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La presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, culmina este viernes y sábado en el Congreso del PP de Madrid, que se celebra en Ifema Madrid, su complicado camino al liderazgo del partido en la región, un asunto enquistado durante meses con la antigua Dirección Nacional.

Fue a la vuelta de las vacaciones de verano cuando la dirigente madrileña compartió en una comida informal con periodistas su intención de dar un paso adelante para presidir el PP de Madrid.

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Ayuso dijo entonces que quería llevar al partido la ilusión del 4M, en la que logró ganar en 177 de los 179 municipios y rozó la mayoría absoluta, y que tocaba poner fin al período de interinidad tras la salida de la expresidenta Cristina Cifuentes. «Es mi casa», señaló Ayuso, quien también desveló que ya había comentado a Casado su decisión y que esperaba que el Congreso regional se celebrase cuanto antes.

Hasta ese momento, dirigentes del PP, entre ellos el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, apostaban por que la formación estuviera comandada por una persona sin cargo institucional, una ‘tercera vía’ para la que sonaba la actual secretaria general, Ana Camíns.

Tras comunicar la decisión, Ayuso esperaba el respaldo del partido, a pesar de que durante la campaña electoral hubo desencuentros puntuales con la Dirección de Pablo Casado. Este apoyo no llegó, y días después el presidente evitaba posicionarse y ponía en la palestra al alcalde. «Tenemos a dos militantes que saben que van a tener mucho peso en esa decisión», dijo, avisando de que el Congreso se celebraría cuando tocaba y no antes.

Meses de desencuentros

Esto abrió paso a meses de desencuentros entre Casado y Ayuso, quienes hasta entonces siempre habían presumido de amistad, y entre sus respectivas manos derechas, el exsecretario general del PP, Teodoro García Egea, y el jefe de Gabinete de la presidenta, Miguel Ángel Rodríguez. Críticas veladas en público y filtraciones en privado, como que la presidenta tenía bloqueado en su teléfono a García Egea, no hicieron más que ahondar en la brecha entre Génova y Sol.

La propia Ayuso y su entorno pedían con insistencia la celebración del Congreso regional, argumentando que había que ponerse a trabajar en los comicios de 2023, mientras que desde la Dirección Nacional y la Regional (afín a Casado) reiteraban que debían cumplirse los plazos de las citas autonómicas.

En este contexto, tuvo lugar a finales de octubre una reunión de la Junta Directiva Regional en la que se evidenciaron las grietas en la organización. Un importante sector del partido pidió al actual presidente, Pío García-Escudero, que trasladase a la Dirección que tenían que elegir «cuanto antes» un nuevo líder. Alcaldes, consejeros y la expresidenta Esperanza Aguirre se posicionaron con Ayuso.

Ayuso y Núñez Feijóo, el pasado 2 de mayo (Foto: Comunidad de Madrid)

A pesar de esto, la tregua pareció llegar con la convocatoria de las elecciones en Castilla y León. De hecho, a la vuelta de la Navidad García Egea arropó a Ayuso en un desayuno informativo en la capital. Hubo foto de unidad pero el Congreso continuaba en el aire.

Contrato de su hermano

Todo saltó por los aires apenas un mes después cuando dos medios de comunicación publicaron que se había producido por mandato de altos cargos del PP un intento de espionaje a la presidenta, en el que se vio involucrada la Empresa Municipal de la Vivienda del Ayuntamiento de Madrid (EMVS). El objetivo era encontrar algo comprometedor de ella o de su entorno.

Al día siguiente, fuentes de Génova filtraron a otro diario que tenían constancia de que su hermano, Tomás Díaz Ayuso, había cobrado una comisión por mediar en un contrato público, de venta de mascarillas durante la pandemia, por importe de 280.000 euros.

