Varias familias de Parla sufren, en pleno siglo XXI, las consecuencias de tener a apenas dos metros de sus ventanas varios contenedores de basura soterrados de la calle Cafarnaúm.
Estas familias, ubicadas en el número 23 de la calle Jerusalén y cuya fachada da a los contenedores, sufren malos olores constantes y ruidos insoportables de madrugada. Y cada noche ven ratas y cucarachas.
La situación se hace tan insostenible que, en verano, no pueden ni abrir las ventanas. «Abres la ventana para que se ventile la casa y entra un olor», dice una vecina. Los más afectados son los residentes en los bajos del inmueble, sobre todo, una familia que asegura que en su casa han llegado a entrar cucarachas.

«Por las noches, ves las ratas, que son enormes. Mi hijo tiene miedo porque ya se nos ha metido alguna cucaracha», afirma una vecina del bajo.
«Por la mañana aparecen en el poyete de la terraza las cacas de las ratas. Y también vemos cucarachas en las casas, así de grandes»
Junto al inmueble hay un parque interbloque, donde los roedores -según los vecinos- campan a sus anchas. «Por la mañana aparecen en el poyete de la terraza las cacas de las ratas», se lamenta otra vecina del bajo ante Noticias para Municipios.
«Hemos puesto mosquiteras porque tenemos miedo de que se nos metan dentro», esgrime. Tras ello, la mujer confirma también la presencia de cucarachas en las viviendas. «Así de grandes», explica mientras gesticula con los dedos.
Los vecinos se pagan la fumigación
La comunidad de vecinos se ve obligada a tomar medidas por su cuenta, un gasto a cuenta de los vecinos. «Vienen cada tres meses», explican.

Pero la situación cambia poco. «Esto es insalubre», opina otro vecino. De momento, han solicitado al Ayuntamiento de Parla el traslado de estas instalaciones por la proximidad extrema a las viviendas. Recuerdan que en la calle Jerusalem hay más espacio, y su traslado evitaría las molestias a los vecinos.
El ruido, otro problema
Otro residente en el edificio relata más inconvenientes a esta publicación digital: el ruido. La recogida mecánica de la basura propicia por las noches un ruido ensordecedor. Los camiones de la basura realizan su labor a poco más de metro y medio de la fachada del inmueble.

El Ayuntamiento parleño ha asegurado que está estudiando un nuevo pliego de limpieza, y que en ese momento estudiará la reubicación de estos contenedores soterrados. Hasta ese momento, las familias de este enclave parleño deberán seguir conviviendo, con miedo, con los roedores, los malos olores y las cucarachas.
