mujeres gitanas
Manuel Mayoral es mediadora intercultural y presidenta de la Federación Red Artemisa.

Manuela Mayoral (50) supo a qué quería dedicarse tras formarse en 2006 como mediadora intercultural para la comunidad gitana. No lo tenía nada fácil, porque por entonces sus dos hijos eran pequeños y, de niña, sus padres le sacaron del colegio con 11 años, así que carecía de estudios. Sin embargo, ninguna de las dos circunstancias fueron un obstáculo y con el apoyo de su marido, se lanzó a lo que hoy es una vida dedicada a empoderar, formar y reivindicar el lugar que le corresponde a la mujer gitana y, por ende, a su cultura.

Por todo, la presidenta de la Federación Red Artemisa desde 2019 y coordinadora de la Asociación Barró de la Cañada Real se siente orgullosa de lo conseguido para las mujeres de su comunidad; de formar parte del primer grupo de mujeres gitanas que, en su día, abrieron camino a las demás, y de haberse convertido en un referente.

Manuela red artemisa
Manuel Mayoral es mediadora intercultural y presidenta de la Federación Red Artemisa.

Durante su gestión al frente de la Federación, la Red Artemisa ha formado a 73 mediadoras y mediadores, de los cuales, 24 mujeres y 4 hombres están insertadas laboralmente. Además, todas las mediadoras se han sacado el Graduado Escolar y la ESO a raíz de formarse en mediación. Algunas, incluso, han prolongado sus estudios para obtener títulos medios y superiores.

Aun así, Manuela no se conforma y deja claro en esta entrevista para ELLAS que queda muchísimo por hacer para lograr la inclusión, romper estereotipos y seguir ganando espacios para las mujeres gitanas.

PREGUNTA: Hola, Manuela. ¿Qué te impulsó al activismo social en pro de la comunidad gitana?

RESPUESTA: A mí no se me dio la oportunidad de estudiar en su momento porque mis padres me sacaron del colegio con 11 años. Más tarde me casé, tuve hijos y siendo mi hija pequeña, se me presentó una oportunidad de formarme en mediación. Y no la perdí. Esa oportunidad la hice mía y tras la formación, la Consejería de Educación me propuso trabajar como mediadora intercultural en centros educativos y lo acepté. Ese fue mi comienzo y la forma de trabajar con la población gitana para que otras niñas no pasen por lo mismo que yo o por otras desigualdades como el acceso a la vivienda o la discriminación. Por lo menos, tratar de paliar esas situaciones que suponen un agravante para las familias.

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Imagen de uno de los cursos de mediación impartidos por la Federación Red Artemisa. Foto: Red Artemisa.

P.: Entiendo que cuando empezaste a desempeñarte como mediadora, tu día a día cambió. ¿Contaste con apoyo?

R.: Sí, de mi marido. Cuando empecé el curso de mediación mi hija mayor tenía ocho años y el pequeño, dos. Yo salía de casa a las 6 de la mañana, así que él se tenía que encargar de todo lo que yo me había encargado hasta ese momento. El reparto de tareas fue fundamental porque yo quería seguir desarrollándome, ver otras cosas y estudiar y tuve su apoyo para hacerlo.

P.: Tu caso no debería ser una excepción, sino una generalidad en toda la sociedad. ¿Cuáles son los problemas a los que se enfrenta la mujer gitana?

R.: Las mujeres gitanas se enfrentan a muchos problemas por una doble discriminación, por ser mujer y por ser gitana, sobre todo cuando salen a otros espacios como las escuelas, los centros de salud o centros comerciales, por citar algunos. Esa discriminación persiste en el acceso al alquiler de una vivienda, porque ser gitana acarrea una serie de estereotipos y prejuicios históricos sobre el rechazo a lo marginal, por el gran desconocimiento que existe sobre nuestra cultura.

P.: Hablemos, pues, en positivo. ¿Qué pueden aportar y aportan las mujeres gitanas?

R.: Históricamente, han sido y son mujeres valientes a las que no les ha quedado más remedio que defenderse y resistir, precisamente, por esos estereotipos negativos. Y hay que tener ellas son las transmisoras de todos los valores sociales de nuestra cultura, desde la escucha y la resiliencia. Por cierto, son aportes que se ven poco hoy en día en toda la sociedad. Además, dentro de la comunidad gitana la mujer siempre ha sido una figura de mediación para resolver conflictos en la familia o en la comunidad.

