Si nos atenemos a los resultados de la primera encuesta realizada por la organización ‘Intermón Oxfam’ sobre la percepción de la desigualdad en nuestro país, podemos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que las mujeres seguimos siendo las grandes perjudicadas.
Esta conclusión se recoge en el informe ‘Vivir la Desigualdad’ que la ONG ha elaborado a partir de la realización de 4.102 entrevistas en toda España, a personas de 16 años en adelante para centrar la situación de los cuidados.

Lo que los datos revelan es una persistencia de la desigualdad entre mujeres y hombres que aprecian ellas más que ellos. Así, el 41,2% de las mujeres encuestadas señala que las desigualdades de género son muy altas, frente al 28,2% de los hombres. De ahí que solo el 23,5% de los hombres considere muy desigual el reparto de tareas domésticas, frente al 36,7% de las mujeres.
El hogar, ‘la segunda oficina’ para las mujeres
Estos datos sobre la percepción de los cuidados encajan perfectamente con las cifras reveladas en el informe. Esto es: apenas el 6% de los hombres se encarga habitualmente de la crianza de los hijos. Mientras, ese cuidado o el de los familiares dependientes recae en el 73,6% de las mujeres.
Más allá de números, el estudio desvela también que el hogar sigue siendo ‘la segunda oficina’ de las mujeres. Un colectivo que realiza jornadas que nunca acaban. Por poner un ejemplo visual sobre este aspecto: casi el 60% de las mujeres de 35 a 44 años se ocupa siempre o casi siempre de la colada.


Sin embargo, esta labor solo ocupa al 16,3% de los hombres. De ellos, apenas el 0,5% se dedica exclusivamente al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados.
En definitiva, la mitad de las mujeres de todas las edades siguen ocupándose ellas solas de las tareas del hogar y solo es así en el caso 15% de los hombres. Claro que si hay hijos o familiares dependientes, para ellas la situación va a peor.
Apenas el 0,5% de los hombres se dedica exclusivamente al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados.
Ser madre, penaliza
Que las mujeres se han incorporado al mercado laboral es un dato indiscutible. Sin embargo, lo que es un avance se convierte en un retroceso silencioso a la hora de la maternidad.
Lo es, porque a día de hoy, siguen siendo ellas las que organizan sus horarios laborales renunciando a sus carreras profesionales en pro del cuidado de los hijos o de familiares dependientes. La decisión intermedia pasa por elegir ‘obligadamente’ la jornada parcial, lo que provoca a futuro menor cuantía económica en las pensiones y mayor precariedad en la vejez.

Los datos del informe de Intermón Oxtam sobre esta cuestión corroboran la literatura anterior: el 75% de trabajadores a tiempo parcial son mujeres. Por tanto, teniendo en cuenta el dato anterior y que la reducción de jornada o la jornada parcial tienen asociadas una reducción del sueldo, se entiende que el 82,6% de los hombres encuestados haya declarado ser el principal sustentador económico del hogar, frente al 48,3% de las mujeres.
La precarización de las cuidadoras
El informe ‘Vivir la desigualdad’ también evidencia cómo el trabajo de cuidados se soluciona, también, entre mujeres. De hecho, las familias que pueden permitírselo contratan a trabajadoras del hogar para aliviar la carga, haciendo surgir otro problema: la precarización de las empleadas domésticas, muchas de ellas migrantes.

España es el país de la UE con mayor proporción de trabajadoras del hogar (88%. De ello se desprende que la carga de cuidados no desaparece, sino que se traslada de unas mujeres a otras. Sin derechos laborales justos –en España las empleadas del hogar ganan un 30% menos– esta situación perpetúa la desigualdad.
Por contra, los hombres ocupan el 78% de los empleos en sectores industriales, tecnológicos y de construcción, que tienen mejores salarios y mayor prestigio están mayoritariamente ocupados por hombres.
Conclusión: el trabajo de cuidados sostiene el mundo, pero no cuenta
A pesar de ser indispensable, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado sigue invisibilizado en la economía. En España, las mujeres asumen la mayoría de estas tareas, lo que limita su tiempo para el empleo y el ocio. Esta desigualdad perpetúa la precarización femenina y frena su autonomía.
El panorama, pues, deja hueco para que los hombres infravaloran el trabajo de cuidados y minimicen la desigualdad, tal y como revela el informe.
Así, el 18,7% de los hombres de 45 a 54 años y un 17,7% de los hombres jóvenes de 16 a 24 años creen que la desigualdad de género no existe o es mínima. Además, la percepción de desigualdad disminuye entre los hombres con mayor nivel educativo. Esto sugiere que el mérito personal es una narrativa que justifica la desigualdad estructural.
