Por María Gómez Peñalver – OPINIÓN . Desde pequeños intentan hacernos ver que el fracaso es sinónimo de fallar como personas.
Pero ¿realmente equivocarse es un tropiezo que debamos evitar? Todo responde a un mecanismo humano: proteger a los niños del error. Sin embargo, en ese intento les estamos robando uno de los aprendizajes esenciales de la educación: aprender a caer y levantarse.
Hoy el éxito se ha convertido en una obligación y se programa en cada niño desde que nace, mientras que el error pasa a ser un estigma. En los colegios, en las casas y en lo que consumimos a través de las redes sociales se impone un relato educativo en el que todo debe salir bien a la primera. Pero la vida no es eso.
“En ese intento de protegerles del error, les estamos robando uno de los aprendizajes esenciales: aprender a caer y levantarse.”
Cuando formas deportistas y observas su progresión a lo largo de los años, te das cuenta de que la frustración, la constancia, la resiliencia y la tolerancia a la frustración solo las aprenden quienes han fracasado. Por eso, los niños que desde pequeños practican una actividad deportiva son los primeros en exponerse al error.
Educar no es mostrar un camino recto, sino enseñar que existen curvas y rampas, y que superarlas implica esfuerzo y cumplimiento de objetivos.
Un suspenso debería ser una oportunidad de aprendizaje, y los docentes debemos educar a nuestros alumnos así. El miedo a fracasar genera una población insegura y poco dispuesta a asumir riesgos. ¿Y si dejamos que los niños y jóvenes se equivoquen? ¿Y si dejamos de justificar constantemente sus errores? Tal vez entonces nos demos cuenta de que equivocarnos también nos ayuda a mejorar.
“La frustración, la constancia y la resiliencia solo las aprenden quienes han fracasado.”
Se puede ser padre o madre y reivindicar el fracaso sin dejar de acompañar a los hijos. Todo se resume en apostar por una educación exigente que, al mismo tiempo, confíe en la capacidad de cada persona. Porque solo quienes hemos fracasado sabemos lo que cuesta remontar y seguir creciendo.
Quizá ha llegado el momento de dejar de esconder el error y educar también desde él.
