Paula Bonet vuelve a estar en peligro. La pintora, ilustradora y escritora valenciana ha publicado un comunicado en su cuenta de Instagram para alertar de que el hombre que la acosa desde 2019 ha sido puesto en libertad y que, apenas diez días después, alguien irrumpió en su galería de arte en Barcelona.
El hombre, al parecer, rompió el cristal de la puerta, movió los cuadros de lugar y robó una pieza. La denuncia ya está presentada y la policía científica ha trabajado en el espacio. Por su parte, Bonet describe en primera persona la situación con la voz de quien revive una situación asfixiantes. «Nunca pensé que volvería a hacer esto, pero me veo obligada, por mi integridad física», detalla en su texto.

Intentó abrazarla en 2019
El acoso comenzó en julio de 2019. Un hombre se presentó en uno de los cursos que Bonet impartía en Barcelona. Intentó abrazarla. Ella trató de apartarlo con educación. Él regresó. Lo que vino después fue un proceso de hostigamiento sostenido.
Lo que constató la investigación es que el individuo permanecía en la entrada del taller durante horas, golpeaba la puerta, preguntaba por la artista con insistencia, levantaba y bajaba la persiana, mientras pegaba los labios y las manos al cristal con la artista fija en la mirada.
En paralelo al acoso físico en su lugar de trabajo, también la hostigó en presentaciones de libros, exposiciones y a través de correos electrónicos y mensajes en redes sociales. Entre esos mensajes figuraba uno publicado en Twitter que decía: «Como me cruce contigo voy a violarte y descuartizarte para complacer a todos los miserables vagabundos que pueblan las calles de Barcelona.»

Acusado, condenado y en prisión
El caso llegó a juicio en 2022. En 2023, una jueza consideró que el acusado, Víctor Galindo, actuaba movido por un «delirio erotomaníaco capsulado» y lo internó en un centro psiquiátrico, eludiendo las acusaciones de acoso, amenaza y quebrantamiento de condena.
La Audiencia de Barcelona anuló esa sentencia por insuficiencia de motivación y exigió que se repitiera el proceso. Galindo fue absuelto en un segundo juicio tras demostrar una «anomalía psíquica», razón por la que se le impusieron libertad vigilada, condiciones de tratamiento y una orden de alejamiento. La abogada de Bonet, Carla Vall i Duran, denunció en todo momento que ese diagnóstico era cuestionable y que la condena debía ser de prisión.
«Como me cruce contigo voy a violarte y descuartizarte para complacer a todos los miserables vagabundos que pueblan las calles de Barcelona.»
El verano de 2025 marcó un nuevo escalón en la violencia. Según relata la propia Bonet, Galindo irrumpió en su taller en junio de ese año rompiendo la puerta, robó un collar, dejó un mensaje firmado en la pizarra y se dejó grabar por las cámaras de seguridad. Bonet tuvo que huir de Barcelona y refugiarse en su casa del pueblo. Él la encontró también allí, al día siguiente. Fue detenido e ingresó en prisión preventiva a finales de julio. Esta semana, Galindo ha quedado en libertad.
Una protección que el sistema no garantiza
El comunicado de Bonet es tanto una petición de ayuda como un acto de resistencia en el que describe cómo lleva un año «intentando hacer vida normal porque no quiero renunciar a la felicidad que me dan mi trabajo, mi familia, mis amigas, mi perra y mi pareja».
Durante un tiempo contó con escolta policial, aunque actualmente solo dispone del apoyo de su entorno cercano. Son ellas —las ratonas, como las llama— quienes han sostenido una red de protección que el sistema no ha sido capaz de garantizarle.
Paula Bonet nació en 1980 en Vila-real (Castellón) y estudió Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia. Amplió su formación en Santiago de Chile. Tiene más de diez libros publicados, entre obras propias y colaboraciones, y ha colaborado con medios como eldiario.es, El País y Diari Ara.

Es reconocida especialmente por su mirada sobre el cuerpo femenino, la maternidad y el duelo, y por la creación de ‘La Madriguera’, un espacio de trabajo y aprendizaje artístico exclusivo para mujeres. Cuenta con una comunidad de seguidoras muy amplia en redes sociales, mayoritariamente femenina, a quienes llama ratonas, y que en este caso han funcionado también como red de seguridad y solidaridad.
