El Museo Thyssen-Bornemisza ha presentado este martes 15 de marzo su nueva exposición ‘Hiperreal. El arte del trampantojo’, un repaso por este género pictórico, con más de 106 obras que demostrarán qué se trata en este tipo de pintura.

«El trampantojo ha tenido una reputación de arte para bobos, sobre todo en el siglo XIX, era como un género para gente ingenua», ha expresado el director artístico, Guillermo Solana.

El mismo ha asegurado que en la exposición «hay una cierta impresión inicial de caos, pero no hay que dejarse engañar tan fácilmente» y la ha definido como «un caosmos», «una mezcla de caos y orden«.

Esta exposición «da para mucho rato, ya que la mirada del trampantojo tiene que ser muy lenta», señala. «Una de las cosas que nos preguntamos estos días es si no tendremos problemas con el tiempo que la gente va a dedicar a pararse delante de cada cuadro, porque cada cuadro merece una mirada miope acercándose mucho«.

La obra 'Aparejos de cetrería en un nicho', hacia 1660-1670. Washington, National Gallery of Art.
La obra ‘Aparejos de cetrería en un nicho’, hacia 1660-1670. Washington, National Gallery of Art.

SIETE SIGLOS DE TRAMPANTOJOS

‘Hiperreal. El arte del trampantojo’ es una exposición comisariada por la jefa de conservación de pintura antigua del Museo Thyssen, Mar Borobia. Cuenta que en la búsqueda del tema expositivo buscaban un tema atractivo y que se pudiera encontrar en su colección, además de ser algo actual

La exposición comienza en el siglo XV y alcanza el XXI, las obras se han colocado por materias y escenarios, independientemente de su fecha de ejecución. «Es un tema que nos ha permitido reunir siete siglos de historia del arte con un planteamiento transversal«, ha destacado.

Borobia ha revelado que  «lo más dificil» de la exposición ha sido la selección de obras. «Me puse a trabajar en 2018, y hubo momentos tremendos porque empezamos a recopilar imágenes y llegamos a manejar 250 imágenes».

9 SALAS

‘Hiperreal. El arte del trampantojo’ reúne 106 obras divididas en 9 salas. La primera sala, ‘Puesta en escena’, está dedicada al bodegón y la naturaleza muerta, «el género por excelencia del trampantojo», subraya Borobia. Aquí se puede observar obras como ‘Bodegón con uvas y un pájaro’ (1510) de Antonio Leonelli, ‘Bodegón con cuatro racimos de uvas’ (1636) de Juan Fernández o ‘Naturaleza muerta con pájaro’ (1795) de Jean Démontreuil.

La segunda sala que espera al visitante es ‘Figuras, encuadres y límites’, una sala sobre el engaño a través del marco pintado que recoge cuadros como ‘Retrato de un hombre con una sortija’ (1477) de Francesco del Cossa o ‘Retrato de un hombre’ (1500) de Raffaellino del Garbo.

El siguiente lugar de paso es ‘Huecos para curiosos’ en donde se observan representaciones de hornacinas, ventanas o armarios. Le sigue ‘Muros fingidos: tablones y paredes’, convertidos en escenarios para exhibir objetivos que muestran la pericia del pintor, y muestra cuadros como ‘Documentos de la tesorería del Ayuntamiento de Ámsterdam’ (1656) de Cornelis Brisé o ‘Naturaleza muerta con pertrechos de caza’ (1665) de Johannes Leemans.

Trampantojo que se puede ver en la exposición del Thyssen-Bornemisza.
Trampantojo que se puede ver en la exposición del Thyssen-Bornemisza.

Los artistas Samuel Van Hoogstraten, Pierre Gilou, Daniel Seghers o José Perez Ruano se encuentran en las salas ‘Desorden perfecto’, ‘Llamada a los sentidos’ y ‘Renovación americana y su estela’.

«En la sala ‘Renovación americana y su estela’ se produce un cambio de ritmo en la exposición, a partir de este momento empieza a tomar relieve la pintura moderna y la pintura moderna pasa a segundo plano», explica Borobia.

La penúltima sala lleva por nombre ‘Trampantojo moderno’ y es la octava sala de la exhibición, la imaginación de sus autores es sorpresiva, con especial atención a los siglos XX y XXI. Se encuentran obras de Salvador Dalí, César Galicia, Manuel Franquelo o Antonio López.

La despedida de ‘Hiperreal. El arte del trampantojo’ la da una obra del escultor Isidro Blanco, Tren elevado en Brooklyn’ (2022). Según ha señalado Borobia, la obra «tiene el poder evocador» para trasladar al público a una calle de Nueva York. «Isidro trabajó en ella durante dos años, elaboró bastantes maquetas. Le pedimos que tuviera una conexión con el mundo de los graffitis, el mundo que se desarrolla en la calles, y al final ha hecho un puzzle, donde todo encaja perfectamente, de cerca de 200 piezas«.

Periodista en construcción, apasionada de la Historia Antigua y sus civilizaciones posee un blog propio donde escribe sobre ello. El ámbito periodístico que más ha trabajado ha sido la comunicación...

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