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Un incendio forestal

OPINIÓN JESÚS BÉJAR / «Este verano en particular estamos viviendo una oleada de incendios devastadores. La mayoría de los comentarios coinciden en que su intensidad y alcance son inusuales, en esta escalada de situaciones excepcionales en la que estamos enfrascados en la última década. Más de 400.000 hectáreas han sido arrasadas en lo que va de año en el Estado Español.

Las causas son múltiples, pero hay consenso en que las altas temperaturas, agravadas por el cambio climático, y la abundancia de masa forestal no gestionada, crean las condiciones perfectas para fuegos incontrolables y si a esto por mala suerte le sumamos fuertes rachas de viento, pues el desastre está asegurado.

Como cada vez que ocurre un fenómeno que salta a la agenda pública, ahora estamos rodeados de “expertos” en incendios que disparan frases lapidarias contra bomberos, ecologistas, ganaderos, o que dan soluciones estériles y venden humo nunca mejor dicho. Pero quienes realmente conocen el terreno advierten que la situación es extremadamente compleja.

El contexto climático

El aumento de temperaturas no es una anomalía puntual, sino una tendencia global que seguirá en los próximos años. Frenar el calentamiento global requiere compromiso sostenido, no promesas vacías. Es positiva la propuesta del Gobierno español de un pacto contra el cambio climático, pero resulta contradictoria si al mismo tiempo se destinan 30.000 millones de euros al gasto militar cuando la guerra es uno de los mayores enemigos del planeta.

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Los bomberos en el incendio (Foto: 112).

El abandono del campo y la acumulación de combustible

La masa forestal se ha duplicado en los últimos 50 años, pero no por un mayor cuidado ambiental, sino por el abandono del mundo rural y las actividades agrícolas y ganaderas tradicionales. Esto ha generado un paisaje desatendido y altamente inflamable.

¿Quién provoca los incendios?

Algunos incendios son provocados de forma deliberada. Es cierto que se detuvo, entre otros, a un trabajador del propio servicio de extinción como presunto responsable del incendio en Mombeltrán, que quemó 2.000 hectáreas y provocó la muerte de un bombero. Increíblemente, el detenido había sido contratado para sustituir al bombero fallecido. La Fiscalía estima que un 24% de los incendios son intencionados.

Pero la mayoría tienen origen humano, ya sea por negligencias o imprudencias. Desde tormentas eléctricas hasta fuegos artificiales permitidos por alcaldes irresponsables, como el de Jaraíz de la Vera este mismo verano mientras su comarca ardía. La relación entre cambio climático e incendios es indiscutible. Solo los negacionistas de siempre que siguen sin querer verlo.

Jesús Béjar

El sistema de extinción en España es un rompecabezas. Los bomberos urbanos dependen de ayuntamientos, diputaciones o comunidades autónomas, según el caso. En cuanto a los servicios forestales, el desorden es aún mayor.

Tragsa, empresa pública, mantiene brigadas activas todo el año que también realizan labores preventivas. Sin embargo, muchas comunidades solo contratan servicios forestales en verano, e incluso recurren a empresas privadas sin exigir experiencia mínima.

La persistencia de errores estructurales y la falta de reformas en la gestión de incendios no son casuales. Lo que se observa es una incompetencia institucional deliberada, una negativa activa a modificar un sistema disfuncional que, lejos de proteger a la ciudadanía, perpetúa un modelo de desregulación y abandono del medio rural. Esta política, particularmente visible en comunidades gobernadas por el Partido Popular, prioriza el beneficio privado por encima de la vida y la seguridad colectiva.

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Un incendio forestal (Foto: Archivo)

Falta de mando único

La falta de un mando único agrava los problemas de coordinación. Aunque la Unidad Militar de Emergencias (UME) fue un avance, su naturaleza militar dificulta la integración con los cuerpos civiles. Hacen falta estructuras civiles de emergencia bien equipadas y coordinadas, con participación del ejército cuando sea necesario, no al revés.

