Esperanza ejerció la prostitución para costearse la transición. Ahora, ayuda a personas LGTBQ+ en la Asociación 'La Pluma' de Parla. Foto: Ilde Sandrin.
Esperanza ejerció la prostitución para costearse la transición. Ahora, ayuda a personas LGTBQ+ en la Asociación 'La Pluma' de Parla. Foto: Ilde Sandrin.

Esperanza es una mujer segura de sí misma. Ha vivido mucho y lo ha hecho de manera consciente. Siempre se sintió la niña que era, aunque los demás no pudieran verlo, y se respetó sin complejos desde que tuvo conciencia de su condición.

Buscó lo que necesitaba, consiguió lo que se propuso y aunque el camino fue duro y lleno de contratiempos, tuvo el coraje de enfrentarse al mundo. Toda su experiencia la vuelca en la Asociación La Pluma de Parla, y es la guía de personas que ahora quiere encontrar su propia senda.

'Espe' tiene 60 años, se crio en las calles de Parla y tuvo que hacer frente al rechazo por sentirse mujer. Foto: Ilde Sandrin.
‘Espe’ tiene 60 años, se crio en las calles de Parla y tuvo que hacer frente al rechazo por sentirse mujer. Foto: Ilde Sandrin.

PREGUNTA: Espe, te has criado toda la vida en las calles de Parla. ¿Cómo fue tu infancia?

RESPUESTA: Recuerdo el llanto constante. Mi familia es extremeña, del campo, y soy la pequeña de seis hijos. No me esperaban. Con dos años, llegué a Parla, siempre he vivido aquí. Ir al colegio era ir al matadero. Las clases eran de niños y yo era la única ‘niña’. Me sentía desplazada, me ponía los vestidos de mis hermanas, los Reyes nunca me traían lo que pedía, no llevaba el pelo que quería. Todo era llorar, porque nada de lo que necesitaba me lo daban.

P.: ¿Cuándo fuiste consciente de tu orientación?

R.: Con siete u ocho años. Cuando empiezan a preguntar qué niña te gusta y no te gusta ninguna. Con 14 y 15 años, empiezas a descubrir que hay gays y lesbianas, pero tampoco era gay, era una niña. Mi idea era echarme novio y hacer el ajuar, como mis hermanas y vecinas.

Recuerdo que en mi calle había un legionario que nos decía ‘las niñas con las niñas y los niños con los niños’, y yo no entendía por qué. Barría la puerta y tenía que escuchar, ‘se te va a caer la colita’ y pensaba ‘que se caiga, no se va a perder nada’.

P.: La adolescencia y las primeras relaciones siempre es una etapa difícil. ¿Cómo la viviste?

R.: Mis primeras relaciones fueron clandestinas, en el campo, sin sentimientos, para ir descubriendo. Con 16, conocí a un señor de 35 años. Me levantaba el ego, yo le gustaba y me aproveché de su experiencia. Estuve un año con él de forma esporádica y nunca abusó de mí, me respetaba. Con él descubrí que no era homosexual, porque me pedía cosas en la cama que no le podía dar. Él no quería llevarme a ningún sitio público ni que descubriera Chueca, sabía que en cuanto diese con ese ambiente no me vería más. Y así fue.

P.: Chueca fue tu destape. Ahí, supongo que empezaste a no tener límites.

R.: Imagínate. A los 18, empecé a ir con un amigo gay. Éramos esponjas mirando y alucinando. Eran los 80, la ola de la libertad, veías por la calle a hombres de la mano, besándose, siendo extravagantes, y así me volví yo.

Todo lo de ‘maricón’, ‘Manolo’, ‘travesti’, no iba conmigo y no me reprimí. ¿Qué mi presencia te molesta? Pues vas a tener el juego de café entero. Vestía echa un cuadro y siempre estaba en boca de todos. Eso sí, nunca me vieron borracha, drogada o pasada.

Un momento de la conversación en la Asociación 'La Pluma', entre 'Espe' (izda.) y la periodista Sonia Baños, que forma parte del proyecto 'Supervivientes'. Foto: Ilde Sandrin.
Un momento de la conversación en la Asociación ‘La Pluma’, entre ‘Espe’ (izda.) y la periodista Sonia Baños, que forma parte del proyecto ‘Supervivientes’. Foto: Ilde Sandrin.

