Charo Izquierdo es periodista, especializada en mujer y moda.
Charo Izquierdo es periodista, especializada en mujer y moda.

El nombre de Charo Izquierdo (nunca dice su edad) está necesariamente ligado al periodismo en torno al mundo de la moda, el lifestyle, la sostenibilidad y la mujer. Es tan experta en estas cuestiones como pionera y suma décadas al frente de proyectos editoriales novedosos. Uno de los primeros fue la mítica ‘Yo dona’, publicación del diario ‘El Mundo’, que puso en marcha el 5 de mayo de 2005 y dirigió hasta 2012, de la que decía (y dice), era ‘la revista de la mujer del Siglo XXI’.

Quizá porque ella es una de esas mujeres para las que escribía, Charo sigue enfrentando retos y etapas profesionales. Ahora, como consultora independiente, como consejera editorial en ‘El Español’ para la revista ‘Magas’ y como directora del vertical sobre sostenibilidad ‘Enclave ODS’.

Entre unas cosas y otras, también ha sido responsable de la pasarela ‘Madrid Fashion Week’, ha publicado cuatro libros, da clases en la Universidad y se ha convertido en abuela. En esta charla con ELLAS, Charo le da un repaso a su trayectoria y revela, por primera vez, algunas vivencias de las que nunca había hablado.

Charo Izquierdo es periodista y consultora independiente.
Charo Izquierdo es periodista y consultora independiente.

PREGUNTA: En mayo, se cumplen 20 años del nacimiento de ‘Yo dona’, una revista que cambió el concepto editorial en el ámbito de la mujer. ¿Cómo lo viviste?

RESPUESTA: Para mí fue un antes y un después en mi vida profesional, pero también en mi manera de pensar y de trabajar. Hicimos ‘Yo dona’ para la mujer del Siglo XXI. Una mujer que podía leer un tratado de Física Cuántica y a los diez minutos ir a comprar un sujetador de ‘La Perla’. Además, con ‘Yo dona’ me sumergí en el mundo online y digital, en el que fuimos pioneras. Como en el de la sostenibilidad, por ejemplo, cuando de sostenibilidad no hablaba nadie. Por supuesto, teníamos un aliado perfecto en el periódico ‘El Mundo’, del que éramos su revista.

P.: También hubo un compromiso real con los derechos de la mujer y eso te valió un reconocimiento del Ministerio de Igualdad por luchar contra la violencia de género.

R.: Sí. Y todo surgió sin esperarlo. Estábamos ultimando el primer número y yo tenía que hacer la carta de la directora para presentar la revista. Aquella semana fue de las más sangrientas porque habían asesinado a varias mujeres. Yo no podía obviar esa cuestión, pero tampoco podía centrar la carta en ese asunto. Aún se me pone la carne de gallina al recordarlo. Dándole vueltas a cómo encajar todo, se me ocurrió poner una posdata: ‘en lo que llevamos de año, X mujeres han sido asesinadas por su parejas o exparejas’, y el teléfono 016. Lo que iba a ser algo solo para el primer número, se convirtió, desgraciadamente, en habitual, así que, además de mantenerlo en todos los número, me vi en la obligación moral de ser fiel al testimonio de lo que estaba pasando en nuestro país y hablar de estas cuestiones en la revista.

P.: Y, ahora, Charo, la pregunta clásica, pero necesaria. En un mundo de hombres como el del periodismo, ¿qué tal te has desenvuelto?

R.: Me he desenvuelto bien porque me he movido en mundos muy femeninos, pero he tenido mis momentos tremebundos con señores. Uno de ellos, con todo un consejero delegado, que, entrando en una reunión, me dijo «cada día estás más buena». En otra ocasión, otro directivo me soltó: «el día que te conocí me dejaste impresionado y no precisamente por tu inteligencia». Muy feo. Sentí vergüenza. Era el año 2000, y en ese momento, no hice nada. Creo que esta es la primera vez que lo digo en voz alta. También te digo que si hubiese ocurrido ahora, lo hubiese denunciado ante el Comité de Empresa o en Recursos Humanos.

P.: Uff, gracias, Charo.

R.: De nada.

P.: Otro clásico es decir que las mujeres somos malas entre nosotras.

