Publicidad

Tatiana salió el 4 de marzo pasado de su ciudad, Leópolis, situada al oeste de Ucrania, apenas una semana después de comenzar la invasión rusa de su país. Lo hizo de la mano de su hijo de 8 años, aunque el resto de su familia, su marido, su madre, su padre, sus hermanos tuvieron que quedarse allí.

https://noticiasparamunicipios.com/wp-content/uploads/2022/06/ESCUELA-UCRANIANA-EN-ALCORCON.mp4

Su primer destino fue Italia, a donde llegó el 7 de marzo para alojarse en casa de unos amigos que residían en el país transalpino. Sin embargo, pocos días después decidió continuar su viaje hasta España, a donde llega el 15 de marzo pasado, instalándose en Alcorcón junto a la familia de una sobrina.

Publicidad

«Está bien acogida. Dice que todos aquí se están portando muy bien con ella, que le intentan ayudar en todo«, nos cuenta Nataliya Bondarenko, actual presidenta de la Asociación Centro Cultural Educativo Dyvosvit, radicada en Alcorcón, que lleva 22 años viviendo en España y nos hace de traductora, ya que Tatiana no habla nada de español.

Bondarenko es una de las personas que más está ayudando a estos refugiados que llegan a Alcorcón, ya que la Asociación que preside, que lleva 15 años dando clase a hijos de familias ucranianas instaladas en toda la zona sur, se ha volcado en ayudar a sus compatriotas.

Nataliya Bondarenko, presidenta de la Asociación Dyvosvit, y Tatiana, recién llegada a Alcorcón con su hijo/ Rubén S. Lesmas

«Tatiana trae a su hijo aquí, a la escuela ucraniana, todos los sábados. Aquí les enseñamos un poquito español, también las costumbres, la cultura, todo lo que se puede para que se sientan más acogidos aquí», añade la presidenta de Dyvosvit, que aclara que todos los niños que llegan están escolarizados también en un colegio español.

El hijo de Tatiana, en concreto, está matriculado en el colegio Miguel Cervantes de Alcorcón, donde continuará sus estudios hasta el final de curso y después, en función de como siga el transcurso de la guerra, decidirán si regresan a Leópolis, su ciudad de origen, que por el momento, comparado con otras ciudades ucranianas, no está entre las más afectadas por la guerra.

«A final de curso decidirán si regresan a su país o se mantienen en España, en función de como siga la guerra«

«Mi hijo está muy contento con las dos escuelas de aquí, tanto en ucraniano como el español. Cuando vuelva a Ucrania quiere llevarse los dos colegios allí«, bromea Tatiana, quien admite que, aunque han sido muy bien recibidos en Alcorcón, echa mucho de menos a su familia en Ucrania.

Familia numerosa

Mientras Tatiana vino sola con su hijo, dejando a toda su familia allí, Taras y Mariana, también de Leópolis, pudieron viajar con toda su familia, ya que tienen tres hijas y son familia numerosa. Tras los primeros bombardeos cercanos al aeropuerto de su ciudad, cerca de donde vivían, hicieron sus maletas y se lanzaron a la carretera con su propio turismo.

En él viajaban los dos padres, sus tres hijas y el padre y la madre de Taras. Los siete pudieron salir del país al tratarse de una familia numerosa, ya que los hombres deben permanecer en Ucrania. Tras varios días de viaje llegaron a Madrid, donde fueron acogidos por unos familiares de Taras.

Taras y Mariana han llegado a Alcorcón con sus tres hijas/ Rubén S. Lesmas

«Vinieron al principio a vivir con unos familiares, pero unos amigos de su hermana les han ofrecido su piso propio, para que vivan en este piso totalmente gratis, solamente pagando los gastos de manutención», nos explica Bondarenko, nuevamente ejerciendo de intérprete, ya que ninguno de los dos habla todavía español.

Publicidad

Las tres niñas de Taras y Mariana también están matriculadas en un colegio madrileño y también acuden cada sábado a la escuela de la Asociación Centro Cultural Educativo Dyvosvit, que imparte sus clases en el Centro Valle Inclán de Alcorcón, cedido por el Ayuntamiento para ello.

Cerca de 120 niños refugiados

Desde que las tropas de Vladimir Putin comenzaran su ataque el 24 febrero pasado, cerca de 120 niños que han llegado a la zona sur huyendo de la guerra se han incorporado a esta escuela, por lo que, tristemente, ya se consideran «la escuela ucraniana más grande del mundo».

«No hay un centro así tan grande como el nuestro ni en Madrid, ni en España, ni en toda Europa. Y tras el inicio de la guerra ya superamos a otro que hay en EEUU», asegura Oksana Horin, una de las fundadoras hace ya 15 años de esta asociación y que en los últimos meses ha estado colaborando con familias ucranianas en sus viajes a Europa.

Las familias ucranianas llevan a sus hijos cada sábado al Centro Valle Inclán/ Rubén S. Lesmas

Horin, que ahora está a medio camino entre España y Ucrania, después llevar ya unos años trabajando desde Ucrania para una empresa española, reconoce que decidió crear esta escuela para sus hijos y para los hijos de otros compatriotas que llegaban a España, ya que no querían que «perdieran el idioma y descuidaran el ucraniano».

«El sábado vienen aquí para estar un poco con sus compatriotas ucranianos. Les ayudamos con los deberes. Pero ellos nunca pierden el contacto con sus profesores y compañeros de allí», añade Bondarenko, quien recuerda que toda Ucrania ha llevado sus clases a ‘on line’, ante el riesgo de no poder evacuar a tiempo los centros.

«El sábado vienen aquí para estar un poco con sus compatriotas ucranianos y les ayudamos con los deberes«

Los alumnos ucranianos que acuden cada sábado al Valle Inclán no solo leen, escriben y hacen sus deberes en ucraniano, también tienen actividades de baile, canto, deportivas y los profesores organizan sus clases también para hacer salidas, visitas y otros eventos culturales. Ahora están preparando la fiesta de fin de curso, que tendrá lugar el próximo 25 de junio.

«Además, ahora todo el mundo está ahora involucrado en ayudar a nuestro país. Reunimos productos, medicinas, dinero para comprar algo. No somos un centro que recepciona material, porque el colegio lo tenemos que abandonar, no tenemos donde almacenar material, pero colaboramos con las parroquias de la zona«, afirma Bondarenko.

Niños ucranianos premaran un baile en la escuela Dyvosvit/ Rubén S. Lesmas

De hecho, Horin ha vuelto a Ucrania para «seguir ayudando a los miles de refugiados que siguen abandonando el país», ahora sobre todo de «las zonas que han quedado más devastadas» tras la retirada del ejército ruso.

«Ahora estamos viendo como algunos niños que vinieron al principio a la escuela están regresando a su país con sus familias, una vez que ha pasado el peligro en sus zonas. Sin embargo, también estamos empezando a recibir otros niños de zonas que han quedado arrasadas, que se han quedado sin nada«, lamenta.

«Estamos empezando a recibir otros niños de zonas que han quedado arrasadas«

La intención tanto de Tatiana y su hijo como de Taras y Mariana, es volver en cuanto puedan a su país, ya que salieron de Leópolis con lo puesto y tienen que volver para organizar cosas y cerrar ciertos asuntos.

«De momento no tenemos pensado quedarnos aquí para toda la vida. Queremos volver, pero quien sabe«, afirma Taras, quien se muestra sorprendido y a la vez agradecido porque «aquí la gente en España es muy generosa y hace todo para que su vida sea más cómoda».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.