La mejor manera de localizar las deficiencias o debilidades de las Administraciones es contar y escuchar al ciudadano. Así lo cree Fuenlabrada, municipio que acaba de dar por concluido el proyecto ‘Camus’ con una primera auditoria realizada por vecinos para detectar y combatir la discriminación.
De esta manera, la participación ciudadana ha sido clave en este proyecto ‘Auditores Ciudadanos y Servicios Municipales contra la Discriminación Estructural’ (CAMUS). Junto a empleados municipales se ha desarrollado una «red de auditores ciudadanos». Esta red ha analizado el Ayuntamiento, la Policía local y el Centro de Iniciativas y Formación para el Empleo (CIFE).
El objetivo: combatir la discriminación, sobre todo, el racismo y la xenofobia. De esta manera, diez voluntarios han participado en todo este tiempo en la herramienta clave, la Auditoría Ciudadana de Discriminación Estructural.

Desde el Ministerio de Inclusión aseguran que la labor de esta entidad ha sido «resaltar, alertar y diseñar medidas correctivas para los sesgos discriminatorios que se identifiquen en la actuación de la Administración local».
Experiencia personal
Nirka de la Rosa, de República Dominicana pero con nacionalidad española, ha sido una de esas voluntarias. Asegura que la experiencia ha sido «gratificadora» y, a título personal, «muy transformadora». Sobre todo, por el trabajo desarrollado con colectivos vulnerables y personas con diversidad funcional.
«Había muchas cosas sobre el papel están muy bien, pero no en la práctica», asegura tras la realización de la auditoría«
Nirka de la Rosa, auditora ciudadana del proyecto CAMUS
«Había muchas cosas sobre el papel están muy bien, pero no en la práctica», asegura tras la realización de la auditoría. Por ejemplo, han detectado que el número de personas de otros países tienen «poca representatividad» en la Administración fuenlabreña.
«Han existido en el pasado discriminaciones y muchas personas inmigrantes siguen creyendo que es así. Y las cosas han cambiado», argumenta. Tras ello, propone un «concurso de discriminación positiva. Éste iría orientado a que «las personas de estos grupos sientan que las instituciones públicas les pertenecen y pueden formar parte de ella», asevera.

La actividad en el programa se ha alargado casi dos años, si bien precisa que «el objetivo es que continúe». De momento, el proyecto ha servido también para detectar algunas deficiencias que se están corrigiendo.
Otra propuesta llega para ofrecer formación al funcionariado local para «concienciar» a los trabajadores de dar un trato con especial ‘tacto’ e «igualitario» a personas inmigrantes que acuden a los servicios.
Nuevos protocolos de actuación
La iniciativa CAMUS ha creado otras herramientas, como un protocolo de principios de actuación para los auditores y varios paquetes de formación destinados a la ciudadanía y a los trabajadores.

De hecho, según los promotores, se ha desarrollado una nueva metodología que se emplea para auditar las actuaciones de las administraciones públicas, un «plan de acción con medidas correctivas» a implementar en varios departamentos de las instituciones locales, y un manual para transferir las soluciones y los conocimientos generados a otras administraciones.
Fuenlabrada ha sido así escenario de un nuevo “proyecto piloto”, a nivel europeo, que se traduce en «una nueva forma de combatir la discriminación estructural».
