Partido bastante completo de los chicos de J Cuspinera, que subieron un par de grados la temperatura defensiva en el tramo clave del encuentro. Paco Cruz (21 puntos y 8 asistencias), el mejor

Fuente de foto: Diario Las Provincias

FUENLABRADA (Pabellón Fernando Martín). 16 MARZO 2019. Esta vez sí el Fuenla hizo un partido acorde con los buenos entrenamientos que está realizando entre semana. El equipo madrileño entró en el partido con la tercera marcha puesta. Nada de ir al tran tran o con ráfagas de despiste, como el día del Divina Seguros Joventut.

El equipo empezó enchufado. Más que ningún otro, Christian Eyenga, que está jugando con una intensidad emocionante. El alero congoleño sumó 7 puntos muy valiosos en un parpadeo. Sus cualidades naturales (velocidad y fuerza) y el estado de confianza que atraviesa (que le permite expresar lo mejor de su repertorio técnico) son un cheque al portador en estos tiempos de vértigo de la temporada.

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No obstante, ese tono supersónico género también que se fuera de madre en su celo defensivo, sumando rápidamente dos faltas personales. Cuspinera lo sentó y el equipo perdió brío. Aún así, el partido estaba muy vistoso.

San Emeterio demostraba que los viejos talentos nunca mueren, anotando canastas de todos los colores: al poste, con penetraciones y triples. El primer acto se cerraba con tablas (27-27) y en el segundo los valencianos se cobraban ventaja  gracias a su formidable acierto triplista (44% de acierto).

El Fuenla seguía jugando con vigor, pero de todos es conocido ese principio que advierte de que el intercambio de golpes a ritmo fluido suele beneficiar a los equipos grandes, que lucen más fondo de armario en el banquillo. Mike Tobey fue un buen ejemplo: en 14 minutos se las apañó para coger 7 rebotes y anotar 7 puntos.

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El partido seguía creciendo en decibelios competitivos. Y ahí salió el gen dominante de Bojan Dubljevic, que se esmeró en hacer de ariete con el pecho de Kratsnov (que le tuteo y acabo superándole en el capítulo anotador -19 puntos-) y de Chema González, que  tampoco rehuyó el combate.

Este sábado era noche (el partido terminó al borde medianoche por la rotura de un tablero en el calentamiento) para gente con fe. Y ningún jugador tuvo tanta confianza y clase en este partido como Paco Cruz, que hizo un encuentro  sencillamente magistral: 21 puntos, 8 asistencias y, lo más significativo, 7 rebotes. Esas capturas hablan de seriedad y deseo, las dos cualidades que el técnico visitante, Jaume Ponsarnau, más puso en valor de los fuenlabreños.

Y es que el escolta mejicano está empezando a frecuentar la madurez en su juego. Las defensas saben de su talento ofensivo y le sobrevigilan. El escolta azteca lee bien esas situaciones y pasa rápidamente a sus compañeros. Kratsnov y González disfrutaron varios de sus alley hoops, suerte en la que también destacó EJ Rowland, autor de 14 puntos y 6 asistencias.

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Así las cosas, el partido entro en su tramo decisivo. El Valencia llegó a disfrutar de una renta de doce puntos. Pero el Fuenla y su modélica afición nunca dejaron de creer. Tampoco el talento y determinación de Paco Cruz, que embocó dos triples para cambiar el signo del encuentro, que acabo llevándose el Fuenla gracias también a la eficacia de Eyenga (13 puntos, 4 rebotes y dos asistencias) y a los detalles de viejo lobo de mar de Popovic, bien salipmentados por una mayor rugosidad defensiva por parte de los locales.

Después de ganar al cuarto clasificado de la liga, todo parece posible. Vitaminas de autoestima para los fuenlabreños que llegan en el mejor momento. Para los dos próximos partidos, esperan Breogan y Murcia, rivales directos del Fuenla en el arte de sobrevivir en la élite del baloncesto nacional.

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