P.: ¿Y desde ahí trabajáis en la Federación?

R.: Sí. En el año 2000 surgió la necesidad de trabajar con el pueblo gitano y, específicamente, con las mujeres gitanas utilizando la mediación como metodología directa. Para eso, la labor de la Federación se centró en impulsar la formación de mujeres líderes naturales de su zona, de su territorio y, a partir de ahí, insertarlas laboralmente. De esta manera, hay un equipo de mujeres gitanas que intervienen en diferentes distritos de la Comunidad de Madrid con la población gitana y no gitana, con las que intermedian, acercan culturas y diluyen tensiones para prevenir el conflicto. Al final, lo que hacen es romper estereotipos a través del diálogo, la comprensión y la empatía.

P.: Este año, el Consejo de Ministros ha declarado 2025 como Año del Pueblo Gitano. ¿Qué supone esto para la comunidad gitana y, en particular, para la mujer?

R.: Los gitanos llevamos 600 años en España y, sin embargo, somos los grandes desconocidos y la minoría más discriminada por la sociedad mayoritaria. Hay estudios que lo confirman. Por eso, esta declaración nos sirve como reivindicación de la gran deuda histórica que hay con el pueblo gitano. Debemos recordar que en esos 600 años se promulgaron leyes en contra del pueblo gitano, como la Gran Redada, por ejemplo. Tampoco figuramos en los libros de texto, ni en la Historia, ni en las universidades. Por tanto, creo que es momento de que gitanas y gitanos tengamos un papel relevante para exigir políticas reales, en las que nos tenga en cuenta en todos los espacios

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Imagen del pasado 8 de Marzo de las mujeres de Red Artemisa. FOTO: Red Artemisa

P.: Hace unos días celebramos el Día Internacional de la Mujer y marzo sigue siendo un mes de conmemoraciones. Como mujeres gitanas, ¿qué les decís a los hombres gitanos?

R.: Creo que la visión que hay de los hombres gitanos desde fuera es que todos son machistas. Y, sí, claro que los hay, pero no es una generalidad, porque entre los hombres gitanos hay una gran diversidad y pluralidad, como la hay en la sociedad mayoritaria. El machismo no es exclusivo del hombre de la cultura gitana. Efectivamente, como hombres están a gusto en su posición, pero para eso estamos las mediadoras, para trabajar con ellos también y que se desarrollen en igualdad. Y vuelvo al principio. Tengo amigas no gitanas con cuyos maridos tienen que hacer un trabajo mayor que el que he hecho yo con el mío.

P.: Estos avances son gratificantes, Manuela, pero ¿qué te parece hacer un balance de los logros?

R.: Las mujeres gitanas hemos logrado espacios de participación en los que hay que seguir trabajando para no quedarnos atrás y que no se nos invisibilice. Al revés. Queremos tener nuestra propia voz y nuestro voto en los movimientos de participación como el 25N y el 8M, porque creo que es ahí donde se toman las decisiones. Creo que vamos por buen camino. De ahí la importancia de nuestra red de mediadoras, porque ellas trabajan codo con codo con todos los profesionales de cada ámbito y con las participantes. Ellas son las grandes impulsoras de que esa participación siga existiendo. En la Red hemos ido creciendo en proyectos, en gestión, en visibilidad, en la ocupación de espacios públicos y en número de mediadoras. Y eso hace que abarquemos más población y que las mujeres se vayan empoderando cada vez más.

P.: ¿Te sientes mujer referente, Manuela?

R.: Sí, porque cuando yo empecé junto a un grupo pequeño de cinco o seis mujeres fuimos la primera promoción de mediadoras de la Red Artemisa. Nos costó mucho abrir camino, porque, por un lado, parecía que dejábamos de ser gitanas por formarnos, y a la vez, teníamos que romper con estereotipos de fuera. Y hablo, no solo de fuera de nuestra comunidad, si no fuera de Madrid e, incluso, fuera de España cuando acudíamos a jornadas de formación y encuentros. Fue muy duro, pero sabíamos muy bien lo que queríamos, y cuando demostramos que seguíamos siendo gitanas y que defendíamos nuestra cultura con mayor formación, nuestra comunidad lo aceptó y dejamos de ser mujeres estereotipadas en la mayoritaria. Por eso me siento referente de otras a las que les hemos allanado el camino.