Parecía cosa del pasado el no tener consensuada la terminología adecuada para referirse a la violencia de género y sus consecuencias. Cuando en diciembre de 2011, el por entonces Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno de José María Aznar empleó en un comunicado la expresión “violencia en el entorno familiar” para referirse a la muerte de una mujer de 33 años a manos de su pareja —una de las 62 que se produjeron ese año—, todas las alarmas comenzaron a sonar. ¿Si es machista, por qué ese empeño por minimizar esta violencia a través del lenguaje?
La respuesta era obvia y todavía los es: por cuestiones puramente ideológicas de quienes niegan que las mujeres son víctimas de violencias por, simplemente, nacer mujeres. Ana Mato, que era responsable de aquel Ministerio, tuvo que dar más de dos explicaciones, y la presión social que encabezó el movimiento feminista consiguió poner las cosas en su sitio.
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