Azahara está nerviosa. Mira de reojo, parece un poco ausente y tiene muchas cosas que contar. Se trastabilla. Se disculpa. Se contiene. Todavía se responsabiliza de su ignorancia, de su exceso, de su generosidad. Pero, ahora, lo tiene todo muy claro y es mucho más fuerte.

PREGUNTA: Azahara, eres de Parla, desde siempre. ¿Cómo fue tu infancia?

RESPUESTA: Me he criado aquí y tuve una infancia feliz. Mis padres se separaron cuando tenía unos 11 años, pero aunque me marcó, he crecido con amor. Mi madre fue muy protectora. Me faltaba libertad, me tenía en una burbuja porque era un poco delicada, me ponía mala y era miedosa. Siempre he sido insegura, frágil, poco capaz, y en eso ha tenido que ver mi padre, porque restaba importancia a todo lo que hacía. Pensaba que no hacía nada bien.

P.: ¿Cuándo te enamoraste por primera vez?

R.: Con 19 años. Estuve cinco años y sufrí maltrato psicológico. Era una niña y no tenía herramientas. Para mí, los celos, la posesión y dar explicaciones era algo normal, aunque siempre tuvieras que estar justificando la falda o tomar algo con alguien de mi trabajo. Eso no lo podía hacer durante mi relación. Corté y pasé a la siguiente.

P.: ¿Dónde conociste a tu pareja?

R.: A través de Facebook. Javi era atractivo y trabajaba entre Parla e Ibiza. Empezamos a quedar y enseguida hubo buena conexión. Me sentía cómoda con él. Fue poco a poco, y noté que me gustaba, le veía inseguro y que no era superficial. Me gustó. El inicio de la relación, imagino, sería bonito.

Se abrió conmigo. Era el príncipe azul que nos cuentan. Me sentía afortunada de que fuera recíproco y estaba en una nube. Me comentó que en verano se iba a trabajar a Ibiza y estaba preocupado, comprensivo y partícipe de que yo estuviera bien y tranquila, que confiara en él. Me halagaba que se preocupara más por mí que por él, y afianzó la seguridad que yo tenía en la pareja.

Azahara, durante la entrevista para el proyecto 'Supervivientes' donde cuenta su años de maltrato físico y psicológico.
Azahara, durante la entrevista para el proyecto ‘Supervivientes’ donde cuenta su años de maltrato físico y psicológico. Foto: Ilde Sandrín
'Resiliencia' es la palabra que lleva Zahara tatuada, como símbolo de su lucha por salir de una relación de violencia y maltrato.
‘Resiliencia’ es la palabra que lleva Zahara tatuada, como símbolo de su lucha por salir de una relación de maltrato. Foto: Ilde Sandrín

Yo estaba en el paro y me salió trabajo en un restaurante los fines de semana. Pensé, “genial, trabajo los fines de semana y tengo el resto de días para ir a verle”. Suelo aparcarme a mí misma y centrar mi vida en facilitárselo todo a la otra persona. Ahí ya tuvo algún comportamiento de celos por mi vestido corto del trabajo, pero yo creía que eso reafirmaba que le gustaba. Tenía romantizado que los celos eran parte del amor.

Llegué a normalizar el maltrato, hasta el punto que le quería así, que ese era su defecto, como alguien que es derrochador o despistado. Había perdido mi identidad.

P.: ¿Qué tal esas semanas entre Ibiza y Parla?

R.: La primera semana fue maravillosa. Fue encantador, romántico, intenso, pasional, escribía canciones, era muy atento. Pero la segunda vez que fui a Ibiza hubo cosas que no me cuadraban. Fuimos al cine y al terminar la película, había un chico muy guapo esperando a alguien. No sé si inconscientemente le miré. Javi reacciono fatal y me cogió en volandas al bajar las escaleras, como si fuera un muñeco.

Me lo tomé como algo romántico, pero me susurró al oído: “¿Te crees que no me he dado cuenta de cómo le has mirado?”. Me descolocó el comentario y empezó a dar vueltas a esa mirada que creía que le había hecho a ese chico. Discutimos, salí del coche y se puso violento. Me cogió en volandas y me tiró a un parque. Unas chicas empezaron a increparle y me refugié en el baño de una cafetería.

Recuerdo que me miré en el espejo y me dije: “sal de aquí”. Pero me pidió perdón, me dijo que no sabía qué le había pasado y le perdoné. Esa fue la primera vez. Después de esa vez, vinieron las demás. Los episodios empezaron a sucederse.

