En 2008, Magis Iglesias (1956) fue la primera mujer en presidir la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) en más de 100 años de historia. Le avalaban décadas de profesión como periodista de información local, política y parlamentaria y como corresponsal.

Ahora, ya está jubilada y vive su “cuarta etapa” haciendo lo que le place. Eso incluye escribir opinión para varios medios sobre los temas que le interesan y como le apetece. Algo que nunca se permitió durante los años de ejercicio, porque para ella, hacer periodismo requería «tomar cierta distancia» para poder “hacer preguntas incómodas” independientemente del color del político de turno.

Escritora, también, en 2004 publicó ‘La sucesión’, un análisis político sobre las figuras de José María Aznar y Mariano y Rajoy, y en 2019, ‘Fuimos nosotras’, donde rendió homenaje a las primeras parlamentarias de la democracia a las que la Historia ha ido dejando por el camino. Hablamos de ello con Magis, pero también de feminismo, de resistencia, de luchas pasadas y, sobre todo, de las que quedan por venir.

Magis Iglesias periodista política

PREGUNTA: ¿Queda algo de aquel machismo que quitaba valor a las mujeres políticas o periodistas?

R.: A ver. Tanto como eso, no, porque nosotras hemos avanzado. No así la sociedad y la mayoría de las mentalidades de rasgo machista. No solo han avanzado menos sino que, incluso, esas mentalidades se han hecho más activas en la reacción a la independencia y autonomía femenina. Ahora mismo, las generaciones de mujeres jóvenes no van en plan de conquista porque se consideran ya con el derecho conquistado. Ese es el gran cambio que hemos hecho. Lógicamente, persisten trabas, muchas, por ejemplo, la sexualización de la mujer actual que, para mí, es el mayor retroceso en esta lucha.

P.: Es como si tuviéramos que aprender a ser mujeres según avanzamos en conquistas, ¿no?

R.: Podría decirse que sí. Como dicen las clásicas, este sistema es un traje hecho para hombres que tenemos que ponernos nosotras y, claro, nunca nos va a quedar bien. El sistema en el que nos movemos las mujeres es androcentrista, cuando lo que necesitamos es uno adaptado a nuestras medidas y necesidades y ser nosotras mismas en todos los ámbitos, que fue el cambio que mi generación hizo. Nos negamos a adaptarnos al sistema masculino.

P.: ¿Tenemos alguna modista que nos sirva de guía?

R.: Tenemos modistas, sí, y algún sastre, también. Yo, por ejemplo, recuerdo a Carmen Chacón, ex ministra de Defensa (2088-2011), que ya no está con nosotros, como un referente importantísimo cuando pasó revista a las tropas del Ejército con su hijo Miguel en su vientre, embarazadísima. Esa exposición pública fue vital, porque nosotras también somos nuestras circunstancias y no podemos dejar nuestra identidad en casa cuando salimos a trabajar y esconderla.

P.: ¿Tú las has escondido?

R.: Claro. Yo siempre digo que las chicas de ahora tienen derechos que yo no tenía, como por ejemplo, poder llevar a tu hijo al médico. No podías decirlo, porque te relegaban profesionalmente y cada vez te quitaban más responsabilidad hasta hacerte desaparecer. A las de mi generación nos tocó luchar para salir de ese agujero y conseguir a la larga lo que ahora tienen muchas mujeres. Eso no quiere decir que hayamos conseguido la igualdad, en absoluto, sino que toca luchar por otras cosas.

P.: ¿Cómo cuáles?

R.: Con el entrono digital, por ejemplo, porque es el mundo real, pero elevado a la séptima potencia. Si antes nos silbaban por la calle y te decían una grosería, hoy eso y cualquier otra cosa se multiplica por mil en crueldad y en intensidad con las redes sociales. Mantenemos el subsuelo machista, pero que cada vez es más cruel y cada vez tiene más presencia en el entorno digital. Y esto es a lo que tendrán que enfrentarse las nuevas generaciones de mujeres. Con esto y con ese formateo cerebral desde la infancia del que es responsable el entorno digital.

P.: Y en cuanto al movimiento feminista, ¿consideras necesario algún cambio?

R.: A ver. Soy de la idea de que las generaciones jóvenes tendrán que adaptar la lucha de las mujeres para romper con ese enfrentamiento que hay de feminismo contra machismo. Pienso que el feminismo ha de verse como lo que es, no como los machistas quieren que lo veamos. La realidad es que mujeres y hombres no somos iguales, pero debemos tener los mismos derechos y eso es lo que busca el feminismo, la igualdad, no el abuso, como sí ocurre con el machismo. Estoy convencida de que las mujeres de hoy están preparadas para esa lucha y lo que hay que hacer es apoyarlas y estar unidas.

P.: Magis, algunos piensan que la Democracia ha respetado demasiado y de ahí estos lodos.

R.: Una cosa es respetar a la persona y otra respetar ideas. No todas las ideas son respetables. Nos lo han dicho los clásicos y nos lo han dicho sabios como José Antonio Marina. No se pueden consentir las ideas que hacen daño al otro por mucho que se apele a la libertad. Y parte de esto, por ejemplo, son los disparates que se han oído en la sede de la soberanía popular, con posiciones y opiniones que no son admisibles y no son tolerables en un Estado de Derecho, porque vulneran los derechos de las personas a las que atacan.

P.: Por último, Magis. ¿Qué queda de las mujeres políticas de comienzos de la Democracia?

R.: Poco. Nadie las consideraba. En las pocas entrevistas que les hacían les preguntaban por el marido y los hijos, pero no se tenían en cuenta como pesos políticos. Solo una ha hecho carrera política hasta el final, Soledad Becerril; y dos han tenido cargos de responsabilidad, María Izquierdo y Ana María Ruiz-Tagle. Pero de las demás, ninguna pudo soportar el peso del sistema porque tras la primera legislatura fueron sacándolas de las listas. Es que una cosa es llegar y otra muy distinta es continuar y a las mujeres se nos hace más difícil mantenernos porque el sistema no está pensado para nosotras.

*Entrevista facilitada por iMADES Communication