Jesús Béjar

Las diferencias salariales, de formación y de condiciones laborales entre brigadas, bomberos, UME y forestales generan tensiones que algunos explotan para dividir a los trabajadores. Además, se desprecia la colaboración ciudadana bajo la peligrosa narrativa de que “el pueblo se salva solo”, impulsada por la extrema derecha para justificar la desaparición de los servicios públicos. Sí puede haber colaboración popular, pero siempre organizada, en tareas auxiliares como cortafuegos, logística o aprovisionamiento.

En el caso de la Comunidad de Madrid, donde los bomberos forestales se encuentran actualmente en huelga, la tasa de temporalidad es del 40%. Es decir, el gobierno regional contrata y despide al 40% de los bomberos forestales en verano, mientras durante el año reduce los efectivos a la mitad. Según el presidente del comité de empresa, Jesús Molina, uno de los motivos de la huelga es la falta de actualización de su salario. Llevan sin aumento salarial desde 2008, cobrando aproximadamente 1 300 € al mes. Además, señalan que no cuentan ni con material ni con infraestructuras seguras para el desarrollo de su actividad.

¿Qué hay que hacer?

  1. Prevención y gestión forestal durante todo el año

La prevención no puede limitarse al verano. Es esencial mantener brigadas activas todo el año para limpiar montes y reducir combustible forestal. No se trata de convertir los bosques en jardines escenario en el que los representantes de VOX serían felices, pero sí de gestionarlos responsablemente. Esto requiere contratar personal cualificado, bien remunerado y dotado con los medios necesarios.

Los propietarios privados deben asumir su responsabilidad. No puede ser que se beneficien de la venta de madera sin hacerse cargo del mantenimiento de sus terrenos. Y no, el Estado no está para limpiarles el monte gratis mientras ellos evaden impuestos y hacen gala de ello.

  1. Recuperar el pastoreo y cambiar el modelo productivo

El pastoreo es una forma natural y eficaz de reducir el combustible vegetal. Pero se trata de una actividad dura y mal retribuida. ¿Quién va a pastorear? ¿Los señoritos de Vox, que además rechazan la inmigración?

Ovejas del rebaño de la Trashumancia (Foto: EP)
Ovejas del rebaño de la Trashumancia (Foto: EP)

La ganadería intensiva y la política de la UE basada en la libre competencia han marginado este modelo. Es necesario invertir y dar apoyo económico a quienes quieran retomarlo y sobre todo repensar un modelo sostenible a medio plazo.

  1. Fin a la privatización del sistema de incendios

Las empresas privadas encargadas de aviones y helicópteros contra incendios han estado envueltas en escándalos y fraudes. Es urgente nacionalizar o crear una flota pública de medios aéreos que pueda actuar donde se necesite, dentro y fuera del país. No se puede permitir que un servicio esencial esté en manos de intereses privados que anteponen el beneficio a la eficacia.

  1. Reforzar la vigilancia y detección temprana

Las nuevas tecnologías -drones, imágenes satelitales, cámaras infrarrojas- son herramientas clave. Aun así, en comunidades como Castilla y León, gobernadas por el PP, se han cerrado torres de vigilancia. Un paso atrás. La detección rápida es vital para contener un fuego antes de que se vuelva incontrolable.

  1. Acción política decidida

La responsabilidad es compartida entre administraciones, pero hay que decirlo claro: donde gobierna el PP la situación es peor. Privatización, recortes, abandono del medio rural y mentiras para encubrir su gestión desastrosa.

Es necesario que el Gobierno central legisle para:

  • Garantizar brigadas forestales todo el año.
  • Impulsar la prevención y el mantenimiento.
  • Invertir en medios aéreos públicos.
  • Obligar a los propietarios a cuidar sus montes o expropiarlos por motivos de seguridad.
  • Fomentar y facilitar el pastoreo como forma sostenible de gestión territorial.
  • Reducir el gasto militar y priorizar la lucha contra el cambio climático.

En definitiva, los incendios no son solo catástrofes naturales. Son el resultado de un modelo económico, una desidia política y una gestión errática. No bastan los discursos vacíos o un listado de pirómanos. Hace falta compromiso, inversión pública y voluntad política real. Si no cambiamos el rumbo, el fuego seguirá marcando nuestro presente… y arrasando nuestro futuro».

(Jesús Béjar es miembro de la Coordinadora de Compromiso con Getafe)