Durante años aprendieron a camuflarse. Se escondían y observaban antes de hablar. Ensayaban respuestas sociales para no desentonar sin entender el por qué. Muchas recibieron el diagnóstico de trastorno del espectro del autismo (TEA) sin discapacidad intelectual pasados los 30, 40 o incluso 50 años. Ahora han decidido dejar de enmascararse también en el espacio público.
Para ello, la Confederación Asperger España ha impulsado el Observatorio de la Mujer Asperger. Se trata de una iniciativa que busca visibilizar la realidad específica de las mujeres con TEA sin discapacidad intelectual y convertir sus vivencias en propuestas concretas ante las instituciones.

El anuncio lo han hecho en encuentro organizado junto a Autismo España, coincidiendo con el Día Internacional del Síndrome de Asperger.
Basta de invisibilidad
“Durante muchos años hemos permanecido invisibles”, explicó Eva García, integrante de la junta directiva de la Confederación quien describió la invisibilidad como “enmascaramiento”. Es decir, como una estrategia de adaptación constante que ha llevado a generaciones de mujeres a ocultar o compensar sus dificultades sociales. El resultado ha sido un diagnóstico tardío y una larga trayectoria de incomprensión, con impacto directo en la autoestima y la salud emocional.
Eso, desde el punto de vista general. Desde lo concreto, la reivindicación va más allá del reconocimiento simbólico. El colectivo exige que se reconozca la discapacidad psicosocial para las personas con TEA sin discapacidad intelectual, por que, denuncian, el diagnóstico clínico no siempre conlleva un reconocimiento administrativo de discapacidad.
Como consecuencia, quedan limitados los accesos a los apoyos, a las adaptaciones y a los derechos. De ahí que, sin ese encaje legal, muchas quedan en tierra de nadie sin medidas específicas en educación, empleo o acceso a la función pública, por ejemplo, en las oposiciones. En ellas, dicen desde la Confederación, «nuestras dificultades no se entienden ni se tienen en cuenta en los procesos selectivos”.
Las mujeres con Asperger sin discapacidad intelectual denuncian quedarse fuera de recursos, apoyos y adaptaciones necesarias para una inclusión completa en la sociedad.
Ser mujer y TEA, doble estigma
A todo lo anterior, hay que añadir la dimensión de género como rasgo que atraviesa toda la iniciativa para sacar a las luz a las mujeres Asperger. De hecho, por ser mujeres y por tener discapacidad son el doble de vulnerables ante la violencia machista, según reiteran organismos especializados en igualdad y discapacidad.
En el caso de las mujeres con Asperger, la falta de diagnóstico temprano, la tendencia a confiar y la dificultad para interpretar determinadas dinámicas sociales pueden aumentar el riesgo. En este sentido, García advirtió de que muchas mujeres Asperger «hemos padecido violencia porque no hemos sabido entender las situaciones”.
De ahí que el Observatorio nazca precisamente para poner nombre a esas experiencias compartidas, analizarlas colectivamente y trasladarlas a las administraciones con propuestas de prevención y protección eficaces. El objetivo es pues, convertir la vivencia en conocimiento y el conocimiento en política pública.
