La renuncia al cargo en el día de ayer del hasta ahora Director Adjunto Operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González, se produce en el marco de una investigación judicial muy concreta sobre la denuncia que ha interpuesto una subordinada por presunta agresión sexual, coacciones y lesiones psíquicas.
A todo ello se añade “abuso de superioridad” institucional. Un matiz que figura expresamente en la querella admitida a trámite por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 8 de Madrid.
El texto al que ha tenido acceso laSexta y otros medios reconstruye con detalle y con pruebas aportadas por la víctima el momento de los hechos. Pero también, la dinámica de acoso posterior que la denunciante atribuye al ex alto mando policial.

Se negó a mantener relaciones sexuales
Según la querella —que incorpora un audio de la presunta agresión, listados de llamadas y mensajes, así como informes médicos y psicológicos— los hechos se remontan al 23 de abril de 2025 en una vivienda oficial del Ministerio del Interior.
La denunciante describe cómo, tras ser requerida para acudir a ese domicilio en un coche oficial, el DAO le habría invitado a subir a la vivienda oficial que ocupaba el mando. Ella expresó repetidamente su incomodidad y su deseo de marcharse y regresar a su puesto de trabajo, negándose de forma “verbal, expresa y reiterada” a mantener relaciones sexuales.
Según la denuncia, el DAO insistió a la víctima en realizar «actos de naturaleza sexual» empleando exabruptos.
Según los hechos relatados por la denunciante, pese a esas negativas claras, González habría impedido que la víctima se marchara “con exabruptos” y habría insistido en actos de naturaleza sexual.
El escrito afirma que la presión escaló hasta que él, según la acusación, llegó a sujetarla, bajarle el pantalón sin consentimiento e introducirle los dedos en la vagina. Mientras, con la otra mano, manipulaba la mano de la víctima hacia su propio miembro.
En ese contexto, el querellado habría pronunciado expresiones como “oye, que soy el DAO”, algo que, en la valoración de la acusación, habría incrementado la intimidación ambiental.
17 mensajes con insultos
Tras conseguir zafarse y abandonar la vivienda, la mujer policial volvió a su domicilio. Ese mismo día, el exDAO la llamó hasta 17 veces y, ante la falta de respuesta, comenzó a enviarle mensajes intimidatorios con expresiones de contenido manipulativo, minimizador y culpabilizador, según recoge el auto. Entre ellos, la querella cita mensajes como “estás gilipollas” o “borrica”.
Las comunicaciones no cesaron al día siguiente, y estas se hicieron a través de teléfonos. Por ello, en la querella se asocia este hecho no solo a coacciones sino también al uso indebido de medios públicos.

Además, la querella detalla un episodio en julio en el que, presuntamente, un comisario asesor del DAO intentó condicionar a la víctima con una oferta de compensación laboral. Dicha oferta consistió consistente en elegir un destino o puesto a cambio de su silencio. Ella rechazó categóricamente la propuesta y advirtió que lo sucedido “tendría las consecuencias procedentes”.
Una gran cantidad de pruebas
La acusación se apoya en una batería de pruebas documentales —audios, listados de llamadas y mensajes, así como informes médicos y psicológicos. Todas ellas han llevado al juzgado a dar curso al procedimiento y citar a las partes a declarar el 17 de marzo.
En el relato de la querella subyace la denuncia de una dinámica de dominio y control ejercida a partir de la posición jerárquica de poder del DAO. De acuerdo con la acusación, esto dificultó que la víctima pudiera poner fin a la relación y denunciar sin temor a represalias.
La causa se encuentra en una fase inicial de instrucción, con la práctica de diligencias pendientes. Está pendiente la valoración de las pruebas aportadas por la acusación, sin que ello suponga pronunciamientos sobre la culpabilidad del investigado.
