A más calor, más violencia machista

La primera ola de calor de 2025 —con máximas superiores a 35 °C antes incluso del inicio oficial del verano— que estamos viviendo, no solo anticipa incendios y sobrecarga eléctrica. También reaviva un riesgo mucho menos visible: el de la violencia ejercida contra las mujeres. La advertencia no es nueva, pero sí cada vez más frecuente.

El aumento de las temperaturas y de las cada vez más largas y numerosas olas de calor forman parte de los estudios que relacionan el calor extremo y los asesinatos de mujeres por violencia de género. Son estudios que cuenta con el desgraciado respaldo de las cifras.

A más calor, más violencia machista

Todos los realizados, tanto a nivel nacional como internacional, han descrito el vínculo entre crisis climática y violencia de género. Por ejemplo, el informe de la Iniciativa Spotlight de la Organización de Naciones Unidad (ONU) calcula que por cada aumento de 1 °C la violencia de pareja crece un 4,7 %. También asegura que de alcanzarse +2 °C a nivel global, 40 millones de mujeres adicionales sufrirían agresiones cada año a final de siglo.

En España, la relación se ha medido con lupa. Un grupo de investigadores del Instituto de Salud Carlos III constató que el riesgo de feminicidio aumenta un 40 % en los tres días posteriores a una ola de calor. Además, que cada grado por encima de 34 °C eleva el peligro casi en un 29 %. Desgraciadamente, estas conclusiones encajan con la tendencia que reflejan las estadísticas oficiales.

Causas y efectos del calor

El Ministerio de Igualdad advierte periódicamente del peligro que supone el verano para las mujeres víctimas. Esta advertencia está basada en la relación existente entre el estrés térmico y la agresividad.

Hay numerosos estudios de comportamiento en los que se ha comprobado cómo el calor extremo eleva la irritabilidad y reduce los umbrales de control emocional, lo que favorece conductas violentas.

A más calor, más violencia machista

Además, el tiempo de convivencia se intensifica por las vacaciones escolares y laborales, lo que prolonga el tiempo de cohabitación y dificulta que la víctima se distancie o busque ayuda.

A esto se le añade, además, que una gran mayoría de los recursos institucionales (juzgados, servicios sociales, etcétera) cierra parcialmente o disminuye personal, lo que ralentiza la protección y la capacidad de acceso de las víctimas.

Más allá de las cifras: no es el clima, es el machismo

La comunidad científica insiste en no confundir correlación con causalidad. Como subraya el Instituto de Salud Carlos III en su estudio de 2023, las olas de calor no causan directamente la violencia de género. Pueden, eso sí, actuar como factores desencadenantes al aumentar la irritabilidad y la impulsividad.

Según sus conclusiones, el riesgo de feminicidio se incrementa un 40 % en los tres días posteriores a una ola de calor. Cada grado por encima de los 34 °C eleva ese riesgo casi un 29 %. La violencia, explican los autores, se produce en contextos donde ya existen patrones de control o agresión. Es decir, el calor puede agravar esas dinámicas, pero nunca las justifica.

Consecuentemente, las llamadas al teléfono de atención 016 aumentan un 1,43 % cinco días después. Por tanto, reconocer la influencia de la temperatura aporta una oportunidad para anticipar y evitar nuevas tragedias.

De la misma manera que se elaboran planes de emergencia sanitaria o incendios, el riesgo de feminicidio debería figurar entre los impactos previstos de las olas de calor.

Propuestas para concienciar

Precisamente, la prevención es una de las máximas en las que insisten organizaciones feministas. Estas insisten en que se incorpore de manera sistemática a los protocolos de riesgo de las fuerzas y cuerpos de seguridad las alertas por calor. De hecho, han llegado a plantear, incluso, que la Agencia Española de Meteorología (AEMET), advirtiera de esta circunstancia, de la misma forma que avisa sobre el índice UV extremo.

De igual forma, quizá sería pertinente la creación de un “semáforo violeta-climático” que cruzara alertas meteorológicas con el sistema VioGén para priorizar visitas policiales y recursos de emergencia durante los días más críticos de calor. La medida, de hecho, sigue la recomendación de Naciones Unidas de “integrar la prevención de la violencia de género en todas las políticas climáticas”.

El termómetro de la violencia en verano: 2023 vs 2024

Las estadísticas confirman la conexión entre el calor y los asesinatos machistas. De las 58 mujeres asesinadas por esta lacra a lo largo de 2023, 25 murieron a manos de sus parejas o exparejas entre los meses de junio y septiembre. Es decir, cerca de la mitad de los casos anuales se concentraron en el periodo estival.

Las consecuencias de estos asesinatos también se extienden al número de menores huérfanos. De los 56 que arrojó 2024, 21 se quedó sin madre por violencia de género en lo meses de verano.

Ese verano, de hecho, resultó especialmente crudo, ya que solo en septiembre se registraron 10 asesinatos, el doble de la media histórica mensual para ese mes. El cuatrimestre estival (junio-septiembre) concentró la mitad de todas las víctimas del año y coincidió con una ola de calor más prolongada desde que existen registros.

Por desgracia, 2024 no arroja cifras mejores. De las 48 asesinadas en todo el año, el 61 % de los asesinatos se produjo entre junio y agosto, es decir, hubo 32 crímenes machistas en esos tres meses.

Recursos para las víctimas

El teléfono 016 atiende a todas las víctimas de violencia machista las 24 horas del día y en 52 idiomas diferentes. También, en el correo 016-online@igualdad.gob.es. A la vez, se presta atención mediante WhatsApp en el número 600000016. Los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10..

En una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062). En caso de ser imposible realizar una llamada, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPSdesde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.