Natalia Flores (42) es fuenlabreña de pro y orgullosa de serlo. Jugadora de la Selección Española de Fútbol Sala durante 10 años, maestra y, ahora, directora de Programas Mujer y Deporte del Consejo Superior de Deportes (CSD), nació en el año del Mundial de Fútbol de España, «el de Naranjito». Lo apostilla en esta entrevista para ELLAS como si aquel acontecimiento le hubiese marcado toda su carrera y su vinculación al deporte y al fútbol vinieran, precisamente, de ahí.
Predestinaciones aparte, Natalia ha sido (y es) una mujer deportista en un mundo de hombres que insistió y peleó a su modo por jugar profesionalmente hasta conseguirlo. Lo sigue haciendo solo que desde la gestión y en un despacho para que más deportistas jueguen a lo que quieran jugar y ganen. Con más posibilidades que ella, con más medios, con más visibilidad y con más igualdad de oportunidades. Con el sueño posible de que, algún día, su dirección en el CSD desaparezca por innecesaria.

PREGUNTA: Vamos al origen, si te parece, Natalia. Cuéntame cómo empezaste a jugar al fútbol.
RESPUESTA: Me crie en Fuenlabrada, una ciudad de la que han salido otros futbolistas como Fernando Torres que, de hecho, era de mi pandilla. Yo bajaba al parque a jugar con los amigos y, por entonces, era uno más. Y digo ‘uno’ porque era la única chica, pero ellos me trataban como una persona más del grupo que jugaba al fútbol. Quizá, mis amigos estaban muy avanzados. No lo sé. La única diferencia entre ellos y yo es que ellos se iban a jugar a sus equipos cuando correspondía, y yo no tenía equipo. Así que, como no pude apuntarme a fútbol, y el deporte forma parte de mi vida, me apunté a tenis. Un día, en un torneo, vi a unas chicas jugando a fútbol y me uní a ellas. Todo empezó ahí, con un equipo de fútbol sala de Fuenlabrada que creamos un grupo de amigas y que fuimos haciendo ascender de divisiones hasta llevarlo a Primera División. Digamos que de un equipo de barrio, salió un equipo profesional de máxima categoría.
P.: Llegaste a jugar en la Selección Española de Fútbol Sala, ¿no?
R.: Sí. Jugué en la Selección casi 10 años y fue una etapa muy bonita que, con el tiempo, me ha abierto muchas puertas, por ejemplo, estar ahora en el Consejo Superior de Deportes (CSD). Entre tanto, jugué en varios equipos, pero siempre de la Comunidad de Madrid. Tuve claro que no me quería ir fuera, aunque tuve ofertas para jugar en Rusia e Italia.
«Fuera de mi barrio y de mi grupo de amigos era la ‘bicho raro’, la ‘marimacho’ que jugaba al fútbol».
P.: ¿Por qué?
R.: Prioricé mi formación. Tenía claro que el fútbol profesional no me iba a proporcionar una estabilidad económica en el futuro. Acerté. Hice Magisterio y Ciencias Físicas y del Deporte. Aprobé en 2009 unas oposiciones para dar clase y fui maestra en varios colegios de Móstoles y Fuenlabrada durante cinco años, hasta que en el CSD buscaban un perfil como el mío, funcionaria, con experiencia deportiva de alto nivel y formada para llevar un departamento que, por entonces, estaban creando. Me presenté y después de un proceso, conseguí el puesto de directora de Programas de Mujer y Deporte.
P.: Tal y como lo cuentas, Natalia, parece que fue fácil ese periplo.
R.: Para nada. Igual que te digo que en mi barrio, con mis amigos, yo era una más, en el barrio de al lado era la ‘chica’ y, si me apuras, ‘la marimacho’. Luego, entre el resto de amigas, yo era el bicho raro que jugaba al fútbol y, fuera de mi entorno, llamaba la atención. Y, como te digo, como chica, no tenía equipo en el que jugar. En ese sentido, las cosas ahora son distintas, afortunadamente, porque hay niñas jugando en el Atleti, por ejemplo. Pero hasta llegar ahí, muchas jugadoras y deportistas han trabajado en favor de esto. Te diré que yo he tenido compañeras que escondían la ropa cuando salían de casa.

P.: De ahí, la importancia de las deportistas referentes y del fomento del deporte base.
R.: Absolutamente. Aunque se podría hacer más. Es verdad que cuesta más trabajo formar equipos femeninos, pero por eso, hay que insistir con las administraciones. Que entiendan que los campos de fútbol, por ejemplo, tienen que repartir sus horarios de forma equitativa y con un criterio de igualdad y no dejar a las chicas las horas que quedan libres. En definitiva, debemos dejar de hacer lo que llevamos haciendo 20 años. Sobre todo, ahora, que las chicas tienen referentes y son más jugando al fútbol que antes. Y si hablamos de referentes, solo hay que ver a las futbolistas que estaban en la Selección Española hace 30 años. No tenían a una sola mujer en la que fijarse. Y eso que siempre hemos tenido grandes éxitos en el deporte femenino, porque no había ni un medio, ni un lugar en el que contarlos.