P. Cómo fueron esos primeros episodios de maltrato

El primer guantazo fue en una cala y no paró. La primera vez que estuve en una situación de peligro para mi vida fue en su casa de Ibiza, porque quería irme de la isla. Cambié el vuelo sin que se enterara, porque no quería que volviera a violentarse; estaba colapsaba y le conté a mi hermano por el móvil que había cosas que no me gustaban.

Azahara, victima de violencia de género sentada en un parque de Parla
Azahara ha participado en el proyecto ‘Supervivientes’ para que su relato pueda ayudar a otras mujeres . Foto: Ilde Sandrín

Cuando entró en la habitación me asusté. Al ver mi cara notó algo raro y leyó los mensajes con mi hermano. Cuando vio que había comprado los billetes empezó a insultarme, a llamarme hija de puta y me empezó a pegar, a dar puñetazos, me tiró a la cama, se puso encima, me cogió del cuello y no podía respirar. Pensaba que me iba a matar. Pedí ayuda a gritos todo lo que pude y entró la policía, porque algún vecino llamó. Estaba en shock. Empezaron a hacerme miles de preguntas: “¿Qué te ha hecho? ¿Dónde te lo ha hecho? ¿Dónde te ha pegado? ¿Esta marca es suya? Vamos a denunciar. ¿Quieres denunciar?”.

Era como una película. Estaba todo destrozado. Estaba abrumada, no quise ir a hospital, quería estar sola. Y no le denuncié. Pensé que era el final, pero no había hecho más que empezar.

P.: ¿Sufriste muchas palizas así durante mucho tiempo?

R.: Muchas. Recuerdo que en un viaje a Asturias, iba conduciendo y me metió un guantazo que me descolocó todo el cuerpo. Y aunque ha habido situaciones más violentas, ese guantazo fue tremendo, y no se cómo no nos matamos con el coche. Una de sus últimas palizas fue en su casa. Yo ya no me reconocía, llena de moretones, marcas, golpes. Me arrancó la camiseta, me dejó desnuda, me agarró del cuello y empezó a darme sacudidas en la cara con la mano, sin parar. Y pensaba: “si mis padres me vieran, me sacarían de aquí”.

P.: ¿Por qué tras cada paliza hay un perdón?

R.: Le perdono siempre, porque lo que quería era ayudarle, volver a recuperar esos primeros meses. Hubo una época que me daba pena, creía que tenía un problema. Él me decía, “ayúdame, solo me puedes ayudar tú; si no fuera por esto, nosotros seríamos felices”. Me prometía que iba a empezar a ir a terapia, que iba a hablar con mi familia, que estaba cambiando, Y yo creía que el amor podía curarlo todo.

Mi familia no sabía nada porque cada vez pasaba menos tiempo con ellos. Aunque yo vivía con mi padre, disimulaba con maquillaje, me encerraba en mi cuarto. Me venían distinta, pero no se pensaban que pudiera tener un problema.

Para Zahara, el tatuaje del corazón sobre su dedo simboliza la esperanza y la posibilidad de ver la vida de forma positiva.
Para Zahara, el tatuaje del corazón sobre su dedo simboliza la esperanza y la posibilidad de ver la vida de forma positiva.

P.: ¿Te sentías culpable cuando volvías con él?

R.: Al principio no, porque pensaba que me necesitaba para cambiar, luego sí. Empecé a sentir que no valía nada, que si valía algo era porque le podía ayudar. Tenía la autoestima fatal y apenas tenía capacidad de pensar. No sabía si lo que hacía estaba bien o mal, si el monstruo era yo, si el problema lo tenía él o era mío. No sabía si me gustaba que me pegara, si tenía algún problema mental. Llegué a normalizar el maltrato, hasta el punto que le quería así, que ese era su defecto, como alguien que es derrochador o despistado.

Que me había enamorando de alguien que pegaba y tenía que lidiar con eso. Había perdido mi identidad. Eres un cuerpo inerte. Este maltrato físico conlleva un maltrato psicológico, te deja anulada. Claro, el maltrato era psicológico y físico, porque yo no sabía qué me iba a ocurrir en cualquier momento.

Pasaban las horas y me chequeaba. “¿Qué he hecho hoy?, pensaba. Hoy no he hecho nada, no he salido con nadie, no he hablado con ningún compañero, no me he puesto nada que le incomode». Y cuando me venía a buscar, por ejemplo, yo le decía: “¿Todo bien?”, y él me contestaba: “Dímelo tú”. Mi vida era un escáner constante.

Gracias a la terapia y al apoyo familiar, Zahara se siente más fuerte y más segura, tras años de maltrato. Foto: Ilde Sandrin

P.: ¿Cuándo dijiste ‘ya no puedo más’?