P.: En esa época, se hacía la ‘mili’ o la Objeción de Conciencia y tú optaste por el Servicio Militar. ¿Cómo te enfrentaste a esa etapa?

R.: Revolucionando el Gómez Ulla. Hice el campamento en Cáceres, y cuando llegué a Atocha, un militar me dijo que me quitara los pendientes ‘por mi bien’. No lo hice, me daba igual, y recuerdo que en el vagón se sentaron conmigo chicos de Parla que me conocían, y querían arroparme por si pasaba algo. En el cuartel fui la primera en raparme, y ser decidida me salvó de muchas. Me han apedreado desde la distancia, pero nunca me han insultado a la cara.

Un enamorado desconocido me dejó durante 90 noches flores hechas de papel de tabaco con una nota. Ni yo, ni las tres o cuatro mariquitas que había en el cuartel supimos quién era. Ya en Madrid, en el Gómez Ulla, siempre tenía notas en la garita pidiéndome citas, no fui a ninguna porque si me pillaban corría peligro.

P.: Todas estas experiencias, Chueca, la ‘mili’, tu transexualidad. ¿Cómo las vivieron tus padres?

R.: Mi madre, con la que tenía más comunicación, me decía que me escondiera. La hice entender que no hacía nada malo, no había matado a nadie ni era delincuente. Quería ser yo y hacer mi transición de su mano. Yo le decía: ‘habla de mí a las vecinas antes que ellas, así no te machacarán a comentarios’. Y eso hizo.

Mi padre no me decía nada, aunque no era de su agrado. Cuando me hice la vaginoplastia y casi fallezco por una hemorragia, me reconcilié con él y me dijo cuánto me quería. Mi familia entendió que no era un capricho.

P.: La transición la hiciste justo a la salida de la mili. ¿Cómo fue el proceso?

R.: Primero empecé a hormonarme. Compraba las hormonas que me recomendaban al libre albedrío. Algunas estamos vivas de milagro, muchas se quedaron en el camino por exceso de hormonas. Cuando comenzó a crecerme el pecho empecé con la depilación eléctrica (muy dolorosa, ahora es más fácil con el láser) y me fui a vivir con un amigo para que mi madre no me viera inflamada y desfigurada.

Esperanza se sintió mujer plena tras realizarse la operación de vaginoplastia. Foto: Ilde Sandrin.
Esperanza se sintió mujer plena tras realizarse la operación de vaginoplastia.Foto: Ilde Sandrin.

P.: Los tratamientos son muy costosos y por eso empezaste a trabajar como prostituta y en espectáculos. Siempre surge la misma pregunta, ¿no se podía tener otro oficio?

R.: No, era impensable. No te dejaban ni trabajar con un pendiente, imagínate siendo transexual. No tuve más remedio que empezar en clubs. Primero en una barra americana en Móstoles y luego en Alcorcón. En los clubs estaba protegida y respetada, aunque tuviera que dar el 50% de mi beneficio. No quería correr el riesgo que había en el Parque del Oeste, por ejemplo.

La prostitución fue el precio que tuve que pagar, y mi salvación. No me podría haber operado el pecho, ni hacerme hecho la vaginoplastia, los tratamientos o comprar mi casa.

Estoy en contra de que desaparezca la prostitución; lo que tiene que desaparecer es la trata de mujeres y atacar al proxeneta que se lleva el dinero del trabajo de la mujer. La prostitución es necesaria y además es muy difícil que termine.

A la izquierda, la periodista Sonia Baños, junto a Esperanza, tras la entrevista para 'Supervivientes'. Foto: Ilde Sandrin.
A la izquierda, la periodista Sonia Baños, junto a Esperanza, tras la entrevista para ‘Supervivientes’. Foto: Ilde Sandrin.

P.: Dices que has tenido parejas estables. ¿Cómo ha sido tu vida amorosa?

R.: Una de las relaciones más importantes, en la que estuve cinco años, terminó muy mal. Nunca he ejercido estando en pareja. El plan era casarnos el año después de hacerme la vaginoplastia, pero justo antes de la operación descubrí que era infiel.

Me di cuenta porque su comportamiento cambió, me faltaba al respeto y buscaba la bronca para irse con la otra. Me operé sola, rota de la pena, porque no estuvo conmigo. Fue el momento más importante de mi vida y no lo disfruté. Además, mientras estuve ingresada llevó mujeres a mi casa. Me costó ocho años de depresión, pero aunque quiso volver muchas veces no lo consiguió.