Horas después Ayuso salió en rueda de prensa y cargó contra la Dirección de su partido por fabricar «presuntas corrupciones» sin pruebas. «Las declaraciones que durante toda la mañana están publicando los medios de comunicación y que provienen del entorno de Pablo Casado y que él no desmiente son lo peor que se puede esperar de los políticos y, además, lo hace desde el anonimato. Que la oposición me ataque es lógico pero que lo haga la Dirección de mi partido porque quiero presentarme al Congreso del PP Madrid es insensato», señaló.

A continuación, García Egea contestó anunciando que los servicios jurídicos del partido estudiaban las acciones pertinentes así como un expediente informativo, e indicó que se puede tener buen resultado electoral, pero eso no exime de rectitud y lealtad.

Al día siguiente, Casado ofrecía una entrevista en radio, donde señalaba que no era «ejemplar» el cobro de una comisión por parte de un familiar. «Más allá de que sea ilegal, la cuestión es si es entendible que el 1 de abril de 2020, cuando morían en España 700 personas, se pueda contratar con tu hermana y recibir 300.000 euros por vender mascarillas», dijo en directo.

Ayuso, en el Pleno de la Asamblea (Foto: D.Sinova/Comunidad de Madrid)

A estas acusaciones respondió en directo la presidenta, quien defendió que su hermano tenía derecho a ganarse la vida en su sector. Horas después emitía un comunicado en el que se aclaraba que su hermano cobró 55.000 euros más IVA de una empresa no por obtener un contrato sino por el cobro de las gestiones realizadas para conseguir el material sanitario y por su traslado a Madrid. La oposición ponía en manos de la Fiscalía el asunto.

Cambio de liderazgo en el PP regional

Esto daba paso a un fin de semana frenético en el que el viernes por la tarde Ayuso y Casado se reunían en Génova sin llegar a ningún acuerdo y los presidentes autonómicos compartían conversaciones y se movilizaban. A esto se sumó la celebración de una manifestación multitudinaria a favor de Ayuso a las puertas de la sede del PP el domingo.

Al día siguiente, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, urgió públicamente a Casado a tomar «la última decisión» mientras que Ayuso declaraba que la situación era «insostenible». «Nos estamos desangrando, nos hundimos en las encuestas», declaraba la ‘popular’, quien aprovechaba para dar un paso atrás y reiterar que no optaría a presidir el partido y que su sitio «es Madrid».

Tras la salida de Casado del partido y el paso al frente del líder gallego, a pesar de sus diferentes estilos de hacer política, ambos dirigentes han exhibido sintonía. Feijóo ha elogiado el resultado del 4M y la ha descrito como una política de «enorme fortaleza» que ejerce «con claridad, liderazgo y con unidad» el Gobierno de la Comunidad.

El primer guiño lo tuvo con la rápida convocatoria del Congreso del PP de Madrid, de carácter extraordinario para agilizar los plazos, y el segundo arropándola en el acto institucional del Día de la Comunidad de Madrid.

«Renovación total»

Ayuso llega ahora al Congreso del PP con el respaldo cerrado de la Dirección Nacional así como de la Regional, con las voces afines a Casado silenciadas, y con las manos libres para hacer un partido a su manera.

La dirigente ha proclamado que quiere dejar atrás el rencor de lo sucedido en la nueva etapa («arañazos» que se lleva quien está en política según sus propias palabras) pero ha avanzado que también apostará por la «total renovación» del partido.

Hasta el momento solo se conoce que el portavoz del PP en la Asamblea, Alfonso Serrano, será su secretario general y que apostará por una estructura «reducida» en la que separará «completamente» las labores de gobierno y de partido y la que quiere que estén representados los municipios, de norte a sur.

Además, quiere que la sociedad madrileña se vea reflejada en un partido en el que, como ella misma reconoce, «dista mucho el número de votantes y el de afiliados». «Quiero que el estar afiliado sirva para muchas más cosas y quiero darle muchísima voz a los ciudadanos», proclama, al tiempo que reivindica que quiere un PP vivo que dé «todas las batallas».

David G. Castillejo

Corresponsal de Noticias para Municipios, Europa Press en la zona Sur de Madrid

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