Mar Villamiel (56) es una rara avis por ser de las escasas mujeres en ocupar un puesto directivo en el ámbito de la investigación científica en España. Es, desde 2021, la directora del Instituto de Investigación de Ciencias de la Alimentación (CIAL-CSIC), y acaba de renovar su mandato por otros cuatro años más. Llegar hasta ahí no ha sido fácil, sobre todo, porque Mar pertenece a una generación de mujeres a las que se les ha penalizado tener una vocación.
Con el tiempo y la experiencia, Mar ha logrado llegar y mantenerse en un trabajo sin horario tasado en el que la investigación marca su propio ritmo. Esta doctora en Farmacia por la Universidad Complutense, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y autora de más de 150 publicaciones, habla para ‘Ellas’ el mismo día que se conmemora el Día Mundial de la Mujer de la Niña en la Ciencia, sobre la importancia de fomentar la presencia de científicas en nuestra sociedad.

PREGUNTA: Mar, ¿qué cualidades aporta la figura de la mujer a la investigación?
RESPUESTA: Principalmente, sosiego y más capacidad de reflexión y de interrelacionar los problemas. Somos muy ejecutivas, nos gusta analizar los obstáculos y resolverlos, que no se queden dormidos. Por eso creo que nuestra figura es absolutamente necesaria y complementaria a la del hombre en el ámbito científico e investigador. Aquí, en el CIAL, por ejemplo, entre el equipo directivo que está formado por mujeres lo hablamos mucho y llegamos a la conclusión de que, definitivamente, somos más empáticas y escuchamos mejor.
Las mujeres aportamos a la Ciencia sosiego, más capacidad de reflexión y resolución.
P.: Ser nosotras mismas, ¿es lo que aportamos?
R.: Sí. Efectivamente. Yo no quiero masculinizarme. Yo quiero ser mujer con todos mis defectos y mis virtudes y con mi propia idiosincrasia. Es verdad que llevamos menos tiempo en puestos de gestión y hemos tenido a los hombres como referentes, pero necesitamos ser nosotras mismas. Estoy convencida de que para que esto funcione los hombres tienen que ser hombres y nosotras tenemos que ser mujeres. Ni tenemos que imitarles ni tenemos que avergonzarnos de lo que aportamos. Tenemos que luchar para estar en los puestos de gestión por méritos propios, sin que nadie nos regale nada por el hecho de ser mujer.

P.: Entonces, ¿dónde queda el principio de ‘discriminación positiva’?
R.: Yo creo que es importante mantener la meritocracia, pero en el caso de la mujer científica, no se ha cumplido. Por eso, mientras se llega a eso de una forma general, hay que mirar hacia las mujeres para que puedan tener las mismas oportunidades. Digamos que esa ‘discriminación positiva’ es una etapa de transición necesaria.
P.: Que las mujeres investigadoras de tu generación ni se planteaban.
R.: En absoluto. Yo tengo dos hijos y cuando eran pequeños no existía la posibilidad de que mi marido se encargara de ellos también. Lo tuve que hacer yo porque no tenía opción. Recuerdo la sensación de no estar haciendo nada bien, ni en mi trabajo ni con mis hijos. A pesar de ello, me siento muy feliz de haber podido dedicar ese tiempo a mis hijos y no me importa que durante esa etapa, mi carrera científica se haya visto mermada. También es verdad que una vez crecieron, he podido recuperar ese tiempo gracias al apoyo familiar. Eso me ha permitido comprometerme cada vez más en la investigación y en la gestión del Instituto.
Recuerdo la sensación de no estar haciendo nada bien, ni en mi trabajo ni con mis hijos.
P.: ¿Cuál es el porcentaje de mujeres en el ámbito de la Tecnología de los Alimentos?
R.: En el caso del CIAL y en el área de los alimentos en general, hablamos de que la presencia femenina es de un 70-30% a favor de las mujeres.
P.: Pero esto no es lo habitual, ¿no?
R.: No, pero en el caso de la Tecnología de los Alimentos hay una trayectoria de mujeres científicas pioneras desde los años 70, que se han convertido en referentes para muchas de nosotras. Se me vienen a la cabeza nombres como los de las químicas e investigadoras Concepción Llaguno o Dolores Cabezudo. Esta última fue alumna de la primera. Ambas ocuparon posiciones muy relevantes, no solo en la investigación, sino también a nivel de gestión. Ambas se dedicaron en cuerpo y alma a su trabajo.
Hay que fomentar los planes de estudio enfocados a mostrar a las niñas el beneficios de la Ciencia para la sociedad.
P.: ¿Esa es una forma de atraer mujeres a la Ciencia, con más mujeres en ella?
R.: Desde luego. Esas dos científicas fueron el germen de muchas otras científicas que han venido después, de que muchas mujeres se hayan enamorado de la Tecnología de los Alimentos y de que hayan seguido una carrera exitosa. Esto hay que potenciarlo desde los colegios con planes de estudio enfocados a mostrar a las niñas el beneficio de la Ciencia para la sociedad. Y, desde nuestro ámbito, alentar a las investigadoras para que acudan a charlas y seminarios en los centros educativos. Creo que es la forma de eliminar los estereotipos en la Ciencia.
P.: En este sentido, ¿cómo ves el futuro de la Ciencia?
R.: Yo confío en que todas las medidas que estamos tomando actualmente en el CIAL, como la creación de los comités de igualdad sirvan para lograr cambios. Sin olvidar que debemos seguir implementando medidas para retener el talento que tenemos, que es mucho y de muy buena calidad, y de traer de vuelta el que está fuera.
