violencia de género
Una de las fotografías de Maricarmen Gómez Uriol antes de su asesinato, con su hijo, y que forma parte del documental 'El peso de la ausencia', premiado en el Festival de Málaga.

Para Alberto Gómez Uriol, director y parte implicada del documental, no ha sido nada fácil hacer ‘El peso de la ausencia’ por muchos motivos. Uno, el económico, porque salvo una parte financiada a través de crowfunding, de la Diputación de Almería, y de la productora Figura Kenética, el grueso ha salido de su bolsillo; y otro, el emocional, el más importante, porque lo que cuenta en él es el asesinato de su hermana Maricarmen a manos de su marido, y cómo aquello fue una apisonadora para toda la familia. Corría el año 1973.

Lo que pasó, pasó hace 52 años cuando Alberto tenía 12, Maricarmen, 23, y ni de lejos había registros sobre violencia machista. Nada era oficial y ellas morían tras caerse por las escaleras. Siendo como era un tema de cada casa, a nadie le dio por averiguar el porqué de tanta torpeza.

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Alberto Gómez Uriol, director del documental ‘El peso de la ausencia’, donde recuerda a su hermana Maricarmen, asesinada por su marido en 1973. Fotos cedida por el director.

De Carmen sí se supo. Fue un año y medio después de casarse por ‘la vía rápida’ que se decía entonces. Era una niña, una cría dulce que perdió toda la inocencia entre paliza y paliza, incluso estando embarazada. Él era policía y le pegó un tiro porque ella obtuvo una sentencia favorable para separarse. Entre ambos, un niño de dos años, Alejandro, que quedó huérfano. Después, el silencio.

Estos son los hechos. Detrás de ellos, hay mucho dolor, muchas vidas rotas para las que este documental ha sido una catarsis, un traer de vuelta a Maricarmen para que su memoria no se olvide jamás.

Con mucha serenidad, Alberto nos lo cuenta por teléfono para ELLAS dos días después de haber recibido una Biznaga de Plata en el Festival de Málaga al mejor documental en el apartado ‘Afirmando los derechos de las mujeres’.

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Alberto y su madre durante una de las entrevistas que aparece en el documental ‘El peso de la ausencia’.

PREGUNTA: ¿Cómo estás, Alberto?

RESPUESTA: Bien. Me ha costado mucho incorporar la historia del asesinato de mi hermana Maricarmen a mi vida cotidiana y aunque el documental ha supuesto un gran esfuerzo por la intensidad, me ha permitido descubrir cosas sobre ella que desconocía. Hace tiempo que quería hacerlo y llevarlo a cabo me ha reconfortado mucho. Sobre todo porque en mi familia se hizo profundo un silencio sobre lo que pasó y es recuerdo se estaba esfumando. Se lo debía a Maricamen, a su hijo y a mí.

P.: ¿Qué cosas, exactamente, has descubierto sobre tu hermana?

R.: Que a pesar de su juventud, Maricarmen fue muy valiente. Preparando el documental pudimos acceder, con muchas dificultades, a la documentación de la causa en el juzgado. Entre los papeles, encontré una carta que la abogada que le llevó la separación le pidió que escribiera para contarlo todo. A mis padres les dijeron que no la leyeran nunca por la crudeza de lo que relataba. Era el año 1972. Maricarmen describía toda la violencia que sufría y, a pesar de lo crudo del relato, se muestra decidida y fuerte para acabar con la relación. Ahí, me pareció una mujer increíble, de gran coraje, y se me desveló una gran mujer a la que todo el mundo consideraba muy dulce.

P.: ‘El peso de la ausencia’ es un título muy rotundo, Alberto, y de tener muy presente a Maricarmen.

R.: Sí. Porque además de Maricarmen, en la cinta se habla de cómo un crimen por violencia de género es una onda expansiva que alcanza a toda la familia. He tratado de hacer ver lo que significa algo así, porque aun hoy, cuando los asesinatos de mujeres salen en las noticias, ocupan un titular pero nada más. Luego se pasa a otra cosa y se olvida. Como si no importaran. Esto siempre me ha llamado mucho la atención. No deja de asombrarme y, la verdad, no veo mucha implicación para cambiarlo. Es como si las mujeres asesinadas por violencia machista fueran víctimas de segunda o de tercera, incluso.

P.: ¿Y qué pasó con Alejandro, tu sobrino?

R.: Cuando el asesino de Maricamen entró en la cárcel, Alejandro tenía dos años. Vivió con nosotros hasta los seis como un hijo y un hermano más. Pero su padre salió en régimen abierto por un indulto que se proclamó tras la muerte de Franco, y reclamó a Alejandro. Tenía 6 años. Durante el primer año no pudimos verle porque por entonces los abuelos no tenían derecho a visitas. Fueron años tremendos para mi familia; no había forma de cerrar el duelo. Alejandro volvió con nosotros a los 14 años y nunca supo lo que había hecho su padre hasta que yo se lo dije cuando cumplió los 18 años. Todo se le desmoronó. Creo que solo pudo empezar a aliviar la carga cuando murió su padre, hace unos cinco años, a pesar de que ya no tenía contacto con él. Ahora lleva el apellido de su madre.

P.: Hay muchas víctimas en un asesinato machista, ¿no?

R.: Sí. La principal, desde luego, mi hermana Maricarmen, y nosotros, colateralmente. La familia fue víctima también de un sistema judicial absolutamente cruel. Los informes psicológicos emitidos desde la cárcel certificaron que este ‘señor’ (duda al decir esa palabra) estaba perfectamente preparado para ejercer una paternidad responsable y que el niño no podía ser víctima. Certificaron que las ‘desavenencias conyugales’ -así denominaron el asesinato de mi hermana- no le afectaban y debía estar con su padre.

P.: ¿Y ahora, después de todo esto, cómo te enfrentas tú a la violencia de género, Alberto?

R.: Rebelándome. Porque pasa el tiempo y pienso en la cantidad de asesinatos que hay, y pienso en las mujeres que están padeciendo diariamente esa violencia en sus casas, como le pasó a mi hermana. Yo tengo una hija de 17 años y me cuenta lo que pasa con la gente de su edad y me entristezco. Hoy, muchos críos tienen una mentalidad machista. Me da mucha pena porque no puedo entender que después de 52 años y del asesinato de mi hermana Maricarmen, estemos así. Está claro que hay que luchar permanentemente y que más hombres de sumen a esta lucha.

P.: He comenzado preguntándote cómo estás tú y me gustaría acabar sabiendo cómo está el resto de tu familia después de haber participado en el documental.

R.: La verdad es que ha sido un poco complicado, pero ha tenido su recompensa. Y sé que a mis hermanos les ha emocionado mucho y les ha reconfortado hacer ‘El peso de la ausencia’. Nuestro problema fue que nos sumergimos en el silencio más absoluto y no teníamos memoria compartida. Ahora sí. Ahora compartimos un espacio en el que reconfortarnos. Ahora mi objetivo es que este documental se vea mucho y en muchos lugares, a través de instituciones y centros educativos. Hace mucha falta que se conozca esta realidad.