En el marco de las actividades programadas con motivo del 25N, cosladeños y visitantes pueden visitar la exposición ‘Elena Francis. Franquismo y subordinación de la mujer’.
Esta muestra centrada en el histórico programa radiofónico, se puede contemplar hasta el 21 de diciembre en el CIDAM y Coslada se ha convertido en la primera ciudad española que puede disfrutar de ella, tras la petición cursada por el alcalde, Ángel Viveros, a los responsables de la Diputación de Valencia, impulsores de la misma.
Tal y como señala el Ayuntamiento cosladeño, esta exposición es un instrumento didáctico de las razones históricas que han generado desigualdad de trato y roles de dominación y sumisión entre hombres y mujeres.
Un adoctrinamiento para la sumisión
En 1950 se iniciaron las retransmisiones del consultorio radiofónico más famoso del franquismo: el Consultorio para la mujer de Elena Francis. Al programa escribían muchas mujeres desesperadas por sus problemas personales en busca del consejo y consuelo de Elena Francis, que sin embargo aprovechaba la ocasión para responderles con exhortaciones y amonestaciones que se adecuaban a los principios de la moral católica más integrista, siguiendo así los principios fundamentales de un régimen que se reconocía sobre todo como nacional-católico.
Esta exposición recoge una elección de aquellas respuestas con el objetivo de mostrar diferentes facetas de la política de sumisión femenina que emprendió el franquismo desde sus inicios.

Una política según la cual la mujer estaba supeditada al marido, constreñida a tareas de ama de casa sin autonomía personal ni profesional y, además, no detentaba prácticamente ningún tipo de derecho ni de reconocimiento legal individual.
Elena Francis nunca existió
Elena Francis, aquella persona a la que muchas mujeres confiaron la resolución de sus problemas, nunca existió realmente. El personaje radiofónico fue sobre todo una creación de Ángela Castells, que marcó el tono y las directrices ideológicas de la ‘Sección Femenina’ de la Falange y los principios religiosos de Acción Católica, grupos con los que estuvo estrechamente relacionada a través del Patronato de Protección de la Mujer, institución franquista con la que colaboraba y que trabajaba para la «dignificación moral de la mujer», algo que, básicamente, consistía en prepararla para ser una buena esposa, una madre atenta y una católica devota, adiestrada para obedecer siempre a la autoridad, fuera paternal, marital, política o religiosa.
