La estadística que el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha hecho pública vuelve a poner sobre la mesa una tendencia que se consolida año tras año. Las condenas por delitos sexuales no dejan de crecer, y lo hacen a un ritmo muy superior al del resto de la criminalidad.
Mientras el conjunto de condenas a adultos por todo tipo de delitos bajó un 0,2% en 2025, las relacionadas con la libertad sexual se dispararon un 15,1%. En el caso de los menores de edad, el contraste es igual de elocuente. La delincuencia juvenil general cayó un 1,8%, pero las condenas por delitos sexuales entre adolescentes de 14 a 17 años subieron un 6,2%.

Los datos, correspondientes al Registro Central de Delincuentes Sexuales, dibujan un perfil de la condena que sigue siendo abrumadoramente masculino. Es decir, el 97,6% de los adultos sentenciados y el 97,1% de los menores son hombres. En términos absolutos, 4.531 adultos y 584 menores fueron inscritos con sentencia firme por estos delitos durante el año pasado.
Aumento de las agresiones sexuales a menores
Pero el dato que exige una lectura más detenida no es el del número de condenados, sino el de los delitos cometidos, que en el caso de los adultos ascendió a 6.210, un 18,7% más que en 2024. De ellos, 1.461 fueron agresiones sexuales contra menores de 16 años —63 calificadas como violación. Además, 3.146 afectaron a víctimas de 16 años o más, con 131 violaciones.
Es precisamente esta última categoría, la violación a mujeres y niñas de 16 años en adelante, la que registra el mayor incremento porcentual de todo el catálogo. Y lo hace tanto entre adultos como entre menores condenados, donde el patrón se repite con 70 violaciones a menores de 16 años y 31 a partir de esa edad.
La violación a mujeres y niñas de 16 años en adelante, es el delito contra la libertad sexual la que registra el mayor incremento.
Madrid, de las tasas más bajas
La fotografía territorial añade matices relevantes. Ceuta y Melilla concentran las tasas más altas de delitos cometidos por población condenada, tanto adulta (21,3 y 15,1 por cada mil habitantes) como menor de edad. En ambas ciudades autónomas las cifras se disparan hasta 114,8 y 54,6 respectivamente, muy por encima de cualquier otra comunidad.
En el extremo opuesto, Madrid, Castilla-La Mancha y Galicia presentan los valores más bajos entre la población adulta. Además, Madrid vuelve a situarse como la comunidad con menor tasa de infracciones penales cometidas por menores, con 6,9.
Lo que estos números confirman, en definitiva, es que la violencia sexual sigue creciendo como fenómeno delictivo mientras el resto de la criminalidad se estabiliza o retrocede. Un crecimiento que puede achacarse a un machismo estructural en alza, dado que se repite en dos registros distintos —el de adultos y el de menores— y en la categoría más grave, la violación.
