Valero expone su obra hasta el 11 de enero en la Sala Juan Prado de Valdemoro
VALDEMORO/ 5 DE ENERO DE 2020/ Juan Antonio Valero (Talavera de la Reina, 1977) tiene una discapacidad intelectual que no le ha impedido cumplir uno de sus sueños: montar una exposición con cuarenta de sus mejores cuadros en la Sala Juan Prado de Valdemoro, municipio en el que reside y en el que lleva demostrando su talento para la pintura desde hace 30 años.
“Intento ser creativo y aprender siempre cosas nuevas, progresar y mejorar”, explica Valero durante una visita a su exposición, a la que no dejan de entrar visitantes que alaban la excelente técnica de este artista que tiene su particular escuela de Bellas Artes en la Universidad Popular de Valdemoro (UPV), donde comenzó a desarrollar sus capacidades cuando apenas había cumplido los doce años.
Allí, en las clases de pintura y grabado, “siempre me trataron como a uno más, que era lo más lógico”, asegura Valero mientras pasea orgulloso por la sala, señalando los distintos cuadros que la componen, muchos de ellos sellados ya con un punto rojo que indica que la obra ya ha sido adquirida por alguno de los visitantes.
Valero no deja de comentar su obra durante la visita: “Aquella Torre Eiffel es nueva, está ese paisaje sobre el marco… todos salen de mi cabeza, a veces intento ver barcos y luego intento hacerlos de cabeza, como aquellas flores hechas en lejía, también son de mi cabeza, me fijo mucho en cómo son, cómo tienen las líneas y luego las hago con plumas y con pinceles muy finos”.
Reconoce manejarse bien en multitud de técnicas, como el dibujo, las aguadas con lejía sobre fondos de tintas, el carboncillo y los lápices de grafito, los rotuladores estilográficos o los grabados en hueco con buril sobre plástico o metal, aunque sus favoritas por orden de preferencia son “primero la lejía, el segundo el pilot y el tercero el grabado”.
“Exponer en Madrid sería flipante”
“Este verano he pintado diez cuadros con color, me he acostumbrado a eso, a pintar cuando llegue el verano porque, si en algún momento me sale otra exposición, necesito tener trabajos ya preparados”, comenta Valero, quien no se resiste a exhibir su obra fuera de Valdemoro.
Dice que “si en un futuro me dejaran exponer en Madrid, sería flipante, pero tampoco tiene que ser en Madrid, sino en otros pueblos de la comunidad”.
A Valero le gustaría exhibir su obra en la Fundación Mapfre, aunque ya ha cumplido su gran sueño: “Mi ilusión siempre ha sido exponer aquí, porque he visto que a lo largo de los años he ido progresando y mejorando en las técnicas y mi sueño era exponer en la sala Juan Prado”, el pintor valdemoreño por excelencia, que tuvo ocasión de conocer y valorar la obra de Valero.
Este artista valdemoreño, que está apunto de participar en un programa de televisión junto al famoso cocinero Alberto Chicote, tiene palabras para todas aquellas personas que, a pesar de su discapacidad, quieren dar un paso adelante en su desarrollo personal.

“Hay que romper las barreras”
“Que no lo duden, cada uno puede tener una limitación, pero hay que romper las barreras”, les anima Valero, reconociendo que “a mí me ha costado, pero quería demostrar que puedo hacer cualquier cosa”.
Valero veía a su compañeros de clase hacer “cosas alucinantes”, pero “yo quería llegar a más”; gracias a ese tesón, “he visto como a lo largo de los años he ido progresando y mejorando en las técnicas”.
Esa realidad es más que palpable en esta exposición que estará abierta hasta el próximo 11 de enero, en la que destaca su extraordinario respeto por las luces y las sombras y en la que Valero arriesga con dos dibujos contiguos a los que ha dado continuidad, incluso, a través de sus trazos en el propio marco.
Sus paisajes y bodegones de tinta aguada con lejía destacan sobre el resto de su obra, cuajada de matices que no dejan indiferente al espectador: “la lejía le aporta muchas luces, se va diluyendo y va creando muchas tonalidades que no son nunca las mismas”, explica el artista.
El retrato de su tío José
Dos retratos en blanco y negro presiden la muestra, situadas justo en el centro de la sala: es su tío José, fallecido en febrero de 2019, uno de sus mejores consejeros en el arte y en la vida.
“Le gustaba mucho mi obra y si no le gustaba algo me lo decía, era un buen consejero –asegura el pintor, visiblemente emocionado–. Yo le decía que me gustaría llegar a lo más alto y él me decía que es muy difícil, pero nunca dejó de apoyarme, ha sido siempre un gran apoyo”.
Se trata de su primer retrato, y aunque “no lo tenía muy dominado”, el resultado es más que satisfactorio, aunque de las dos versiones, una en pilot y otra en carboncillo, Valero se queda con la segunda, “porque el pilot es más complicado de manejar y no se puede borrar, es permanente”.
Para llegar hasta aquí ha contado siempre con la ayuda de su profesor en la UPV, Sergio Ramos Pecharromán, para quien Valero solo tiene palabras de cariño: “Le quiero mucho, ha sido mi profesor y se ha convertido en uno de mis mejores amigos. Ya son 16 años de amistad y que dure muchos más. Todo esto de querer aprender, eso también me lo ha transmitido él”, dice.
Antes de despedirse, Valero no se resiste a contar cuál es su próximo reto: una exposición de pintura en la que se reflejen las fotografías más antiguas de Valdemoro.
