten en una divulgadora atípica, pero su objetivo no es demostrar lo que sabe, sino facilitar el intercambio de experiencias, desmontar mitos y fomentar el ‘autocoñocimiento’.

Hace cuatro años Pitu Aparicio se subió por primera vez a un escenario con el monólogo ‘La bollera perfecta’ y, aunque aun no lo puede contar todavía, parece que no será la única.

La educadora social y activista 'Pitu' Aparicio, en uno de los talleres para jóvenes.
La educadora social y activista ‘Pitu’ Aparicio, en uno de los talleres para jóvenes.

PREGUNTA: ¿Qué te impulsó a dedicarte a la Educación Social?

Pitu Aparicio: Para mí fue muy vocacional. En un principio, hice Integración Social, que me encantó, con prácticas directamente en acción de calle. Luego, en mi último año de Educación Social decidí hacer el Trabajo Fin de Grado (TFG) sobre Chueca. En ese momento, yo estaba saliendo del armario y, como que me atravesaban varios frentes, me pareció interesante estudiarlo.

P.: ¿Y de ahí el activismo o al revés?

R.: Creo que toda la peña que nos dedicamos a lo social hemos sufrido en algún momento de nuestra vida un resorte que nos ha llevado a querer ayudar y eso, también, nos ha motivado a conocer recursos para compartirlos con otra gente. En mi caso, creo que el activismo ha ido ligado y subordinado a mis estudios de lo social y a mis vivencias, pero no creo que a todo el mundo le pase lo mismo, por desgracia.

Pitu Aparicio en un momento del monólogo 'La bollera perfecta'.
Pitu Aparicio en un momento del monólogo ‘La bollera perfecta’.

P.: Una de esas vivencias fue pasar por un cáncer de útero.

R.: Ese punto me atravesó, porque sufrí mucha violencia ginecológica y en ese periplo me di cuenta de que faltaban muchos espacios de acompañamiento y de información. Así que mi especialización en sexualidad también ha sido muy vivencial. Por eso digo que yo acompaño procesos y hago prevención en el ámbito educativo. La última locura fue hacerme autónoma hace 10 años y dar talleres y charlas por toda España. Empecé en la prevención de drogodependiencia y, ahora, los doy sobre sexualidad y ‘autocoñocimiento’’.

Pitu Aparicio.

P.: ¿Sabemos identificar la violencia ginecológica?

R.: Si toda la vida te han dicho que la regla tiene que doler, obviamente no vas a cuestionar a tu médico de entrada, aunque te desmayes del dolor. Y esto tiene que ver con la falta de autoestima que tenemos como mujeres. En torno al cuerpo femenino hay un capitalismo absolutamente heteropatriarcal que nos está afectando todo el día y fomenta la culpa. Muchas veces nos llegan mensajes del tipo ‘eres mujer y no lo has sabido hacer, no te has comprado el producto adecuado para que tu coño no huela y entonces no estás ligando, porque podrías follar más’, etcétera, etcétera. Por eso es importante rodearte de espacios donde las chicas puedan llegar a conclusiones por sí mismas y compartir recursos.

P.: ¿Es que las nuevas generaciones están menos informadas?

R.: Lo que hay es sobreinformación y noto en la peña menos pensamiento crítico que es lo que me das más pena. Ahora, la chavalería está mas legitimada para utilizar un discurso y un lenguaje ofensivos hacia diferentes colectivos que las generaciones de antes no tenían. Ocurre, porque hay jóvenes que repiten los patrones que escuchan en sus casas, porque hay más fascismo a nuestro alrededor, y gente como Mark Zuckerberg que lo fomenta diciendo que va a permitir esos mensajes en Instagram y en Facebook. Y luego está el porno, un elemento de violencia contra las mujeres que también trato en los talleres para hablar de violencia machista.

P.: ¿Y les llega?

R.: Sí. Yo acompaño procesos y hablo en primera persona, desde la vulnerabilidad, contando lo que a mí me ha pasado. Esta forma tan sarcástica e irónica que tengo de reírme de mí misma ayuda a la peña a sentirse en un espacio cómodo para hablar de sus mierdas porque sabe que no habrá juicio. Nunca digo lo que tienen que hacer. Doy toda la información para que elijan sobre su cuerpo, empleando el humor, porque creo que es la herramienta que mejor funciona.

P.: Sabes que generas muchas críticas y que tu discurso es muy disruptivo, ¿no?

R.: Lo sé, sí. Además, mi padre me dice que hablo fatal, con palabrotas. Y es verdad que podría decir vulva o vagina en lugar de coño o polla, pero en los talleres, con 25 chavales de 16 años, hablo con un lenguaje coloquial para que les llegue. Y soy disruptiva porque, por suerte o por desgracia, me dedico a explicar cosas de las que nunca se ha hablado de forma cercana.

P.: La forma en la que utilizamos el lenguaje, por tanto, desvirtúa la realidad.

R.: Sí, en cuanto utilizamos eufemismos para no nombrar la realidad. Por ejemplo, cuando describimos como ‘relación tóxica’ el hecho de que en una pareja él le pida a ella las claves de sus redes sociales. Eso no es ‘tóxico’, es violencia, y hay que llamarlo por su nombre, porque lo que no se nombra no existe.

P.: Una violencia que se niega desde algunos sectores, por cierto.

R.: Efectivamente. Menos mal que hay mujeres como mis amigas Cristina Fallarás e Irantzu Varela, a las que nombro siempre porque ponen sus cuerpos y se arriesgan para crear espacios contar las violencias de otras mujeres. Y esto ocurre porque las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ni están acompañando ni protegiendo a las mujeres en estos procesos tan dolorosos que vivimos a diario. Como consecuencia, las mujeres no se sientan protegidas y tienen miedo de hablar.

P.: ¿Y qué solución le ponemos?

R.: La educación. Yo no sé si hay otra fórmula que no sea la educativa para acabar con la violencia. Si hay alguien que la conozca que me lo diga, porque ojalá la encontrara. En estos 10 años, he visto que lo que hace cambiar las cabecitas y fomentar el pensamiento crítico es escuchar a otra persona que te ayude a ver las cosas con humildad. También te digo, si la educación sexual comenzara a los siete, habría menos problemas a los 16. Porque muchas veces llego tarde. Quiero decir, que, a veces, cuando me llaman de algún centro es porque ya ha habido un abuso o una violación y eso no es prevenir, es intervenir.