Asha Ismail es una de las figuras internacionales que lucha contra la ablación.

Asha Ismail es tranquila, porque toda su fuerza la va empleando en erradicar la práctica de la mutilación genital femenina. No lo tiene fácil. Un informe de 2024 señala que hay en la actualidad 230 millones de mujeres mutiladas.

Las vivas. Las muertas no se contabilizan. Gracias a ella y a otras mujeres valientes se ha ido alzando la voz ante este asuntó tabú, que no solo se da en África, también en Rusia, Yemen, India o EEUU.

La mutilación del clítoris es una agresión brutal hacia la mujer, hacia su sexualidad, desde el control más férreo: la prohibición del placer, el control de la virginidad, el abuso y la violación. Asha es una mujer resiliente, una mujer que en su venganza, encontró el camino.

PREGUNTA: Asha, ¿cuándo empieza tu historia?

RESPUESTA: Mi historia empieza cuando tenía cinco años. Un día viajé con mi madre a ver a mi abuela. Soy de Kenya y vivimos en Garissa, frontera con Somalia, y mi abuela vivía en un pueblo, que también hace frontera. El viaje fue largo, pero tener a mi madre solo para mí era especial. Cuando llegamos estaban mi abuela y otras mujeres y me prestaron mucha atención.

Tras la mutilación, Asha comenzó una lucha en su país para evitarle el sufrimiento a otras niñas y mujeres.
Tras la mutilación, Asha comenzó una lucha en su país para evitarle el sufrimiento a otras niñas y mujeres. Foto: Ilde Sandrin.

‘Es ella’, decían, y yo escuchaba ‘entonces será mañana’. Estaba nerviosa como cuando una niña espera los reyes magos. Al día siguiente desperté a mi madre, me duchó, me puso un vestido corto y me mandaron a una tienda a comprar cuchillas. El tendero de dio dos. Me acuerdo del color, de la marca. Fuimos a la cocina de la casa de mi abuela, que era de barro con techo de paja.

P.: Te acuerdas de todo nítidamente

R.: Nunca se olvida. Fuimos a esa cocina, con el suelo de barro. Allí, estaban mi abuela, mi madre y una señora. Cuando me vieron con las cuchillas, me sujetaron y me quitaron la ropa interior. Mi abuela estaba sentada en el borde de un agujero que excavaron en el suelo. Me abrieron las piernas y me agarraron las manos. Y empezaron a cortar. Me acuerdo del sonido de la cuchilla. Gritaba porque no me salían lagrimas, y no se cuánto tiempo tardaron, quizás poco, pero para mí fue una eternidad.

P.: Eras una niña pequeña, no entenderías nada.

R.: Mi madre daba las instrucciones y cuando terminaron de cortar, con un hilo y una aguja empezaron a coser. Dentro de la mutilación genital femenina hay tres tipos, el que me hicieron a mí se llama Infibulación, el tipo 3.

La historia de Asha forma parte del proyecto 'Supervivientes', puesto en marcha por la periodista Sonia Baños (derecha).
La historia de Asha forma parte del proyecto ‘Supervivientes’, puesto en marcha por la periodista Sonia Baños (derecha). Foto: Ilde Sandrin.

Consiste en cortar clítoris, labios menores, mayores y coser el pellejo dejando un agujero lo más pequeño posible, como la cabeza de una cerilla. Después de esto te ponen hierbas para que no se infecte y te llevan a una habitación. Tienes que estar en un sitio plano para curar y muy quieta, para que no se abriera. Pensaba que al terminar todo, estaría bien.

P.: A partir de ahí, tu vida cambia de forma radical.

R.: Si, ahí es cuando empieza tu pesadilla. Según vas creciendo, las complicaciones aumentan. Llega la regla, las infecciones, aunque en esa zona no sentía nada.

Crecí, lo acepté y aprendí a convivir con ello. A los 14 años, estaba en un Instituto con chicas de otras partes de Kenya. No habían oído nada sobre mutilación genital, así que pensé que era algo de mi comunidad. Hubo un tiempo que llegué a sentirme especial, pero duró poco.

P.: En tu comunidad, se concertaban los matrimonios. Te dieron a un señor de Somalia. ¿Cómo lo viviste?

R.: Fue la otra parte de mi pesadilla. En ese matrimonio no tenía opinión. No sabía qué iba a pasar, y en la noche de bodas, que se hacía en la casa donde íbamos a dormir, mientras la gente bebía, comida y bailaba, ese señor me metió en una habitación porque quería practicar sexo. No pudo. Y eso se anunció por todo lo alto. Todo el mundo lo celebró orgulloso porque habían entregado a una virgen cerrada. Era un honor familiar.

En medio de esa celebración, entró una señora con una cuchilla. Me abrió y él me penetró. Fue una violación mientras que mi gente y su gente celebraban a lo grande. Me violó muchas veces esa noche, con mucho dolor. Me acordé de niñas que se suicidaban en su noche de bodas, se echaban gasolina y se prendían fuego. Esa noche entendí por qué. No me quité la vida, pero ganas no me faltaron.

Asha ha creado, junto a un grupo de mujeres, la asociación ‘Save a Girl, Save a Generation’ para luchar contra la mutilación genital femenina.
Asha ha creado, junto a un grupo de mujeres, la asociación ‘Save a Girl, Save a Generation’ para luchar contra la mutilación genital femenina. Foto: Ilde Sandrin.

P.: ¿Cómo pudiste superar ese trauma?

P.: Entré en un estado de shock. No quería hablar con nadie, ni que me tocaran. Las mujeres de su familia lo entendieron, porque necesitaba tiempo para aceptar. Yo cerraba esa habitación y ponía de todo para que nadie pudiera entrar. La parte que me cortaron volvió a cerrarse parcialmente, porque apenas me movía. No volví a tener nada con él, a pesar de que gritaba y golpeaba la puerta, pero me protegían las señoras.