P.: Una posibilidad sería, quizá, los equipos mixtos o eliminar categorías.
R.: Creo que debemos plantearnos primero cuál sería nuestro objetivo. Si lo que queremos en un deporte de competición o de ocio y diversión. Si es ocio, no veo ningún problema en ello. Pero si lo que buscamos es un deporte de competición la competición, la cosa cambia. La competición tiene que hacerse en igualdad de condiciones, por tanto, es necesario la separación por categorías para competir en igualad. Podemos crear medidas o modificar las reglas para que sea más inclusivo, desde luego, pero teniendo claro el objetivo del que hablaba antes.
«Las mujeres han obtenido grandes logros deportivos pero no hemos tenido un lugar donde contarlos».
P.: ¿Forma parte de tu labor en el CSD este tipo de cosas?
R.: Entre otras, porque mi trabajo es un saco sin fondo, pero muy bonito. Me dedico a gestionar subvenciones para que las federaciones nacionales creen y financien proyectos de mujer y deporte. En definitiva, visibilizar el deporte femenino y potenciarlo para que haya más árbitras, más entrenadoras, más gestoras deportivas. Tenemos un programa excepcional a partir del cual captamos fondos de empresas privadas para el deporte femenino. A cambio, las empresas reciben un incentivo fiscal muy interesante porque recuperan cerca del 90% de lo aportado. Se llama ‘Universo Mujer’. Coca Cola, Iberdrola y otras forman parte del programa. Vamos por la edición número tres y, si los políticos tienen a bien aprobar nuevos presupuestos generales pronto, habrá una cuarta. Si no, lo sacaremos de donde haga falta. En todo este tiempo, se han gestionado 20 millones de euros que han servido para apoyar a más de 30 federaciones deportivas nacionales para la formación, visibilidad, investigación y competición de las mujeres en el deporte.
P.: ¿Tan poco rentable somos las mujeres que hay detrás para que se invierta en nosotras?
R.: Yo daría la vuelta a la pregunta, porque lo que creo es que no sabemos rentabilizarnos. Soy de la opinión de que dentro del mundo del marketing, el deporte femenino es un nicho de mercado increíble del que se puede sacar una gran productividad.
P.: Quizá en el fútbol, ahora, con este subidón, sería el momento, pero qué me dices de los deportes minoritarios.
R.: A nosotros nos gusta hablar más de deportes emergentes. Pero sí, también. Aunque te pongo un ejemplo. Carolina Marín ha dado una visibilidad la bádminton como nunca se pensó. Y es muy conocida en España, es verdad. Pero, Carolina, por ejemplo, en los países asiáticos no puede salir a la calle, porque es un fenómeno de masas, al mismo nivel de futbolistas famosos aquí. La pregunta es si lo que valoramos de los deportistas es que sea famoso o sus éxitos deportivos, es decir, que sea noticia lo que hace más que lo que consigue. Por eso, creo también que a los medios de comunicación públicos debemos instarles a que primen los logros en su información y que cuenten las hazañas de nuestras deportistas. Si conseguimos esto, estoy segura de que los medios privados irán detrás y se generará demanda sobre este tipo de información.
«Hay que revisar el trato que se dispensa a las jugadoras en la alta competición».
P.: Y no la que se ha generado con el beso no consentido de Rubiales a Jenny Hermoso. Desde luego, un antes y un después.
R.: Absolutamente. No solo a nivel social sino también sobre el trato que se dispensa a las deportistas dentro de la alta competición. Situaciones desagradables siempre han existido en el mundo del deporte, la diferencia es que esta actitud fue televisada y vista por millones de personas. En España, mediáticamente, ha sido muy importante, pero a nivel mundial, todavía más. En torno a este caso se ha generado el movimiento #seacabó de miles de deportistas. Y creo que ese ‘alzar la voz’ debe seguir existiendo en todos los ámbitos para cambiar lo que no creemos que no está bien.
P.: Por último, Natalia, ¿qué futuro esperas o deseas?
R.: Pues mira, me encantaría que mi dirección no tuviese sentido y que se integrara en el resto de direcciones del CSD. Eso querría decir que ya hemos alcanzado la igualdad.
P.: ¿Lo ves posible?
R.: Sí, creo que es posible, lo que pasa es que va más lento de lo que a mí me gustaría. Pero si echo la vista atrás, creo que hemos mejorado y evolucionado bastante.
P.: ¿Sin lugar al retroceso?
R.: Si te refieres a toda la confrontación que estamos viviendo, opino que es más el miedo de las personas que ejercen esa confrontación porque temen perder poder que al retroceso en sí. Creo que hay personas que sienten que los privilegios que tenían se están tambaleando. También te digo, yo no creo que una mujer tenga que llegar a un lugar por el hecho de ser mujer, lo que quiero son igualdad de oportunidades y de condiciones, no regalos.
P.: Nos quedamos con ese mensaje de esperanza, Natalia. Muchas gracias.
R.: A ti.
