mujeres en el poder
Mette Frederiksen, primera ministra danesa.

La misma semana en que Dinamarca celebraba que once de las veintiún carteras de su nuevo Ejecutivo estarán ocupadas por mujeres —el 52% del total, un récord histórico—, el Vaticano anunciaba un nombramiento que en cualquier otro ámbito institucional difícilmente merecería el calificativo de hito. Una mujer va a dirigir, en solitario, un departamento de gobierno.

El papa León XIV ha designado a María Montserrat Alvarado, periodista mexicoestadounidense y hasta ahora presidenta de Eternal Word Television Network (EWTN News), como prefecta del Dicasterio de Comunicación de la Santa Sede. Un caro que asumirá el próximo 1 de noviembre de 2026. Alvarado será la primera mujer laica en dirigir en solitario uno de los organismos que componen la Curia romana, el entramado de gobierno de la Iglesia católica.

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María Montserrat Alvarado, nombrada prefecta del Dicasterio de Comunicación de la Santa Sede.

Solo cinco mujeres en altos cargos, de 4.000 empleados

La distinción importa porque su antecesora en romper el techo, la religiosa italiana Simona Brambilla, nombrada prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada por el papa Francisco en enero de 2025, lo hizo acompañada del cardenal español Ángel Fernández Artime como proprefecto. Alvarado, no.

Que un nombramiento así se produzca en 2026 habla, sobre todo, del tiempo que ha tardado en llegar. Desde que en 2017 Barbara Jatta se convirtiera en la primera directora de los Museos Vaticanos, los avances han sido muy lentos y contados en la Santa Sede. Sí ha habido subsecretarias, subdirectoras de la oficina de prensa —entre ellas la española Paloma García Ovejero—, la hermana Nathalie Becquart como subsecretaria del Sínodo de los Obispos desde 2021, la también religiosa Raffaella Petrini al frente de la gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, o Alessandra Smerilli como primera secretaria de un dicasterio.

En total, apenas cinco mujeres han ostentado el rango de subsecretaria en toda la Curia, y una sola el de secretaria. Así las cosas, el porcentaje de mujeres entre los 4.000 empleados vaticanos pasó del 19% al 24% durante el pontificado de Francisco, cifras que, en cualquier empresa o administración pública europea, resultarían inaceptables.

‘La Revuelta’ en la Iglesia

El escenario en el que se producen estos movimientos está lejos de ser neutral. En España, la Revuelta de Mujeres en la Iglesia —red de creyentes feministas nacida en marzo de 2020 y presente ya en 35 territorios del Estado— lleva seis años reclamando lo que los nombramientos vaticanos no otorgan. Es decir, el acceso real a los espacios de decisión eclesial.

Este año, bajo el lema ‘Este es mi cuerpo‘ —las mismas palabras que la institución reserva exclusivamente a los varones ordenados en la consagración eucarística—, el movimiento ha vuelto a concentrarse frente a catedrales de toda España para denunciar lo que describe como una discriminación profunda y sistemática.

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Un acto reivindicativo de La Revuelta de mujeres en la Iglesia.

Entre sus reivindicaciones centrales figura el acceso al diaconado y al presbiterado femenino, algo que sigue siendo impensable en la cúpula vaticana. De hecho, es antiquísima la norma, que establece que solo el varón bautizado puede recibir válidamente la sagrada ordenación, según el canon 1024 del Código de Derecho Canónico.

Es más, en la reforma llevada a cabo en 2010, la ordenación de mujeres fue equiparada, en términos de sanción, al delito de pederastia, con la excomunión. En su momento, la comisión impulsada por el propio Francisco para estudiar el diaconado femenino no llegó a ningún acuerdo.

Un Gobierno de mayoría mujeres

Mientras tanto, en el polo opuesto, en Copenhague, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen presentaba este miércoles un Ejecutivo de centroizquierda en el que la mayoría de los ministerios tienen cara de mujer. Con ello, superaba el récord anterior del 48% que databa de 2009.

Y eso, con un Gobierno fruto de 69 días de negociaciones, que integra a cuatro partidos que suman, en total, 82 de los 179 escaños del Parlamento, y el apoyo externo de la Lista Unitaria y La Alternativa.

Los dos escenarios no son comparables en su naturaleza, es verdad, y no se puede pedir que un Estado democrático y una institución religiosa funcionan con lógicas similares. ¿O sí?

Lo que está claro es que ambos casos son como termómetros del ritmo al que cada estructura reconoce a las mujeres como iguales. En un gobierno, la paridad es ya un horizonte alcanzado. En el Vaticano, que una mujer dirija un organismo sin un hombre a su lado sigue siendo noticia.

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