la culpa Laura
Laura Cuartero es psicóloga especialista en género.

Laura Cuartero forma parte del equipo de 120 profesionales especializadas en atención a la mujer de la organización Delfo. Ella, en concreto, es la coordinadora de proyectos en el ámbito de la prevención y de la intervención social que el centro tiene en marcha en toda la región, en colaboración con diferentes instituciones públicas y privadas, desde hace 30 años. Precisamente, el próximo día 20, y dentro del convenio de colaboración que tiene firmado con el Ayuntamiento de Coslada, Delfo impartirá un monográfico de dos horas sobre la culpa y cómo esta afecta a las mujeres.

En esta entrevista para ELLAS, Laura nos adelanta qué es y por qué este sentimiento tiene perspectiva de género, y nos alerta del retroceso que afecta a las nuevas generaciones y del avance del ‘neomachismo’.

Laura Cuartero en su despacho.

PREGUNTA: ¿Cómo definimos la culpa, Laura?

RESPUESTA: La culpa es un sentimiento que aparece cuando nuestro comportamiento se desliga o se desvía de lo que socialmente consideramos correcto o incorrecto. Es un sentimiento muy cultural, y está marcado por el sistema de valores que tenemos. En nuestro caso, es un sistema patriarcal y machista, con lo cual, la culpa está marcada por los socializadores de género y de ahí que sea más apremiante en la mujer que en los hombres.

P.: Pregunta obligada, aunque resulta obvia. ¿Cómo se genera esa base social?

R.: A través de comportamientos que tú vas aprendiendo, no solamente en tu familia, sino en el sistema educacional que tenemos, en la cultura en sí, en los medios de comunicación, en la escuela, en la religión… Al final, todo te va diciendo si te ajustas o no a unas normas de comportamiento social establecidas. Cuando no nos ajustamos, nos salta un detector que nos dice ‘oye, esto no está siguiendo la norma’. Así que, una de dos, o te revelas, que suele ser un comportamiento más dado en hombres, o te culpabilizas que es un comportamiento que se da más en la mujer.

P.: Es decir, la culpa tiene perspectiva de género.

R.: Totalmente. Te en cuenta que se nos educa en que tenemos que atender más a los demás que a nosotras mismas, que somos más cuidadoras que seres activos, que tenemos que adecuarnos más a determinados patrones de imagen y de roles. De hecho, uno de los mayores síntomas que tenemos las mujeres es el ‘síndrome de la impostora’. Nos decimos ‘estoy haciendo algo que no me pertenece’. Pero ese ‘no me pertenece’ no es porque no pueda, sino porque socialmente nos llega ese mensaje negativo en el que las mujeres estamos en una jerarquía machista que nos mantiene en un segundo plano con respecto al hombre.

P.: ¿Sentimos más culpa por más cosas que ellos?

R.: Sentimos más culpa porque no se nos permite equivocarnos de la misma manera en la que se les permite a los hombres y acusamos más la equivocación. Eso nos lleva a tener sentimientos de auto exigencia, de perfección y de poder con todo. Esos tres conceptos son factores clave que debemos de trabajar con las mujeres para gestionarlo. Y, por supuesto, por supuesto, para que no condicione nuestras decisiones y basar nuestras decisiones en la responsabilidad y no en la culpabilidad.

P.: ¿Hay algún perfil de mujer que sientan más culpa que otro?

R.: No. Al final esto es una cuestión de género, no de perfiles de mujeres, al igual que lo son el empoderamiento y las violencias. Son conceptos transversales al género y nos afecta a todas las mujeres en mayor o menor medida.

P.: ¿Y de generaciones?

R.: Tenemos un grave problema con la gente joven, la verdad, porque ha habido un retroceso social importante. Es muy difícil trabajar con la gente joven sobre estos temas, porque está muy de uñas y se palpa en sus discursos. Al final, el machismo ha sido muy inteligente y lleva a cabo conductas nuevas de forma sibilina que están calando. Rechazamos el machismo porque lo conocemos muy bien, pero el nuevo con sus micromachismos cuesta detectarlo.

P.: ¿Y cómo se trata algo tan incrustado en nuestro ‘ADN’?

R.: Sí es verdad que lo tenemos bien metidito en vena y nuestra sociedad se encarga de que siga así. Por eso son muy importantes las muchas iniciativas que se están llevando a cabo a través de las casas de mujeres, a través de espacios para la promoción de la igualdad y de erradicación de la violencia de género. Por ejemplo, el próximo 20 de marzo, realizaremos un monográfico en Coslada sobre la culpa, dentro del convenio de colaboración que tenemos con el Ayuntamiento, a través del Centro de Información, Documentación y Asesoramiento a la Mujer (CIDAM). Dedicaremos dos horas con las participantes a definir qué es la culpa, a identificar de dónde viene, a analizar sus consecuencias para la mujer y a aprender pautas para gestionarla.

P.: ¿Qué consecuencias puede tener el sentimiento de culpa?

R.: Dependiendo de la intensidad, una mujer puede somatizarla a través de una depresión, manifestarlo a través de la falta de límites en sus conductas diarias o sufrir alguna parálisis que la incapacidad para tomar la iniciativa. Al final, muchos trastornos de salud mental tienen reflejo en nuestro físico y no solamente en forma de depresión o ansiedad. También en una baja autoestima, irritabilidad, hostilidad, enfado, incapacidad de creer que puedo hacer algo más. Todos estos sentimientos surgen de la culpabilidad cuando decidimos no aceptar responsabilidades que, en realidad, no nos tocan. Ahí está la diferencia entre empoderarnos o resignarnos a nuestros propios procesos de violencia.

P.: Por último, Laura, ¿cómo podemos gestionar la culpa en nuestro día a día?

R.: Hay que ser muy consciente de que la responsabilidad que asumimos no te conlleva una culpabilidad, es decir, que por mucho que yo quiera avanzar en todo o abordar todo, tengo que empezar a ceder espacios y decir ‘esto me pertenece y esto, no’. Para evitar esa culpa, hay que sentarse con la pareja y establecer un reparto de tareas, por ejemplo. Es verdad que necesitamos que ellos también se den cuenta de esto, pero si nosotras no soltamos esas ‘obligaciones’ que no nos corresponden, la culpa nunca desaparecerá.