La Guardia Civil y la Ertzaintza han desarticulado una organización criminal que introducía grandes cantidades de cocaína procedente de Iberoamérica. La droga era transportada por vehículos con dobles fondos (caletas) fabricados en dos talleres ilegales desmantelados en Fuenlabrada y Parla.
En la actualidad, estaban preparando por encargo caletas en vehículos que tenían como destino distintos puntos de España, Italia, Portugal y Alemania. Los agentes han detenido a 13 personas e intervenido 28 vehículos. De estos, estaban preparados o en proceso de creación dobles fondos en 11 turismos, cuatro furgonetas, dos remolques de tráiler y un ciclomotor.

Del mismo modo, se ha incautado un velero en la localidad de Laredo (Cantabria), relacionado con el transporte de cocaína hasta el norte peninsular.
600 kilos de droga intervenidos
Además de intervenir más de 600 kilos de cocaína y pequeñas cantidades de éxtasis en los distintos registros, se calcula que la organización tenía capacidad e infraestructura suficiente para importar y transportar hasta seis toneladas de cocaína al año.
La operación ‘Ergu’ se inició al tener conocimiento de posibles llegadas de embarcaciones a costas del norte que podrían transportar grandes cantidades de cocaína desde Iberoamérica.

Durante las indagaciones se averiguó la existencia de esta organización dedicada a la descarga y transporte de la droga.
Talleres clandestinos
En la investigación se pudo averiguar que esta organización utilizaba vehículos con dobles fondos procedentes de talleres ilegales situados en Fuenlabrada y Parla. El pasado mes de enero se desmantelaron ambos talleres. Allí, la Guardia Civil detuvo a cuatro personas e intervino los vehículos, que estaban siendo preparados con dobles fondos.
Una tonelada de droga
Uno de los remolques estaba siendo acondicionado para albergar hasta una tonelada de sustancias estupefacientes. Estos talleres tenían un alto grado de preparación en la instalación de estos dobles fondos, desmontando internamente los vehículos o modificando la zona de carga, además de para encastrar o preparar las caletas, para realizar conexiones mediante ingeniería electrónica consiguiendo su apertura con ayuda de mecanismos hidráulicos.

Todo este montaje se encontraba perfectamente mimetizado con el vehículo, no siendo posible su detección sin una exhaustiva inspección. En uno de los turismos intervenidos, para la apertura del doble fondo, era necesario tener encendido el vehículo, la guantera abierta y mover dos de los aireadores del salpicadero para que, de forma automática, se levantara la hidráulica camuflada y dejara a la vista el hueco creado.
La organización tenía en su poder varios vehículos de alta gama y potencia que podían utilizar tanto para las operativas propias a las que se dedicaban como vehículos lanzadera para intentar evitar las acciones de las fuerzas de seguridad. Se calcula que el valor de estos vehículos supera el millón de euros.