P.: Asha, tras esas violaciones en la noche de bodas te quedaste embarazada y tuviste una niña. Para ti fue terrible, pero empezó tu venganza.

R.: Sí. Ya no importaba lo que me había pasado, aunque no entendía cómo había tenido una niña en un mundo tan cruel. Era 1989, y recuerdo que la cogí – era preciosa-, y me dije: “Si es mía, yo decido, nadie me la va a tocar”. Y esa sería mi venganza. Odiaba a todo el mundo. Solo quería ya a mi bebé, y ella fue mi lucha.

P.: Empezaste a hablar cuando todo era tabú, a decir que no ibas a cortar a tu hija. Y te escucharon, empezaron a unirse a ti. En esa época, te arriesgaste mucho.

R.: Les decía a las mujeres que si habíamos sufrido tanto nosotras, por qué íbamos a hacérselo a nuestras hijas. Y se unían a mí. Me decían “yo tampoco la voy a cortar”. Era un juramento entre mujeres que los hombres desconocían.

Hasta mi hermana, que era mayor, me apoyó y se puso de mi lado. Lo que empezó siendo algo egoísta, se convirtió en un movimiento silencioso. Cada vez me sentía más fuerte, más libre para hablar sobre ello. Perdí el miedo, y conseguí que me siguieran muchas mujeres de mi comunidad. Y me divorcié.

Asha ayuda a mujeres que han sufrido mutilación además de concienciar a otras mujeres de que no sigan esa práctica. Foto Ilde Sandrín

P.: Cuando te fuiste del pueblo de tu exmarido, volviste a Kenya y empezaste a trabajar en Médicos sin Fronteras. Ahí conociste a tu segundo marido, y se abrió un nuevo mundo.

P.: Él era madrileño y me comprendía, apoyaba y me hizo entender que yo era más que unos genitales. Sentir, amar, querer y que te quieran no dependía de eso. Me enamoré, me casé, adoptó a mi hija, y tuvimos dos hijos más. Viajamos mucho con Médicos sin Fronteras, a Ecuador, Tanzania. En 2001, vinimos a vivir a España. Nos separamos por cosas de la vida, pero siempre tendrá mi respeto y ha contribuido mucho a la mujer que soy.

P.: En España te diste cuenta del desconocimiento que hay sobre la mutilación genital femenina. Tu objetivo fue informar y ayudar. ¿Cómo lo hiciste?

R.: Aprendí español y empecé a trabajar como traductora. Descubrí que llegaban solicitantes de asilo con la mutilación genital hecha, pero que nadie sabía asesorarlas. Así que me preocupé, porque ni los médicos, ni los ginecólogos conocían este tema. Cuando fui a un ginecólogo y me vieron, entraron en shock. Quise explicarles que no era una deformación, pero por entonces no sabía español. No me preguntaron y se me quedó marcado.

P.: Eso fue lo que te llevó a crear la asociación ‘Save a Girl, Save a Generation’. ¿Cuál era tu objetivo?

R.: Creé la asociación en 2007 junto con otras mujeres que les había pasado lo mismo. Queríamos dar a conocer esta problemática.

En España no hay datos, pero hay quienes llevan al país de origen a sus hijas para practicarles la mutilación. En Francia, había un piso donde se practicaba. En Inglaterra, denunciaron a dos dentistas que cortaban a las niñas.

Desde la asociación damos formación a los profesionales que tienen trato con ellas y talleres sobre salud sexual para mujeres con asilo. Intentamos que conozcan cada parte de su cuerpo, por qué es importante para nuestra salud, y luego entramos en la mutilación para que entiendan que es una agresión física y que aquí tienen derechos.

Asha fotografíada por Ilde Sandrin para el proyecto 'Supervivientes'.
Asha fotografíada por Ilde Sandrin para el proyecto ‘Supervivientes’.

Si obligan a una persona a mutilar a una niña en España, va a la cárcel y, desde allí, no puede mandar dinero a su familia de África. Así que se lo hacemos entender y trabajamos su voluntad de no hacerlo. Son herramientas que desconocen. Tampoco entienden la violación en el matrimonio, para ellas es tradición.

P.: El racismo también se cuela al pensar que esto es algo que solo ocurre a mujeres-negras- africanas, y no es así…

P.: Exacto. Hay mucho trabajo por hacer porque no se da sólo en África. Hay 92 países donde esta practica existe. Hay en Georgia, Colombia, Sry Lanka. Se hacía en Inglaterra con niñas que se masturbaban, que tenían histeria o para corregirlas. Es verdad que en África hay 29 pases donde se practica, pero también en la India, Yemen, Rusia, EEUU y muchos otros países.

Las feministas tienen que estar en primera línea y ponerlo en su agenda, porque hace años se contabilizaron 200 millones de mujeres mutiladas. En marzo de 2024, la cifra era de 230 millones. No está bajando el número aunque ahora se habla mucho más sobre ello.

P.: ¿Qué le dices a tus asociadas en las charlas que das?

R.: Que el cambio es posible y lo que nos hace daño no es bueno.

Asha (dcha) junto a su hermana y una amiga (izda) en la presentación de ´Supervivientes´ el pasado 27 de noviembre. Foto: Ilde Sandrín

La entrevista a Asha está incluida dentro del proyecto ‘Supervivientes’ que nuestra editora Social Media Local ha elaborado con el apoyo de la concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Parla. El 27 de noviembre a las 18 horas, se presentó junto con otras historias de Violencia de Género en la Casa de la Juventud Pedro Zerolo.

Periodista. Directora de Noticias para Municipios y miembro de SML