La mutilación genital femenina (MGF en sus siglas en inglés) está considerada violencia de género y tiene una definición clara. Son «todos los procedimientos que implican la extirpación parcial o total de los genitales externos femeninos, o cualquier otro daño a los órganos genitales femeninos por motivos no médicos”. Así lo desarrolla la Organización Mundial de la Salud (OMS), organismo que está advirtiendo de que esta práctica sigue siendo una realidad global. Y lo hace, poniendo de manifiesto que hay con nuevos frentes que requieren de una atención urgente.
La llamada de atención coincide con el inicio del mes de noviembre que conmemora la lucha contra la violencia de género el próximo día 25 y con unos datos apabullantes. Más de 230 millones de niñas y mujeres vivas han sido sometidas a esta práctica en los países donde hay datos poblacionales completos.

Estos son, mayoritariamente, en África, Oriente Medio y Asia. Además, de acuerdo con el Programa Conjunto del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), se calcula que cada año unos 4,4 millones de niñas están en riesgo de sufrirla.
Asia Oriental, pero también Europa
La alerta específica se dirige a la región de Asia Oriental y el Pacífico donde viven cerca de 80 millones de víctimas. En ellos, advierte la OMS, uno de cada cuatro casos de MGF se realizó —directa o indirectamente— por personal sanitario, en clínicas o incluso en el propio hogar. Por ello, en su comunicado conjunto, la OMS y la International Federation of Gynecology and Obstetrics (FIGO) han recordado que esa “medicalización” no reduce los daños inherentes y que «la mutilación genital femenina nunca es segura».
Además, la OMS sigue reforzando la idea de que no sólo los contextos tradicionales en origen son relevantes como ocurre con las zonas de riesgo. En lugares, aparentemente libres de MFG, como Europa, por ejemplo, la organización también identifica esta práctica en países de destino o tránsito de personas.

En España, por ejemplo, aunque no se dispone de cifras exactas de casos, organismos como el European Institute for Gender Equality (EIGE) reclaman mantener la vigilancia y reforzar la prevención. Su advertencia se basa en una estimación elaborada en 2018. Según esta, entre el 9% y el 15% estarían en riesgo de sufrir mutilación genital femenina. Los porcentajes se corresponden con las 39.734 niñas menores de 18 años residentes en España, procedentes de países donde la MFG es una práctica habitual. En números absolutos, esa cifra no es nada desdeñable porque estaría entre 3.435 y 6.025 menores.
Además, investigaciones presentadas por la Fundació Wassu de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) alertaron de que en 2021 había 286.343 personas en España con vínculo migratorio de países con práctica de la MGF. De ellas, más de 18.800 eran niñas menores de 14 años, un 4,2 % más que en 2016.
Consecuencias físicas y psicológicas
Con todo, y teniendo en cuenta el alto coste de la MFG, organizaciones como UNICEF son claras a la hora de plantear las nefastas consecuencias de su aplicación en las niñas y cómo estas inciden en varios frentes.

En el corto plazo, las fisiológicas son las más visibles, ya que la mutilación provoca hemorragias, infecciones graves, shock y puede acabar en muerte. A medio y largo plazo, las mujeres pueden enfrentar dolor crónico, problemas urinarios, complicaciones en la menstruación, dificultades sexuales. Pero también en los partos, mayor riesgo de cesárea, de episiotomía, hemorragia post-parto y muerte neonatal.
Son consecuencias catalogadas también por la UNFPA, junto con la ansiedad, la depresión, el estrés postraumático y las alteraciones en la identidad sexual dentro del cuadro de impacto psicológico.
Formación, prohibición y sensibilización
Contra todo esto, el Informe del Secretario General de las Naciones Unidas sobre ‘Intensificación de los esfuerzos mundiales para la eliminación de la mutilación/ablación genital femenina‘, elaborado en nombre de la Plataforma Global de Acción para Poner Fin a la Mutilación/Ablación Genital Femenina se establecen varios puntos clave para acabar con la MGF.
En primer lugar, aboga por la formación de matronas, médicos y enfermeras para que respeten el principio ético de “no hacer daño” y reconozcan que la MGF es un daño grave, nunca un acto médico.
Insisten en el fortalecimiento de los códigos profesionales. También, de leyes que prohíban explícitamente la MGF en todas sus formas, por encima de cualquier justificación cultural o religiosa.
Las organizaciones contra la MGF advierten de que es necesario mejorar la recogida de datos en el mundo para luchar contra la ocultación e incidir en la erradicación.
Consideran imprescindible involucrar en el proceso a las comunidades migrantes como agentes de cambio. Y para ello, es importante sensibilizarlas acerca de los riesgos y de su derecho a una vida libre de mutilación. Por último, reclaman la mejora en la recogida de los datos para elaborar un registro global y visible, ya que la ocultación promueve la práctica.
Por tanto, el compromiso global —reflejando los Objetivos de Desarrollo Sostenible— aspira a erradicar la MGF para 2030. Sin embargo, solo por las estimaciones más recientes UNICEF advierte también de que, al ritmo actual, ese objetivo no se alcanzará.