R.: Seguía pensando que había amor, pero me di cuenta de que mi vida era un caos. Le dejaba, pero luego volvía porque se presentaba en mi casa, me invadía. No sé si le perdonaba para que parara esa conducta, o porque quería volver con él. Pero un día me fui a vivir por Usera, a casa de una amiga, y al ir a por ropa a casa de mi padre él estaba haciendo guardia. Yo iba con un amigo y él apareció, acosándome.

“¿Dónde estás? ¿Tú ya no vives aquí? ¿Dónde vives?”. Mi amigo me acompañó hasta el piso, y él subió también. Estaban mi hermano y mi padre en casa y se preocuparon. Llamaron a la policía, pero Javi se fue cuando vio llegar la patrulla. Ahí fue cuando me dijeron que, por muchas veces que les llamara, si no denunciaba, no podían hacer nada, ni protegerme.

Mi familia le denunció. Cuando conté mi historia frente a la abogada, y mis padres la conocieron a fondo, se sintieron muy mal. Se sintieron culpables de no haberse enterado de nada.

P.: Ya tenía denuncias entonces, la de Ibiza y la de tu familia.

R.: Sí, y la de una pareja que tuvo antes, con la que estuvo un año y medio. Resultó que tenía antecedentes por violencia de género. En su día, me había contado que esta mujer era una loca, como yo ahora, que se drogaba, que se autolesionaba y que le había metido en un marrón. Me convenció de que por eso tenía una condena de trabajos a la comunidad y no podía meterse en líos. Pero yo tuve muchísimos testigos, porque me pegaba por la calle, en el coche, en el portal, la gente le decía cosas, las vecinas. Aunque en casa se ensañaba más.

«La gente de alrededor no te ayuda porque no se quieren implicar». Foto Ilde Sandrín

P.: Tras esto, hubo un juicio. ¿Cómo le declararon?

R.: Culpable. Le condenaron a cinco años en la prisión de Estremera. Como tenía antecedentes por la otra relación, ha tenido que cumplir más tiempo. Ahora está con el tercer grado, pasa las noches en prisión y ha pedido el traslado a Ibiza, que es donde está ahora.

P.: ¿Tienes miedo al momento en que él salga de la cárcel?

R.: No. Quizás, te lo digo con la boca pequeña. Le he vuelto a ver estando en mi puesto de trabajo. Después de toda la terapia y ayuda que he recibido, en uno de sus permisos, el dispositivo que yo tenía que tener puesto empezó a sonar porque pasó por delante de mi trabajo y tuve miedo. El volver a verle me removió todo.

P.: ¿Quién te ha ayudado?

R.: Mi psicóloga, Ana, me ha ayudado a entender lo que me ha pasado. No entendía lo que me pasaba. Creía que era un monstruo, que tenía el síndrome de Estocolmo, que me iba la marcha, que no estaba bien. No me conocía, no sabía quién era. Cómo podía haber aguantado esto yo, una persona tan tranquila, tan pacífica. Cómo he normalizado un día a día de palizas, problemas, tristeza. Mi vida era oscuridad y lo acepté. También he tenido el apoyo de mi familia, que no me ha dejado.

P.: ¿Qué le dirías a las mujeres que ahora mismo están en esta situación que has superado?

R.: Que no se callen, que se lo cuenten a alguien. Yo no contaba nada, sentía vergüenza, culpa. No le puedes contar a la gente que te están maltratando y que sigues con esa persona. El qué dirán.

Es verdad que a la gente que se lo conté, me dio de lado porque no se quería implicar. Necesitaba alguien con paciencia conmigo, una mano fuerte que me sacara de ahí. Pero es posible salir y te das cuenta de que el mundo es maravilloso, y hay que normalizar lo bonito y no lo triste.

Te vuelves a enamorar y a ver la vida con esperanza. Yo me he vuelto más fuerte, he descubierto una nueva persona en mí, pongo límites y sé lo que no es amor. Se puede, se consigue, se sale y te comes el mundo.

Portada de la publicación ‘Supervivientes’ que se presentará el 27 de noviembre a las 18 horas en la Casa de la Cultura de Parla.

La entrevista a Azahara está incluida dentro del proyecto ‘Supervivientes’, que nuestra editora Social Media Local, Sonia Baños, ha elaborado con el apoyo de la concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Parla. El próximo 27 de noviembre a las 18 horas, se presentará junto con otras historias de Violencia de Género en la Casa de la Juventud Pedro Zerolo.

Periodista. Directora de Noticias para Municipios y miembro de SML