P.: ¿Cómo fue la operación, y cómo te adaptaste a tu nueva realidad?

R.: Tuve una hemorragia que casi me cuesta la vida, pero lo superé, y volvería a hacerlo, porque gracias a la vaginoplastia me siento una mujer plena. Cuando te estás hormonando, el pene se atrofia. El sexo eran anal y la satisfacción me la daba la forma de amar: el roce, el sexo que empieza fuera de la cama. Después de operarme era una mujer completa y empecé a redescubrirme.

P.: Después de la operación, vuelves a trabajar. ¿Cómo fue la prostitución siendo ya mujer?

R.: Cuando volví, no había tenido relaciones y no podía tener clientes. Me eché un amigo. Yo creía que tenía que doler, pero no me enteré, así que perdí el miedo. Tuve mucho éxito cuando volví al trabajo, algunas no se quieren operar por si pierden ingresos, pero yo aumenté el nivel de ganancias de forma brutal. Trabajaba por Cuzco, con mucho famoso, políticos, incluso de los que te repudian.

P.: Volviste a tener otra pareja y caíste de nuevo en una trampa. ¿Qué pasó?

R.: Tuve otra relación con el anestesista que me operó tiempo después. Estuvimos más de un año. Era un encantador de serpientes que me maltrató psicológicamente. Me levantó del suelo y me tiró de golpe. Me fue infiel desde el primer minuto, hasta con alguien de mi entorno familiar. Ahora, he perdonado a ese familiar, pero no puedo olvidar lo que hizo. Él se mató en un accidente de coche.

P.: El Alzheimer de tus padres es lo que hizo que lo dejaras todo.

R.: Sí. Estuve 15 años cuidándoles, y me convertí en la madre de mis padres. Fue agotador, no descansé ni un momento, no había días ni noches libres. Para dormir, acunaba a mi madre como un bebé, porque le entraba el pánico si no me veía.

Comencé a hacer cursos de socio-sanitaria. Me hice profesional y, tras su muerte, empecé a cuidar a los mayores de mi barrio. Ahora, necesito parar y descansar. Tras la muerte de mis padres tuve problemas con mis hermanas por la herencia. Me acusaron de maltratarlos y aprovecharme de ellos.

Esperanza posa frente a la puerta de la Asociación La Pluma de Parla, para el proyecto 'Supervivientes'. Foto: Ilde Sandrin.
Esperanza posa frente a la puerta de la Asociación La Pluma de Parla, para el proyecto ‘Supervivientes’. Foto: Ilde Sandrin.

Les animé a que me denunciaran, que le dijeran al juez que durante 15 años creían que maltrataba a mis padres, y no hicieron nada nada hasta ya fallecidos. Esto es lo que más me ha dolido. Yo hice todo lo que mis padres me dijeron y me grabaron a fuego: que no querían residencia, sino morirse en su casa. Hoy, me siento en paz y tranquila, siento que los tengo a mi lado.

P.: Ahora tienes pareja y estás involucrada en movimientos feministas y LGTBIQ+. ¿Es tu mejor momento?

R.: Desde luego. Javier es un hombre que ha sufrido en su vida, que arrastra dolor, pero me quiere. Y además de mi trabajo también me he involucrado con ‘Feministas Parla’, y he descubierto la mujer activista que no sabía que era. Además, la asociación ‘La Pluma’ me ha hecho ver que soy necesaria, y aquí estaré. Me hace sentir bien.

P.: ¿Qué le dirías a quienes quieren hacer la transición y vivir una vida plena como mujer?

R.: Que no tengan miedo a abrirse a su familia, ni al rechazo. Y, si hay rechazo, que sepan que no están solas, que hay gente como nosotros que velan por ellas. Antes no había estas asociaciones. No podemos estar muriéndonos de pena y sin realizarnos. Se ha quedado mucha gente en el camino y no podemos retroceder para nada.

La entrevista a Esperanza está incluida dentro del proyecto ‘Supervivientes’ que nuestra editora Social Media Local ha elaborado con el apoyo de la concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Parla.

Periodista. Directora de Noticias para Municipios y miembro de SML