Cristina Aparicio es escritora y superviviente de violencia de género, un hecho que ha marcado su vida y su trayectoria profesional. Como parte activa de la asociación ‘Generando Igualdad’, Cristina ha puesto a disposición de sus compañeras su conocimientos de escritura para tratar de curar heridas y crear vínculos en el proyecto ‘Sanar en tinta’. El resultado, el libro ‘Tinta y Luz. Espejos del alma’, que recopila 11 relatos de mujeres víctimas escritos en primera persona.
Mientas Ellas ponen sus vidas negro sobre blanco, la fotógrafa Isabel Garrido las traduce en blanco y negro en una exposición de 33 fotografías. La muestra recorrerá diferentes espacios en Madrid durante todo 2025. De momento, hasta el 11 de febrero, puede verse4 en el centro Federico García Lorca, de Leganés.

Recordando, mi mirada vuelve a arder. Quizá, sea de aquí de donde saqué la fuerza para seguir, del odio y la rabia. Emociones desde las que, según mi psicóloga, no se puede vivir. Y aunque ya no las proceso hacia mi agresor, sí las siento con fervor contra la sociedad que permite y fomenta que mi vivencia se repita una y otra vez en pieles ajenas. Bien es sabido que poderoso caballero es un dinero, y la violencia contra las mujeres mueve mucho, ya sea de una manera o de otra. Si sobrevivimos, atreviéndonos a interponer denuncia, cobran los cuerpos de las fuerzas de seguridad, cobran el personal de abogacía […] Si no sobrevivimos, cobra el equipo forense, el tanatopractor, la funeraria el conductor […] La violencia contra las mujeres sale rentable sea cual sea el desenlace […] (fragmento del relato de Isabel Aparicio, incluido en la antología ‘Tinta y Luz. Espejos del alma).
PREGUNTA: Cristina, tú eres la creadora de ‘Sanando en tinta’. ¿Qué es exactamente?
RESPUESTA: Es un proyecto que la asociación ‘Generando Igualdad’ ha llevado a cabo con 11 mujeres víctimas de violencia de género. Primero, hemos realizado talleres para dotarlas de herramientas de escritura narrativa y, a través de los ejercicios de escritura que han realizado, se ha trabajado la parte emocional. Escribir contribuye a sanar las heridas y, a la vez, crea vínculos de grupo para combatir ese aislamiento social que sufrimos las víctimas de violencia de género. El resultado de estos talleres es un libro recopilatorio de 11 relatos muy potentes, en el que cada autora cuenta su experiencia, y en el que se refleja todas las violencias que podemos sufrir las mujeres dentro de la pareja. Su título es ‘Tinta y luz. Espejos del alma’. Tiene fines solidarios y puede adquirirse a través de la página de la asociación.
‘Tinta y luz. Espejos del alma’ es una antología de 11 relatos escritos por mujeres víctimas de violencia de género, publicado por la asociación ‘Generando Igualdad’
P.: Escritura, pero también, ¿no, Isabel?
R.: Efectivamente. Yo me he encargado de fotografiar los relatos de las 11 mujeres a través de tres fotografías en cada caso. En ellas, trato de contar quiénes eran, dónde estaban, y quiénes son ahora. Son, por tanto, 33 fotografías conceptuales, en blanco y negro, que, para mí, dicen más mucho más de la historia y de las reflexiones que hacen las autoras. Yo también he querido aportar el lado positivo de su situación, porque, aunque algunas se centran básicamente en el dolor, otras, lo hacen en la superación. Algunas de las modelos que aparecen en las fotografías son las propias autoras de los relatos, es decir, las propias mujeres víctimas.

P.: ¿Cuál es el perfil de las autoras que forman parte del libro, Cristina?
R.: Es muy variada y provienen de toda la región. En cuanto a edades, la más jovencita tiene 23 años y la más mayor, Pilar, tiene 73. Ella padeció violencia durante toda su vida. Yo, por ejemplo, también soy superviviente de violencia de género, la padecí con 18 años, y otra de mis compañeras, Laura, a los 17. En cuanto al tipo de violencia que hemos sufrido, de todo tipo, sexual, física, psicológica, económica.
P.: ¿Es como una doble condena lo de ser víctima?
R.: Lo es porque, además, estás socialmente condenada por serlo. Constantemente nos están victimizando. No hay mayor ejemplo que el interrogatorio del juez Carretero a la denunciante en el caos contra Errejón. Para colmo, las víctimas tenemos en común esa dicotomía interiorizada entre el juicio hacia la otra persona, que es más indulgente, que el juicio hacia nosotras mismas. Es algo que trabajo en los talleres con mis compañeras, porque es muy es muy difícil tomar conciencia de que estás sufriendo violencia de género.


Cada uno de los relatos está contado en 33 fotografías que reflejan tres etapas diferentes de las vidas de las autoras.
(Isabel, fotógrafa)
P.: Isabel, de todas las historias, ¿cuál es la que más te ha impactado más y cómo te has planteado reflejarla?
R.: Hay dos que me han impactado especialmente. La de Laura y la de Pilar. Laura sufrió maltrato con 17 años. Su maltratador era una persona mucho más mayor que ella y, lógicamente, el control fue mayor. Su madre la llevó a la asociación Generando Igualdad para que solicitara ayuda. El título de su relato es ‘Aprender a desaprender’ y en él cuenta cómo ha tenido que desaprender estereotipos que nos enseñan, para ser quien es ahora, para quererse y cuidarse. En el caso de Pilar, la más mayor. Ahora tiene 73 años. En su relato cuenta cómo, estuvo ocho años escondida en casa de su madre, en el mismo edificio que su agresor. Cuando preguntaba por ella, Pilar se encondía debajo de la cama. Eso está en las fotografías, al igual que su sonrisa actual tras hacer terapia. Ella creyó que todo había acabado cuando murió su marido, pero fue, precisamente, cuando salió todo y necesitó ayuda.

P.: Precisamente, a eso se dedica ‘Generando Igualdad’, a ayudar a la recuperación de las mujeres víctimas, ¿no, Cristina?
R.: Sí. ‘Generando Igualdad’ está ubicada en Tetuán y lleva 24 años en acción. En la asociación se atiende a cualquier mujer víctima de violencia que lo necesite, con terapia gratuita y asesoramiento jurídico, también gratuito. Pero lo más importante de la asociación es el trabajo que realiza en la recuperación y renacimiento de las mujeres, para ayudarlas a caminar otra vez. Porque tenemos claro que hay vida más allá del maltrato.
