En este reportaje profundizamos en la figura de Chema González, pívot canterano del Baloncesto Fuenlabrada, que ha sido el jugador más destacado del Fuenla en la jornada 21 de la ACB

FUENLABRADA/7 MARZO 2019/ Si uno echa un vistazo a las estadísticas de Chema González en el partido que enfrentó al Montakit Fuenlabrada con el Divina Seguros Joventut el pasado domingo 3 de marzo, no encuentra nada de extraordinario: 8 puntos y 3 rebotes.
Si uno toma panorámica, sus 2,2 puntos y 2,2 rebotes de media que acumula esta temporada tampoco invitan a pensar en alguien brillante, aunque sí que llama la atención esos 1,4 de rebotes ofensivos que acumula por velada. Sin embargo, hay algo especial, una combinación de ética de trabajo, espíritu de equipo e intuición para el rebote que hacen de él uno de esos jugadores de club que tanto ansían los equipos en estos de tiempos de inestabilidad y cambio.
El mejor resumen de lo que representa González para el Fuenlabrada lo hizo Ferrán López, el Director Deportivo del club, con motivo del regreso de Chema a casa, esta temporada: “Chema es un jugador que nos da energía, compromiso, rebote, sobre todo ofensivo, y mucha entrega. Ya he dicho en anteriores ocasiones que a un jugador como Chema siempre lo tendría en mi equipo”.
Es decir, lo que no son capaces de registrar esos datos es el espíritu de González en la pista. El pívot canterano, que cumple su quinta temporada en el primer equipo con un creciente protagonismo, conectó con la grada desde el primer momento en que irrumpió en la pista. ¿La clave? No solo es la simpatía y el aprecio que se siente por los chicos de la casa (González llegó al Fuenla en su época de junior y desde ahí ha ido completando su formación y asentándose en la élite del baloncesto nacional), es bastante más.
En un momento en que los muchachos de J Cuspinera naufragaban en la pista con una peligrosa mezcla de desacierto, ansiedad y falta de ritmo, González mostró el camino a sus compañeros: actitud y un encomiable deseo de pelear por cada balón, por más que en un primer momento algunos de ellos parecieran fuera del alcance de un cuerpo humano, debido a las servidumbres que imponen las leyes de la física.
Ese clase de espíritu, mezcla de rebelión al fatalismo y conciencia obrera, logró transformar los murmullos de descontento de la grada (y alguna que otra ráfaga de pitos) en una merecida ovación de parte de todo el pabellón cuando González volvió al banquillo, con apenas un par de minutos de partido por disputarse de encuentro. Normal pues que en la rueda posterior al encuentro Cuspinera pusiera en valor su enorme despliegue y el de Álex Llorca.
Durante los poco más de 21 minutos que González estuvo en la pista, la afición fuenlabreña presente en el Fernando Martín sintió que eran ellos los que estaban peleando por cada balón, que eran ellos los que machacaban el aro o que era Chema quien atrapaba ese balón en su nombre, pudiendo fardar por unos momentos de unos brazos musculados, cincelados a golpe de gimnasio.
Por eso nos gusta tanto el deporte, entre otras cosas. Porque sentimos que, en este caso, los baloncestistas son una prolongación de nuestras ganas de jugar, de pasarlo bien, de competir (como vehículo de superación personal y colectiva).
Puede que González no tenga ningún don especialmente reseñable a primera vista. Pero como decía el amigo Saint Exupéry, lo esencial es invisible a los ojos. Y lo que lo si demuestra Chema en cada lance del juego es sentido de la responsabilidad y el honor en relación a la comunidad de aficionados que siempre apoyan al equipo de manera incondicional.
En el club nos corroboran que la demostración de coraje y dignidad competitiva de González no es un hecho aislado. Hablan de un tipo muy currante, que llena de energía los entrenamientos. Una persona generosa, que por norma general antepone el bien común del equipo a sus intereses personales.
De trato agradable y fácil, señalan también una timidez que se ha ido sacudiendo con el paso de los años. Cada vez se le ve más suelto en las relaciones personales, y lo cierto es que sus entrenadores cada vez confían más en el en la pista. Raventós, de nuevo segundo técnico del equipo con la llegada de Cuspinera al banquillo, le concedió galones de titular en la visita al WiZink Center de Madrid y el chico lo hizo bastante bien.
Todos los que alguna vez hemos soñado con jugar al baloncesto profesional y nos hemos quedado en el camino por diversos motivos (falta de talento, centímetros, madurez, trabajo en los fundamentos o el físico) a menudo nos hemos sentido representados por esta clase de secundarios abnegados y confiables. Una estirpe en la que, sin forzar mucho la memoria, encuentran acomodo nombres como los de Pedro Rodríguez, García Coll o, pensando en clave fuenlabreña, Jorge García o Jon Cortaberrría.
Gente que raramente disfrutará de los focos y el favor de los medios, pero tipos comprometidos hasta la médula que hacen grandes a sus equipos por su capacidad para superarse y velar por el conjunto. En este caso, lo que hizo González el domingo se tradujo en darle nuevas vidas al vinculo entre el equipo y el Fernando Martín. Eso que un día Néstor Che García denominó “orgullo obrero” y que González personificó este domingo, mostrando a sus compañeros cual es el rail básico del tren que conduce a la permanencia en la ACB.