R.: No lo soporto. He conocido mujeres y hombres bichejos y mujeres y hombres maravillosos. Ahora, por ejemplo, en ‘El Español’, estoy al lado de Cruz Sánchez de Lara, la vicepresidenta, que es defensora a ultranza de los derechos de la mujer y la mujer más generosa que he conocido en mi vida profesional. No, no compro ese discurso. Se parece mucho al que revictimiza a las víctimas de violencia de género en lugar de centrarse en su maltratador.

P.: Se me viene a la mente el interrogatorio del juez Carretero a Elisa Mouliaá. ¿Qué está pasando, Charo?

R.: Está pasando que estamos en un momento de retroceso de los derechos de la mujer. Es como si hubiera una distopía entre los que peleamos por la igualdad y nos creemos que si no hay consentimiento es violación y punto, y luego, una parte de la sociedad que sigue machacando a las mujeres; que quiere seguir con su preponderancia machista vergonzosa. Para esa parte de la sociedad, seguimos siendo las ‘evas’ de la manzana.

P.: Precisamente, uno de esos estigmas es el de la trata con fines de explotación sexual del que hablas en tu libro, ‘Puta no soy’.

R.: Soy abolicionista y es un tema que me da mucho miedo y mucho asco. Cuando se habla de que la prostitución es el trabajo más antiguo del mundo me enervo, porque no es trabajo, es la explotación más antigua del mundo. Tengo claro que hay que ir contra el consumidor y contra las mafias y, a la vez, proteger a las mujeres y a las niñas. No podemos consentir que la prostitución sea uno de los negocios más lucrativos del mundo

P.: Otro estigma para la mujer es la menopausia, un asunto tabú que tú has explicado en otro libro, ‘Soy yo o es que aquí hace mucho calor’.

R.: Lo escribí con mi amiga Laura Ruiz de Galarreta para desmitificar e informar sobre la menopausia. Es muy periodístico y tiene mucha investigación. Lo primero que te dicen cuando te llega la menopausia es ‘no lo cuentes’. ¿Perdona? Claro, es que ser menopáusica es ser vieja y estar loca. Para colmo, todo lo que te pasa -los sofocos, el insomnio, la sequedad de la piel, etcétera-, es normal. Pues será normal, vale, pero yo no quiero que me pase. La fiebre también es un síntoma normal cuando hay una infección, pero a nadie se le ocurre dejarte con 40 de fiebre sin darte nada que la baje. Lo cierto es que las cosas que nos pasan a las mujeres, importan muy poco.

P.: Aquella mujer del Siglo XXI, ¿es ahora la abuela del Siglo XXI, nada que ver con las abuelas tradicionales?

R.: Yo soy abuela, porque me han hecho abuela, claro, y me encanta, pero no tengo oportunidad de cuidar de mis nietos, entre otras circunstancias, porque sigo trabajando mucho. Por lo demás, hago lo de siempre porque yo sigo siendo una mujer. No llevo un cartel de ‘soy abuela’ y por ello tengo que cambiar mis hábitos.

P.: Charo, ¿qué poso te gustaría dejar en el periodismo?

R.: Desde mi pequeña parcela en ‘El Español’, donde dirijo el vertical de sostenibilidad, ‘Enclave ODS’, querría conseguir que, en los medios de comunicación hubiera mayor impacto y conciencia sobre la sostenibilidad. Al final, hablamos del planeta como si fuera un ente aparte, pero el planeta somos nosotros y todas nuestras acciones tienen un impacto sobre él. Todas. No podemos dejar en manos de grandes empresas esa responsabilidad, porque esa responsabilidad también es nuestra.

P.: Ya acabamos, Charo, pero para finalizar, me gustaría saber cómo ves el futuro, ahora que Trump ha llegado a la Casa Blanca.

R.: Lo veo mal. Me parece que estoy viviendo en una película y he llegado a pensar que lo mismo hay que refugiarse en el campo y olvidarse de todo. Luego, me puede la vocación de servicio público que tengo y quiero pelear y hacer algo por mi país. Es intolerable, sí, pero Trump no es el problema, a él le han elegido democráticamente, por tanto, yo creo que el problema es de la sociedad, que está enferma. Cualquier persona, con un poco de sentido común, con un poco de modernidad, con bondad, considera intolerables el retroceso en derechos.