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El proyecto REPROCLIM, liderado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y en el que participa el Museo Nacional de Ciencias Naturales, ha detectado cerca de 300 puntos calientes de reptiles protegidos en España, ha informado la universidad en un comunicado.

Sin embargo, no todos los puntos calientes estuvieron expuestos a impactos del cambio global. El estudio contó con el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico a través de la Fundación Biodiversidad.

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El proyecto REPROCLIM está dirigido por Pedro Aragón Carrera, del grupo de investigación de Biología Evolutiva y de la Conservación de la Universidad Complutense en el momento de la concesión y ahora establecido en el Departamento de Biogeografía y Cambio Global del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).

Durante el transcurro del proyecto se incorporó la doctora Rocío Tarjuelo del Instituto Universitario de Investigación en Gestión Forestal Sostenible (Universidad de Valladolid).

Tras casi dos años de ejecución del proyecto se ha analizado el patrón temporal de cambio de clima, producción primaria y de hábitat en los últimos 20 años en lugares de alto valor ecológico respecto a especies de reptiles catalogados con algún grado de vulnerabilidad.

REPROCLIM reveló áreas importantes para su conservación, mayormente en la región mediterránea: Sistema Central, bahía de Cádiz, Parque Nacional de Doñana, Sierra de Grazalema y Parque Natural de los Alcornocales, y la Cordillera Costera y Transversal en Cataluña.

Especies en peligro

Entre las especies en peligro de extinción consideradas destacan la tortuga mediterránea (Testudo hermanni), la lagartija aranesa (Iberolacerta aranica), la lagartija pallaresa (I. aurelioi), la lagartija batueca (I. martinezricai) y el lagarto ágil (Lacerta agilis). Entre las especies vulnerables figuran la tortuga mora (T. graeca), la lagartija de Valverde (Algyroides marchi), la lagartija pirenaica (I. bonnali) y la lagartija leonesa (Iberolacerta galani).

Lagartijas en peligro de extinción.

Sin embargo, este patrón no varió al añadir el resto de especies no protegidas de reptiles, lo cual incrementa el valor ecológico de estos puntos calientes.

La mayoría de estudios examinan los efectos directos (incremento de temperatura) pero no los indirectos (ej. cambios de producción primaria). «Entender el efecto de la temperatura en la producción primaria, la base de la cadena trófica, es complejo porque la producción primaria se ve afectada por otros factores del cambio global como los cambios en usos del suelo.

El objetivo de este proyecto fue identificar puntos calientes de reptiles protegidos donde el patrón temporal de cambio climático, de producción primaria (estimada mediante el índice de vegetación EVI) o de hábitat en los últimos 20 años fue constante. Además, examinamos la relación entre estos factores integrando datos de series temporales de imágenes satelitales y de estaciones meteorológicas», explica Aragón.

Un primer análisis mostró el grado de cobertura de la Red Natura 2000 (la red ecológica europea de áreas de conservación de la biodiversidad) sobre estos puntos calientes de diversidad de reptiles en la península ibérica.

«Hay que resaltar que solamente el 45,5% de los puntos calientes están protegidos en más del 50% de su superficie, y únicamente el 26,4% en más del 80%. También cabe destacar que en la provincia de Huelva hay un número importante de cuadrículas de 100 km2 con puntos calientes con superficie de Red Natura inferior al 10%», ha apuntado Tarjuelo.

Como producto final se elaboró un mapa de riesgo de impactos del cambio climático que permitirá predecir y priorizar dónde focalizar los recursos destinados a futuras estrategias de conservación.

En el 61,3% de estos puntos calientes se detectó un incremento significativo de la temperatura. En el 38% de los puntos calientes se detectó un incremento significativo de la producción primaria. En el 20 % se detectó un incremento significativo tanto de temperatura como de la producción primaria.

Por último, este proyecto también reveló la complejidad inherente a los procesos subyacentes al Cambio Global, ya que los patrones observados a veces pueden reflejar incluso tendencias opuestas dependiendo de si los cambios de hábitat y de clima coinciden localmente o no.

¿Qué se puede hacer?

Las futuras estrategias de conservación se podrán basar en los impactos directos e indirectos del cambio global detectados en ecosistemas de los puntos calientes de biodiversidad (usos del suelo, aumento de la temperatura, y sus efectos en la producción primaria). Además, la metodología de este proyecto desarrollada para especies de reptiles es aplicable a otros grupos taxonómicos.

«Los resultados obtenidos en este proyecto solo representan el principio de una serie de nuevos objetivos que nos planteamos a medio y largo plazo, y que para perseguirlos solicitaremos nueva financiación.

Por ejemplo, con el proyecto REPROCLIM solamente hemos abordado una faceta de la biodiversidad, la taxonómica, pero es crucial entender qué pasa con la biodiversidad funcional y filogenética si queremos desarrollar medidas de conservación que garanticen la funcionalidad de los ecosistemas«, explica el Dr. Pedro Aragón.

Alejandra Perez Navarro

Periodista en construcción, apasionada de la Historia Antigua y sus civilizaciones posee un blog propio donde escribe sobre ello. El ámbito periodístico que más ha trabajado ha sido la comunicación...

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